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Retratos de mujeres

Ester Bueno

María se ha ido

Las noticias de esta mañana daban cuenta de la muerte de otra mujer víctima de violencia de género. Ha terminado su vida en la cama de un hospital abatida por los golpes de otro asesino que de nuevo demasiado tarde ha sido detenido.

 

Son 22 las mujeres que han perdido la vida a mano de sus parejas o exparejas en lo que llevamos de año. Cada cinco días se produce un crimen y cada momento cientos de mujeres sufren en silencio los golpes, insultos y vejaciones de seres despreciables que no respetan nada.

 

¿Quién puede enseñar a un niño, a un joven, a un hombre, que la consideración, la atención, la cortesía, los besos, los abrazos, el cuidado, la ayuda y el amor es lo que ha de presidir sus relaciones de pareja? 

 

María se ha ido

María se levantó ayer en la casa modesta de su pequeño pueblo. Cuando se casó, hace ya varios años, eligió con cariño cada cortina, cada detalle que haría de su hogar un sitio donde querer estar, donde ella y su marido, al que amaba realmente,  llegaran del trabajo y encontraran la armonía, la paz.

 

En el cuarto mes de su matrimonio María supo que se había equivocado. El hombre con el que compartía su vida se había revelado como el monstruo que era y que había podido entrever e intuir durante el noviazgo en contadas ocasiones y en ataques de celos que ella, y las amigas con quien lo comentó, achacaban a la gran pasión que sentía su pareja y en el inmenso cariño que la profesaba. Los insultos dieron paso a los golpes cuando ya estaba embarazada de su primer hijo, calló, por no preocupar a sus padres, a su familia, por vergüenza, por un extraño sentimiento de culpa que la atenazaba sin remisión. Con el nacimiento del bebé se calmaron las cosas, dejó el empleo a petición de su esposo que prefería que se dedicara a la vida hogareña y a “cuidarles”. Aceptó con la esperanza de que no se volverían a repetir las escenas de pánico, el miedo a que él entrara por la puerta, su mirada asesina cuando la veía hablando con cualquier otro vecino, aunque fuera un baladí saludo en plena calle.

 

Pero en cuanto ella se recuperó y su hijo ya gateaba alegre por el salón de casa, volvieron las palizas, las vejaciones y el férreo control de una vida que ya no era vida. Abandonó su círculo de amigas porque él decía que “eran unas putas”; no veía a sus padres porque él decía “que la influían en su contra”; no salía a comprar sin él por prohibición expresa. Y aún así nada era suficiente, siempre había un motivo que desencadenaba el terror: la sopa no estaba suficientemente caliente; ella había estado hablando demasiado tiempo por teléfono; la casa estaba sucia; un largo etcétera de incongruentes razones que finalizaban en la esquina de un cuarto, en posición fetal, con el niño llorando sin comprender ese ruido infernal, tremendo, de su padre abofeteando y pateando a su madre.

 

La gente del pueblo cuchicheaba entre suposiciones: “el la pega” “otra vez ha habido bronca”. Sus padres tenían miedo hasta a preguntar, preocupados desde luego, pero sin ningún tipo de noción de lo que debían hacer, se refugiaban en que “la vida de cada uno es de cada uno” y esperaban a que Dios o alguien ayudara a esa hija cada vez más lejana, cada vez más ajada, cada vez más triste. Alguna de sus amigas intentó convencerla de que denunciara o de que llamara al menos al teléfono de atención a las víctimas de violencia. Pero ella ya no tenía capacidad de raciocinio, estaba en un círculo insano, el terror la impedía tomar ninguna decisión, ¿y si él se enteraba? ¿Dónde podía ir ella con su pequeño hijo, lejos del sitio donde había vivido siempre? ¿Dónde iba a ir ella sin trabajo, sin ingresos, sin apoyos fuera de allí? Estaba segura que él la seguiría, la encontraría y acabaría con ella.

 

Ayer, el criminal, después de una de las peores palizas, clavó un cuchillo de cocina en el pecho de María. La ambulancia llegó demasiado tarde, cuando una vecina alertada por el llanto del pequeño descubrió su cuerpo masacrado. María se ha ido. Cualquiera de nosotras podemos ser María.

 


 No te calles, ¡denuncia!

 

Teléfono 016

 


Este número no deja rastro en la factura telefónica

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