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Ana Roa

LAS PALABROTAS EN LOS NIÑOS

En muchas ocasiones escuchamos alguna palabra malsonante que proviene de nuestros hijos y decimos: “Te voy a lavar la boca con jabón, pero no porque la tengas sucia…”. Al principio, los niños empiezan a pronunciar con fuerza “caca, culo, pedo, pis” y después se ríen, pero más tarde pasamos a insultos un poco más fuertes que escuchan a compañeros en el colegio, en el parque o en los programas de televisión y que después repiten por imitación.

 

En estos primeros años el decir palabrotas se convierte en algo cotidiano en la evolución del niño, pues les resulta divertido y saben que pronunciándolas serán el centro de atención en el momento. Para los pequeños resulta atrayente y, en cierta manera un poco morbosa, el hecho de decir palabras feas, sucias, prohibidas…que algunas veces dicen los mayores. Cuando empiezan a darse cuenta y se inician en el control de la emoción, suelen pronunciarlas en voz baja para exclamar a continuación: “¡Eso no se dice!, ¿a qué no mamá?...”

 

 ¿Cómo afrontar esta situación?, ¿y si se “escapa” alguna en casa?

 

Cuando escuchamos a los niños palabras malsonantes reaccionamos de diferentes formas: riéndonos, regañando con exageración o no dando ninguna importancia al tema. Es cierto que si damos excesiva importancia al tema, tanto positiva como negativamente, conseguiremos que las palabrotas se incorporen al vocabulario de nuestros hijos o alumnos; por tanto, consideraremos esta conducta como cualquier otra dándole la importancia adecuada, sin exagerar ni dramatizar. Es normal que de vez en cuando se les escape alguna palabra “fea” en momentos de excitación, pero si en su vocabulario aparecen de continuo, será conveniente preguntar en el colegio y en  otros ambientes para averiguar  si esto sucede en solamente en casa o también fuera.

 

Es importante explicarles que a veces los mayores dicen algunas palabrotas y que lo hacen porque saben que en ese momento  y en ese lugar pueden decirlas, pero los niños no.

 

Si son muy reiterativos con algunas palabras, sería interesante preguntarles qué quieren decir y por qué las dicen hasta hacerles llegar a la conclusión de que en realidad son tonterías que no tienen sentido.

 

Algunas “recetillas”

 

-Es muy importante enseñar a nuestros pequeños un lenguaje apropiado para cada momento.

-Desarrollar un vocabulario rico y variado sin palabras que suenen mal le ayudará a expresarse con fluidez  cambiando la palabrota por otro vocablo en el último momento.

-Las normas sociales y las fórmulas de cortesía ayudarán a entender el valor del respeto en cada lugar y momento.

-Es importante evitar que las palabras malsonantes se conviertan en un hábito (primero las dirá porque le hacen gracia, después para manifestar algo que desagrada y por último las pronunciará como rutina).

 

 Preguntas más frecuentes

 

¿Es cierto que les divierte decir palabrotas?

Sí, porque a todos los pequeños les encanta jugar con ellas. Es recomendable sustituir la palabrota, que dicen en un momento determinado, por otra propuesta por nosotros con un sonido semejante; así conseguiremos que vayan superando ese estadio y maduren.

 

¿Existe provocación cuando dicen palabrotas?

Sí, se sienten dominantes y provocan diciendo palabras que saben que están prohibidas o no gustan. Se sienten mayores y, a veces, organizan competiciones para decir la palabra más fea.

 

Mi hijo Juan dice que él es “el campeón de las palabrotas en clase”…, ¿es posible que compitan entre ellos?

 

Sí, les gusta compararse, medirse y saber cuál es el lugar que ocupan en clase, quieren ser los campeones y estar en el primer lugar aunque la meta sea la “peor palabrota”, se sienten importantes.

 

¿Siempre aprenden las palabrotas en el colegio?

No. Muchos padres piensan que es allí porque este hecho evolutivo coincide con la edad en que se escolarizan, pero estamos hablando de lenguaje en desarrollo para todos los niños, vayan o no vayan al colegio. Si es cierto que los niños se divertirán escuchando palabras “feas” a sus compañeros, pero esto sucede en todos los lugares de nuestro planeta.

 

“Un compañero del cole dice palabrotas y hoy me ha enseñado a decir…, ¿a qué eso no se dice?”

No, es importante que aclaremos al niño la causa por la cual el compañero ha pronunciado esa palabra y explicarle que ha sido por una llamada de atención, quizá quiera hacerte reír para que seas su amigo.

 

Cuando dice una palabrota…, ¿le reímos la gracia?

No, pasado el momento de sorpresa nos pondremos en nuestro papel de padres o de profesores para hacerle saber que no nos hace gracia.

 

“Se me ha escapado una palabrota delante de mi hijo… ¿qué hago?”

En primer lugar hay que tener cuidado porque, sobre los 4 y 6 años, los niños imitan el lenguaje de casa y además encuentran atrayentes las palabras malsonantes. Cuando se escape alguna podemos sonreír y pedir perdón diciendo “no pasa nada, no volverá a suceder”

 

¿Es conveniente discutir cuando los niños dicen palabrotas?

Es importante evitar entrar en conflicto y ser tolerantes ante cierta rebeldía del niño, las palabrotas no interesan y si quiere decirlas, allá él. Es mejor tomar lo sucedido en broma y desviar su atención hacia otro tema, el castigo en los momentos iniciales puede convertirse en un reforzador de palabrotas.

 

¿Cómo respondemos ante una palabrota que encierra provocación?

Podemos hacerle saber que, a nosotros, ese tipo de palabras no nos apetece escucharlas y que puede marcharse a su habitación  a decirlas. Después encenderemos la televisión, la radio, pondremos música, haremos una llamada telefónica..., cualquier acción que le haga ver que no tenemos ningún interés en seguir escuchando sus palabras malsonantes.

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