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Ana Roa

EL COMIENZO DE LA AMISTAD Y EL AMIGO IMAGINARIO

En la infancia, un amigo es aquel con el que se juega, se comparten los juguetes y a quien se gusta; al principio el niño no elige sus amistades. Sus primeros amigos son vecinos, compañeros de la Escuela Infantil, hijos de los amigos de sus padres… pero con el tiempo prevalecen otros criterios tales como la edad, el sexo y los gustos. No obstante la forma en la que se establecen los primeros lazos de amistad, condicionará la manera de relacionarse en el futuro.

 

Cuando se tienen amigos, se favorece el desarrollo de la personalidad, del propio pensamiento, de la expresividad, de la conciencia de pertenencia a un grupo distinto al núcleo familiar y además se van adquiriendo pautas de interacción social y habilidades para la resolución de conflictos. Con la amistad aparecen ciertas formas de dominio por un lado, y de sumisión por otro que en principio se establecen de maneras muy sencillas, pero que con el tiempo contribuyen a definir un sistema determinado de valores y normas morales. De esta manera, cuando llega la adolescencia se considera amigo a aquella persona que puede entender sus sentimientos más íntimos y que les aceptan en su totalidad, con sus defectos, fortalezas y sueños, existiendo un cierto compromiso emocional en ambos sentidos.

 

LA AMISTAD según la edad

 

Hasta los 2 ó 3 años El inicio de la amistad es una mirada,   jugar al mismo juego, desear el mismo juguete y discutir por él…
2-3 años Tener amigos se convierte en un paso necesario para la socialización. Cada niño forma con uno o dos iguales “los   primeros lazos de amistad”
3-6 años Los niños consideran amigos a aquellos que realizan las mismas actividades que ellos y les prestan sus juguetes
7-9 años Aparece una mayor conciencia de los intereses comunes y se aprecia más claramente la comprensión de conceptos como solidaridad o justicia.
9-14 años Durante la pubertad prefieren relacionarse con los de su mismo sexo, dando mucha importancia a aquellos en   los que pueden confiar y se muestran muy sensibilizados con los sentimientos del otro, en quien ven un amigo con inquietudes y problemas similares.



Tal vez los sentimientos de amistad más pura se desarrollan a partir de los 6 años…  “Quién no recuerda aquel amigo o amiga con quien compartió los primeros juegos, muchas veces rodeados de otros niños, pero donde al final siempre había un detalle de complicidad especial. Los partidos de fútbol inacabables que sólo se interrumpían cuando a alguien se le ocurría algo como vamos a beber agua o a la próxima falta hacemos un descanso, eran la antesala para compartir momentos recién vividos, frescos en la memoria y que aún se estaban creando. Son los momentos más transparentes, sin  agobiantes obligaciones  y alejados de toda maldad…, la amistad en un inocente estado puro que siempre se recuerda con nostalgia…”

 

EL AMIGO IMAGINARIO

Hacia los 2 ó 3 años, algunos niños empiezan a desarrollar un mundo fantástico poblado por seres imaginarios o personajes de cuentos que comparten su día a día y les ayudan a expresar sus emociones y sus deseos. Este hecho no es alarmante aunque al principio pueda preocupar a los padres, ya que es una situación del todo normal y está vinculada a la propia evolución del niño.  En este mundo fantástico todo está permitido y todo es mágico,  el final siempre es el deseado y, a pesar de los obstáculos que surgen en el camino y las distintas peripecias que tienen lugar en el desarrollo de cada historia imaginada, nada sale mal porque el amigo imaginario está al lado del niño, y le protege a la vez que es protegido.

 

Este amigo imaginario puede tomar cualquier forma, desde su peluche preferido hasta un animal o algún personaje de leyenda. El amigo recogerá todos aquellos sentimientos negativos o tristes que surgen de sus miedos, fobias y situaciones de cambio y le aportará la fuerza necesaria para “vencerlos”, liberándolo de  aquellos estados que, de alguna manera le provoca cierta angustia, y fortaleciendo de esta manera su autoestima  desarrollando la conciencia de la existencia del otro; así es capaz de colocarse en su lugar para poder entender un punto de vista que puede ser diferente al suyo.

 

NEGOCIACIÓN  MUY ESPECIAL

Con la amistad se aprende a negociar. Los niños aprenden a estudiar al detalle las diversas situaciones que viven para controlar sus emociones y responder a las emociones de los otros, aprenden a comunicarse, cooperar y solucionar sus propios problemas.

 

Las habilidades necesarias para la amistad:

1.- Aprender a llevarse bien y al mismo tiempo con adultos y con iguales, con compañeros y profesores, con los amigos y sus papás….

2.- Desarrollar sensibilidad hacia los demás,  tener en cuenta sus iniciativas, aceptar sus propuestas con simpatía y agradecimiento.

3.- Colaborar en las tareas con otros niños, saber intercambiar información y tratar a todos de igual a igual, dejando de lado cualquier sentimiento de superioridad o de inferioridad.

4.- Saber compartir el protagonismo sin sentirse siempre el primero pero tampoco aislarse, saber manejar la atención que los demás precisan.

 

 A partir de los 6 años, los niños reconocen perfectamente a aquellos que son capaces de intercambiar los papeles dentro de un juego o interrelación, y tienden a aceptar en menor grado a aquellos que siempre llaman la atención sobre sí mismos o que nunca ceden ante los deseos y necesidades de los demás. En la observación de los niños que son aceptados por los grupos ya constituidos, es significativo el hecho de que actúan con mesura y adaptándose a lo que hace el grupo, sin llamar excesivamente la atención pero comunicándose de forma adecuada y oportuna, aportando poco a poco novedades al conjunto.

 

Los niños que son  muy bien aceptados por sus compañeros tienden a elogiar y valorar positivamente el buen comportamiento de los demás, generan una simpatía derivada de su escaso egoísmo y encuentran en sus relaciones con los demás unas bases importantes que le ayudan a crecer y desarrollarse positivamente en el plano social y emocional. Aceptan y son aceptados, quieren y son queridos y evitan las espirales de agresividad que perjudican a los que las mantienen.  Conviene por tanto identificar tanto las buenas como las malas prácticas para ayudar a nuestros niños para que desarrollen  las buenas habilidades de correspondencia con los demás.

 

Aunque a primera vista algunos padres podrían pensar que este comportamiento pudiera caer fuera de la normalidad, lo más aconsejable es tomarse la situación con la mayor naturalidad posible,  y aunque no es conveniente estimularlo participando en el propio juego, tampoco lo es el reprimirlo,  pues esto generaría desconfianza en el niño y algún sentimiento de incomprensión que le llevaría a seguir con su amigo imaginario cuando los padres no estuviesen presentes y favorecería que sus propios problemas serían propiedad  exclusiva de su amigo. Sí es oportuno controlar que  comparta su tiempo con otros niños y que su distracción principal no sea estar la mayor parte del tiempo con ese amigo imaginario.

 

Poco a poco, este amigo imaginario irá desapareciendo por sí solo habiendo dejando su huella para el desarrollo adecuado del niño desde un punto de vista emocional  que le preparará un espacio para los distintos procesos de socialización y aprendizaje de la amistad.

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