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"Rockin' Roca"

Iván Velayos
El Buzo en el Purple (Festival Internacional Purple Weekend 2012)

Una de Monstruos

Crudopimiento detail

Echando una cuenta rápida, sobre la cantidad de años que llevo haciendo el “Mongo” con esto del Rock, me salen así como que 24 castañas de idiotez supina. Embarcado en mi particular “Viaje a ninguna parte”, me puedo retrotraer, incluso, hasta unos tiernos 6 años, en los que, toda mi obsesión, era tocar la guitarra; cogiera el artefacto que cogiera, yo me lo situaba a modo de instrumento de cuerda percutido o rasgado, con el que abría las puertas de mi consciencia y viajaba hasta el escenario, sitio o lugar, en el que me apeteciera estar, soltando mi serenata, ante la audiencia más variopinta que puede pasar por la cabeza de un niño a esa edad.

 

Mi reino infantil, aquel que narra “Donde viven los Monstruos” de Maurice Sendak, era un mundo de “rock”; mutante, energético, luminoso y visceral; de ciencia ficción, del guerrero del antifaz, del “Víbora” y de Monstruos; siempre hubo multitud de ellos.

 

Siempre fuimos monstruosos y siempre hubo monstruos entre nosotros. En mi caso, que con 14 años, andaba estrenándome en los escenarios, infancia, adolescencia y madurez, se solaparon en una monstruosa suerte de realismo mágico morañego, en el que atravesar, de una dimensión a otra, era algo automático, muchas veces impredecible y peligroso, otras tantas, algo poético y esclarecedor. Una realidad que terminó por definir los contornos exactos del mundo a la deriva en el que estábamos inmersos, en el que el resto de nuestros congéneres, los bien establecidos socialmente, los políticamente correctos, atravesaban con venda en los ojos, negándose a ver una realidad palpable y evidente, que por monstruosa, era más cómodo ignorar, por evitar complicaciones, principalmente, no por desconocer su existencia.

 

La cotidianeidad se tornó en rutina y a sabiendas de reconocernos como monstruos, ya no fuimos capaces de integrarnos de una forma normal en el mundo que vivían los demás, tampoco queríamos; aún bajo el peso del estigma que ser un monstruo conlleva, la posibilidad de poder contemplar la vida, a través de ese prisma, ganaba con creces a la oferta del piso en multipropiedad en “Marina d’or”, a los océanos de horas extras con los que pagaban la esclavitud a la hipoteca los normales, a la amargura de los rostros del que no quiso ver otra realidad que la que le ponían delante...

 

Era la belleza de la catástrofe lo que nos absorbía la atención, lo que nos posicionaba de cara frente a la corriente dominante; la noción de que luz y sombra son una única cosa y que estábamos allí para disfrutarlo y gritarlo al viento a pleno pulmón. El reconocernos entre nosotros, el ver cuando un monstruo se disfrazaba de normal y cuando te tocaba a ti hacerlo, el identificar al monstruo oculto que habita tras la máscara de todo normal, el descubrir, como en la película de Tod Browning, “Freaks” (La parada de los monstruos), que los auténticos monstruos son los normales y no nosotros.

 

Esta forma de equilibrismo sobre el filo de la navaja, que separa la cara de la hecatombe de la del hastío vital, se llevo por delante a unos cuantos de nosotros. A otros muchos se los llevo la vida, tal cual y de mil formas distintas, que la vida, es lo que tiene y a los que la vida, nos consintió o nos relegó, al rincón de sombras, donde viven los monstruos, nos tocó vivir la agonía de nuestro monstruo favorito, el rock and roll, el nacimiento de otros monstruos, terroríficos, de colosales proporciones, caras multiformes y que una mañana se llaman mercados y otra, prima de riesgo.

 

Ya desde hace años, solo me relaciono con monstruos, los necesito, no me siento a gusto en otra compañía. Tengo mis monstruos favoritos, a los que no cambio por nada, igual que hay monstruos con los que es posible relacionares, a veces si, a veces no, como los hay intratables, a los que su monstruosidad los convirtió en encarnaciones dañinas del defecto que se apoderó finalmente de sus almas. Hay toda clase de tipos y especies de monstruos, no os quepa duda.

 

Tengo predilección por un par de ellos, que conviven pacíficamente en la villa de la que surge el antiguo camino de la cañada real. Quedamos allí, ya que el mayor de ellos, se niega a ver en que se ha convertido lo que hay más allá de su entorno inmediato y sabe perfectamente, que nuestras pullas, brincos, cantares y chispas de gracejo, están a salvo de levantar suspicacias en este lugar. Tampoco es algo que nos haya importado nunca demasiado, al revés, es ese baile con el peligro, esa ironía que choca en los caminos habituales preestablecidos, lo que nos encanta, nuestro juego favorito y pasatiempo predilecto, con el que nuestro tiempo corre entre torbellinos de carcajadas sin cesar.

 

Atravesamos los corredores subterráneos del monstruo capitalino español, con la estridente algarabía acostumbrada, la provocación de baja intensidad que nos caracteriza y la felicidad de ir a por una noche de rock and roll de las nuestras, de las que insuflan vida desde las catacumbas a la vieja bestia por la que sentimos adoración. Esta es una noche de Rock and Roll, que dirían los “Barri”.

 

El Intruso Bar, se sitúa en plena brecha entre los barrios de Malasaña y Chueca, entre el pijerío monstruoso de las calles Fuencarral y Hortaleza. Esto que antaño fue un territorio de monstruos, hoy ha quedado travestido en el equivalente castizo y para paletos de una quinta avenida o rodeo drive de mentirijillas, cutre turisteó de avenida peatonal, en el que el monstruo mercantil, transformó las tiendas de discos en boutiques de moda; todo aquello que lo daba carácter, en bocas que tragan las ilusiones a cambio de los espejismos televisivos.

 

Un acicate perfecto a nuestra inventiva de pillastres, el estimulo pertinente en el que explotar nuestras risas hasta que empezara el concierto, concierto de monstruos.

 

“Tumba Swing”, ya ha aparecido por aquí y no hace demasiado, escasas tres semanas, pero merecía la pena repetir; además de ser uno de los monstruos más peculiares y estimuladores de los que actualmente pululan por el país, un uno en la quiniela fijo, para cualquier noche de intensidades monstruosas, venía acompañando al monstruo bicéfalo de eclécticas alquimias y sabores recios que son los “Crudo Pimento”, la mayor sorpresa que se ha llevado, este que os escribe, en mucho tiempo.

 

Rompió el silencio el valenciano del tatuaje de Silver Surfer, el hombre mono banda; “Tumba Swing” se despachó a gusto con el respetable, imponiéndose sobre las intenciones mojigatas que habían parecido arrollar a la concurrencia, el country blues de toxicidades manifiestas que inhala su repertorio, sacó de burbujas y caparazones, al monstruo oculto que habitaba en el indómito espíritu subconsciente de todo aquel, que sin saber muy bien porque, se había dejado arrastrar hasta “El Intruso” esa noche. Dejar que aflore vuestro escondido animal y bailad, malditos, bailad.

 

Con la sala a punto de ebullición, la ansiedad aumentaba ante la inminente llegada del segundo plato, un especial de pimentón que lo hiciera estallar.

 

El “Mento”, es un género musical tradicional Jamaicano, precursor del Ska y del Reggae, venido de la tradición de los esclavos africanos, que por imposición de los dueños colonialistas, tuvo que adoptar las influencias europeas también. Pero no solo de “Mento” se alimenta el “Crudo Pimento” (lo pillas, jajajajaajaja), tras todo un escrutinio planetario, a cerca de las músicas de ascendencia negra por el mundo, una investigación exhaustiva sobre los instrumentos del género, fabricación y uso, cantidad de proyectos anteriores que dan la experiencia que se puede percibir y una vuelta por la coctelera del Punk, Cumbia, las Antillas y que se yo... llegaron los monstruos del pimentón y la inmaculada concepción. Desgranando con todo mimo su repertorio, explicaciones de “comos” y “porques” de canciones, instrumentos y sus ascendentes, lo que pudiera parecer una clase de Jazz academicista, se vuelve un abrasivo y visceral canto, que retrotrae al oyente a la más primigenia y monstruosa de las necesidades ancestrales clavadas en el A.D.N. Nuevo, fresco, de su tiempo, único e irrepetible.

 

Todo lo que yo pueda decir se queda corto; cuando los ardores del pimentón se desatan y mecen tu pabellón auditivo hasta la extenuación, solo tú podrás saber a qué sitio son capaces de transportarte, por eso (ya lo hice en la reseña anterior), he añadido en el comentario de los álbumes que saltan al pinchar en los enlaces de la galería de imágenes, el enlace al bandcamp de todos los grupos que salgan por aquí; unos a la página web, otros al myspace, pero en este caso, tanto “Tumba Swing” como “Crudo Pimento”, al bandcamp, en el que se pueden escuchar y descargar sus discos. Comprueben ustedes mismos lo que les estoy diciendo. Crudo Pimento se encuentran, ahora mismo en plena campaña de crowfounding, con la que sacarán su siguiente disco. Anímense a colaborar!!!

 

A una noche monstruosa le sigue un día de monstruos. Caskärrabias en formato acústico y en “Sesión Vermut” (13:00h), en “La Frasca”, en la C/ Payaso Fofó, al lado del Jimmy Jazz, toma ya! No voy a ponerme ahora a contar nada a cerca de Caskärrabias, se debería saber ya, pero por si acaso y como nota introductoria a neófitos, os diré que son un referente imprescindible del rock urbano hispano de tradición madrileña, que jugando en casa como lo hacía, dieron uno de los recitales más emocionantes que he visto últimamente. Sin ser unos de mis favoritos, flipé con la maestría que ejercen en un oficio que dominan al dedillo, con el público completamente absorto y elevado a otro nivel con el concierto, fue espectacular sentir al barrio de Vallekas, emocionarse ante unas canciones que forman parte de su banda sonora particular. Llevaba tiempo sin ver algo así.

 

Los monstruos comenzaron a aparecer y entre, reencuentros diversos y saludos varios, el caos que habitualmente reina, en toda concentración monstruosa, comenzó a desatarse. La tensión que domina la vida madrileña, la competencia en el trajín del estrés, el ritmo que impone la ciudad y los monstruos personales, que se lanzan por doquier, cuando el alcohol empieza a hacer mella entre los monstruos habituales del barrio, fue imponiendo una táctica de alejamiento ante tanto desvarío.

 

En la “Esquina del Zorro”, librería de la calle Arroyo del Olivar, tenía lugar la presentación del nuevo proyecto de Kike Turrón, “Turrones”. Si bien era algo tranquilo, perfecto para escapar de tanto monstruo en estado de confusión, no dejaba de ser un acontecimiento de monstruosas dimensiones.

 

No conocer a estas alturas, al monstruo de Kike Turrón, es para preguntar donde se estuvo metido las dos últimas décadas; la otra mitad de “King Putreak”, “The Vientre”, el fancine “Buitre no come alpiste”, “Huevo Canos”... desde la biografía de Rosendo o los Enemigos, a la primera entrevista que se le hizo a Robe Iniesta. Instigadores y abanderados del Madrid más canalla, se encuentran, ambos ellos, Kike Babas (Suarez) y Kike Turrón, inmersos en sus proyectos personales. La que nos atañe es la presentación en acústico del reciente disco editado por “Potencial Hardcore” de Kike Turrón, “Turrones”.

 

Acompañado de la edición de un libro, era normal una presentación de este tipo, aunque rockero hasta la medula, el “Turrón” siempre ha tenido su vena de escritor y procedía hacer algo en esta sintonía; tranquilidad, instrumentos acústicos, lectura de relato y canción. De esta manera, se nos fue ofreciendo una muestra de los que son sus nuevos trabajos, ambos con las maneras y oficio que ya tiene acostumbrado el de Hortaleza. De una clara reverencia a los Enemigos y a Josele Santiago, influencia evidente y llevada con orgullo, se marcaron una señora versión de la “Otra Orilla”, en guiño al sabor “Enemigos” que se respira por todo el disco, que predilecciones e influencias al margen, destila la personalidad que elevó una forma de cantautor punk madrileño, de la que el señor “Kike Turrón”, tiene la patente, junto al otro Kike. Siempre fueron algo único y diferente, propio y personal, otra cosa que tenía sus fuentes en algo que surgía de su ciudad, que no debía nada a nadie y el que tuvo retuvo y este “Por tuberías”, que así se llama el disco, está a la altura del legado acumulado hasta la fecha.

 

Las horas, los brebajes, el descontrol y la imposición de la vida moderna, fue elevando el caos de los suspicaces monstruos madrileños, hasta llegar a decir basta. Desatados en todo tipo de instintos y descontroles; me lo habían advertido mis dos monstruos favoritos; “ya no somos los que fuimos, ya ni siquiera somos, cada uno tira ahora por donde le pueda ir mejor, pocos son los que llaman, los que quedan y cuando nos juntamos, no tarda en surgir el conflicto, así que cada uno por su láo”. Yo sigo confiando en que todavía nos queda vernos mucho, reírnos más y volver a ser aquellos monstruos salvajes, que con una sola mirada, ya sabíamos que iban a hacer los demás.

 

(Dedicado a vosotros, que sabéis quienes sois y dónde estáis).

 

No os perdáis a “El Primo Ramón” este viernes en la Sala Kamelot, una de las grandes bandas de la ciudad y unos monstruos imprescindibles, no os arrepentiréis!!!

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

 

Tumba Swing:
 
Crudo Pimento:
 
Caskärabias:
 
Turrones:
 

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