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Ana Roa

La depresión también es cosa de niños

Muy pocas personas saben que los niños  pueden tener depresión, se suele presuponer que los más pequeños NO TIENEN NINGUN MOTIVO para padecerla. Pero actualmente se sabe que los más pequeños pueden sufrir esta patología y por diversos factores.


La depresión es un problema creciente en las sociedades desarrolladas y también afecta al mundo de los niños. Aunque a los adultos nos sea difícil aceptarlo, el niño está lleno de preocupaciones, incluso más que el adulto, pues tiene problemas reales e imaginarios. No es capaz de explicarse racionalmente los hechos y esto le lleva a sentimientos de inseguridad, emociones negativas... La prevalencia de depresión infantil también puede estar relacionada con la edad (siendo más probable que surja a medida que el niño crece), de tal modo que en la adolescencia puede esperarse un alto porcentaje de depresión por los factores estresantes que se atienden en este rango de edad.

 

CARACTERISTICAS QUE DISTINGUEN AL NIÑO DEPRESIVO


A veces observamos en el niño un estado de depresión, de languidez... se encuentra con salud perfecta pero pasa de una ligera excitación a cierta tristeza. Este estado de forma atenuada, crónica y con un fondo de apatía, lasitud y en ocasiones dolor moral unido a ciertas preocupaciones empieza a inquietarnos. El niño se muestra triste, pierde el placer en las actividades cotidianas (actúa por inercia), se encuentra cansado, le cuesta conciliar el sueño y concentrarse en las tareas del colegio. Como este tipo de depresión es emotivo, debemos tratarles con tacto, dulzura, piedad, afecto sin debilidad, firmeza sin estrépito... DEBEMOS DEMOSTRARLES QUE NO ESTAN SOLOS.

 

¿QUÉ ES LA DEPRESION INFANTIL?


La depresión infantil es un trastorno emocional estable que conlleva un cambio persistente en la conducta del niño impidiéndole disfrutar de los placeres cotidianos.
Los síntomas son de varios tipos:


-EMOCIONALES: Tristeza, apatía, ausencia de interés, irritabilidad, ansiedad, agitación, llanto frecuente.


-MOTORES: Lentitud, hiperactividad (patrón de conducta persistente de falta de atención e impulsividad inapropiadas para el grado de desarrollo del niño, acompañadas o no de hiperactividad), inexpresividad.


-COGNITIVOS: Desesperanza, sentimiento de culpa, baja autoestima (frases negativas sobre sí mismo).


-SOCIALES: Retraimiento.


-CONDUCTUALES: Rabietas, indisciplina (no acepta prohibiciones sin motivación, hace como si no hubiera entendido, muestra que él toma la contrapartida de la orden recibida para hacer entender que está decidido a mandar), quejas.


-PSICOSOMATICOS: Enuresis (paso involuntario de orina durante la noche, en ausencia de lesiones que justifiquen tal descontrol), dolores, pesadillas, cambios de sueño (insomnio por la noche y, a veces, hipersomnia durante el día) y de apetito (generalmente pérdida, a veces el caso opuesto), fatiga (sin energía, sobre todo por la mañana).


Alrededor  de los tres años son más comunes la enuresis y los problemas psicosomáticos. A partir de los seis años son característicos los problemas de conducta.


La depresión puede presentarse como algo manifiesto o como un trastorno enmascarado por otro. Aparece un cambio importante en el comportamiento del niño respecto de cómo era hasta ese momento y se observa en el niño con depresión un trastorno en su estado de ánimo.


Para diagnosticar DEPRESION EN UN NIÑO es necesario que los síntomas impidan su funcionamiento normal comparado con el de un tiempo anterior a la aparición de estos síntomas. Muchos autores citan la pérdida de autoestima como desencadenante principal de la depresión. Un niño con baja autoestima desprecia sus aptitudes, tiene miedo a relacionarse pues siente que no será aceptado, no tiene iniciativas y necesita la guía de otros, tiene miedo a asumir nuevos retos, tiene miedo a asumir responsabilidades, es dependiente de aquellas personas que considera superiores y se deja influir, tiene poca tolerancia a la frustración, se pone a la defensiva fácilmente y muestra estrechez de emociones y sentimientos. Hay otras causas: la falta de alabanzas o gratificaciones por parte de los padres, una relación inadecuada del niño con la madre durante el primer año de vida, unos padres depresivos, un sentimiento de fracaso continuado ante la solución de problemas, pérdida de uno de los padres, separación matrimonial o abandono, historia familiar de enfermedad o suicidio.


La depresión también se distingue como un síndrome debido al alto porcentaje de repetición familiar que se ha detectado. Si la madre del niño tiene una historia de depresión, se requiere de mayor evaluación e intervención que si no estuviera presente esa semejanza familiar.

 

¿CÓMO PODEMOS PREVENIRLA?


Puede prevenir la depresión infantil:


-Una familia afectiva con normas claras y flexibles y con una buena comunicación entre sus miembros.


-Controlar la depresión postparto materna (sentimiento de desesperanza y tristeza que se presenta poco después de dar a luz debido al descenso brusco de los niveles hormonales, a la toma de conciencia de la nueva responsabilidad, a la fatiga tras el parto y a la falta de adaptación a una situación estresante como puede ser el hecho de tener un bebé); ya que la madre es el modelo fundamental en lo emocional en los primeros años de vida. No todas las mujeres la pasan, ni todas las que la pasan la viven con la misma intensidad. A veces ocurre meses después del parto. En la mayoría de los casos la depresión dura pocos días, incluso a veces horas, pero en algunas madres se prolonga más de lo deseado.


-Fomentar la autoaceptación y atender a los progresos de los niños para conseguir una buena autoestima.


-No tener demasiadas ni pocas expectativas para con ellos.


-Crear oportunidades para que el niño juegue, pues es una actividad que le gratifica y le hace feliz.


 
TRATAMIENTO DE LA DEPRESION EN LA ETAPA INFANTIL: “El paso fundamental es identificarla”  


Es importante, en un primer momento, diferenciar entre depresión y déficit en habilidades sociales, pues  aunque están relacionadas son muy diferentes. La depresión, en el caso de los niños, está reforzada desde el primer momento. Al comenzar el tratamiento terapéutico el niño mejora, empieza a sentirse mejor (hay pediatras que sostienen que es un estado no abordable con fármacos aunque psicólogos infantiles, en ocasiones, encuentran en la medicación antidepresiva una base para trabajar el trastorno mediante psicoterapia).


En el tratamiento seguiremos los siguientes pasos:


-Evaluación exhaustiva de la realidad del niño, qué situaciones le producen miedo, intensidad de esas situaciones aversivas del miedo, si le castigan, a qué niveles de exigencia está sometido, cómo son sus relaciones afectivas dentro de su ámbito familiar, cómo se desenvuelve en el colegio con sus compañeros...


-Evaluación de las conductas adecuadas para reforzarlas bien dentro del ámbito familiar, bien en el colegio con sus compañeros o en la propia personalidad del niño.


-Entrenamiento en habilidades sociales: Asertividad, comunicación, habilidades que capacitan para la competencia social y afrontamiento de los conflictos.


Es importante empezar un control de seguimiento de conductas del niño (realizado por los padres), tener en cuenta las ideas irracionales, cómo percibe los hechos negativos y sus capacidades para enfrentarse a los problemas cotidianos. El niño empezará a sentirse mejor si aumentan los HECHOS POSITIVOS y cada vez los reconoce en los ambientes más variados en los que se desenvuelve.


Podemos proponerle actividades donde nos describa hechos positivos, o inclusive nos los escriba si ya tiene algo de dominio del proceso lecto-escritor. P.ej.


HECHOS POSITIVOS QUE ME SUCEDEN:


-Externos: Cosas donde yo tengo poco control.
1.
2.
3.
 


-Cosas que yo puedo hacer.
Ocio y lúdicas (potenciando las que me gustan y en las que me lo paso bien)
1.
2.
3.


Lo que hago bien.
1.
2.
3.


Lo que tengo que hacer.
1.
2.
3.
 
Lo que les gusta a los demás.
1.
2.
3.


Será conveniente evaluar el estado de ánimo entre 0-10 en cada una de las actividades para saber cuáles le gustan más al niño y en cuáles deberíamos cambiar los estímulos, pues quizá las realiza con demasiado esfuerzo y cierto desinterés.

 

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