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Renglones torcidos

Gisele Touceda

Ecuador: El imán que no deja de atraer

El “oro negro”, la riqueza más monopolizada del capitalismo, monopoliza también la tan elogiada “Constitución Verde”: Ecuador.

 

Septiembre de 2008, Ecuador aprueba la llamada “Constitución Verde” siendo en el primer país del mundo en convertir a la naturaleza en sujeto de derecho. La nueva y admirada Carta Magna promueve la convivencia en armonía con la naturaleza o Pacha Mama, mediante el cuidado de la biodiversidad, de los recursos naturales, de la biósfera y del patrimonio natural (artículo 71 de la Constitución incluido en el capítulo “Derechos de la naturaleza”).

 

Cinco años más tarde, el presidente Rafael Correa, anuncia el fin de la propuesta ecológica “Yacuní ITT” que dejaba bajo tierra 960 millones de barriles de petróleo como contribución a la lucha contra el cambio climático, a cambio de recibir una compensación económica del fondo internacional que nunca llegó.

 

De continuar esta iniciativa, previa aprobación de la Asamblea Nacional y posible consulta popular que ya esta siendo exigida por los ciudadanos ecuatorianos, Ecuador abriría las puertas a las petroleras para entrar en el Parque Nacional Yacuní, declarado reserva mundial de la biosfera en 2008 –según un estudio realizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional se trata de las más alta diversidad por área registrada del planeta y el hogar de los dos últimos pueblos en aislamiento voluntario del país– con el objetivo de reinvertir los beneficios en la lucha contra la pobreza.

 

¿Cuál es el precio de este drástico cambio de un país que otorgo derechos a la naturaleza? Las cuentas las inventó el hombre y no cuadran… y debemos cargarnos la naturaleza. 

 

Tan solo cuatro días antes de que Correa anunciara el fin de la iniciativa ecológica con la excusa de que “El factor fundamental del fracaso (del proyecto) es que el mundo es una gran hipocresía”; Ecuador recibe 1200 millones de dólares por la preventa de petróleo por parte de su socio China a cambio de colocar deuda pública.

 

Una jugada dudosa, que denota que los beneficios esperados de la explotación de la mayor concentración de biodiversidad del planeta, vayan destinados más a pagar los intereses y las deudas contraídas, que a calmar el hambre de los pobres.

 

Porque una preventa supone fijar unas precios ficticios que más tarde serán altamente desproporcionados con el precio del barril que fijaran las petroleras, esas mismas que agotaran los recursos minerales de Ecuador que la naturaleza ha concedido pero que no renovará. Porque aunque en Ecuador las explotaciones de hidrocarburo están en su mayoría nacionalizadas (a través de la empresa estatal Petroecuador), terminarán aliándose con petroleras extranjeras bajo el lema “No disponemos de capitales para realizar la explotación por nuestra propia cuenta”.

 

Y muchos siglos después Ecuador y America Latina seguirán subdesarrollándose para que los países desarrollados no paren de crecer. Es la maldición de poseer una tierra rica, donde se sigue exportando azúcar para importar caramelos. Es la otra cara del capitalismo, la otra cara de la riqueza… es la larga historia de un continente que regaló todo para el progreso de otros.

 

Llegará el momento en que no haya más nada que extraer en Ecuador y los capitales que eran necesarios (cuyas únicas inversiones van destinadas a la propia estructura comercial del bien explotado ¡ni más ni menos!), huirán escupiendo desocupados que volverán a acudir al ayuno obligatorio de todos los días y a observar una muela careada en el paisaje que tanto cuidaron y amaron hasta donde les dejamos. 

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