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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Somos legión, contigo

El próximo lunes es el día internacional contra la violencia de género. Pero todos los días deberían serlo. Las mujeres que sufren y han sufrido maltrato, presumo que en su totalidad, empezaron una relación con su pareja por amor, por pasión, por emoción, por sensibilidades, por romanticismo, por hacer un futuro al lado de alguien, o por querer pasar tiempo con otro sin más compromisos, por muchas cosas, pero estoy segura que ninguna de ellas pudo visualizar en esos inicios lo que se avecinaría, lo que acabaría con su autoestima, con su ser interior y en el peor de los casos con su vida. 

 

El día contra la violencia de género debería ser cada día en cada casa. Porque somos legión apoyando  a las víctimas, porque lo tenemos presente, estoy segura, y porque la lucha no entiende de bajada de bandera, no entiende de olvidos o de visitas al desván.

 

Se harán muchas lecturas de manifiestos, muchas acciones que visibilizarán el problema, se sembrará el país, las televisiones, periódicos y revistas, la solapas, de lazos púrpura. Todo servirá para no desfallecer.


La pequeña aportación de “Historias de mujeres” de hoy es un poema para nosotras, para todas, para nuestra legión con ellas.

 

Lo ininteligible


¿Recuerdas cuando éramos tan blancas que no nos tocaba ni el viento del oeste?
Salíamos sin miedos, sin rencores ni nada,
sin sombras de las parras sobre nuestras cabezas.
Amábamos las briznas, volutas de sonrisas,
éramos anfitrionas de nuestra propia suerte.

 

¿Recuerdas cuando ansiábamos los velos de las novias cubriéndonos enteras?
Tacones de zapatos del ayer inclemente,
sin desatar el lazo que él nos ató en el cuerpo.
Amábamos las noches, forradas de serrajes,
cuero y ámbar unidos en la cama de oro.

 

¿Recuerdas cuando estábamos con otra vida adentro de poderoso brío?
Abrazas tu cintura, para que nada pase,
para que todo pase sin que suceda nada.
Leíamos los posos del café en ese sueño,
pretendiendo borrar lo que de verdad era.

 

¿Recuerdas cuando entrábamos en el nido vacío  de la existencia helada?
El cuerpo respondía si la puerta era abierta,
con tornillos de odio acerando los brazos.
Terror en los espasmos de una lenta saeta,
imbatible patera dejada al oleaje.

 

Estamos aunque nunca parezca que es bastante meciendo tu desvelo.

 

Ester Bueno Palacios

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