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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Muere el poeta

Permitidme que en estos tiempos tan convulsos, donde la política desafía las libertades, donde la moral se arrastra abatida por los desesperados; donde el infierno ilumina de nuevo las calles maltrechas de Irak, donde la gente mira el fútbol por no mirar en sus propias vidas, donde la cordura da paso a las poses y a los convencionalismos, donde los dirigentes apisonan a los ciudadanos con sus voces disonantes y absurdas… Permitidme que en un blog dedicado a las mujeres, hable hoy de un hombre, de un poeta, de Juan Gelman.

 

Cuando un poeta muere, muere una voz que traslada en el tiempo la brisa y la lluvia, el dolor y el hastío, el amor y los llantos, el humor y los gritos. Cuando un poeta muere nace su leyenda y se cierra para siempre el don de su palabra.

 

Juan Gelman ha muerto. Sus 84 años de vida plagados de tristezas y de lucha, con las luces y sombras que todos arrastramos,  dejan tras de sí un reguero de palabras combinadas que nos acercan más al ser humano, que nos pulen las entrañas en cada verso y que ayudan a atravesar  el mar de dudas que acecha tras las noches en vela inmisericordes.

 

Exilio, privación de libertad, tortura, pérdida del hijo asesinado junto con su pareja, desaparición de la nieta nacida en cautiverio, lucha sin cuartel por el encuentro con esa criatura que no era más que sombra, tremendas alegrías y tremendas tristezas que se unirán sin duda a las pequeñas y grandes rencillas de la vida cotidiana, del quiero y del me voy, de lo que ya no tengo, de lo que haré mañana. Y entre todo la poesía como tabla de salvación, como luminaria sensible que no puede más que surgir, sin temblores, sin ambages.

 

Juan Gelman estuvo en Ávila, con su tímida sonrisa y su voz rota por el tiempo, nos habló de esperanza y del lento devenir de las cosas y de lo rápido que la vida se escapa entre rendijas nunca bien clausuradas. Juan Gelman ha muerto pero quedan sus versos, su contenida forma de rendir las palabras, sosegando los tiempos en cada línea blanca trazada con su pluma.

 

Nos queda su palabra, sobre el amor, sobre la vida …


Alza tus brazos...
Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

 

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.
Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.


Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda 
   (Juan Gelman)

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