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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Respetar y recuperar a nuestros jubilados

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Un día hablando con una compañera que lleva jubilada cuatro años me ocurrió una cosa curiosa. Ella, que ha dado media vida docente a nuestro colegio, estaba en el parque con su nieta y se acercó con ella al centro. Al verla en los pasillos,  un niño pequeño le dijo “¿Qué hace aquí señora? Pues para él era una desconocida. “¡Hola Señora!” A mí, que he dado 37 años de mi vida en este colegio!

La vida pasa rápido, más rápido de lo que imaginamos y un día, llega la jubilación. Imagino que en todas las profesiones sucederá algo  parecido, pero en la del magisterio, desapareces de la vida educativa en muy poco tiempo, sin haber pasado ni a un segundo plano. Y esto no es justo, ni para los que se jubilan, ni para la comunidad educativa.  Con mi artículo me gustaría transmitiros mi respeto y admiración hacia ellos y sugerir cómo podríamos beneficiarnos mutuamente

 

Los jubilados son esas personas que van “un paso por delante”, que han recorrido su camino un poco antes, y no olvidemos que una forma de  “saber más, es saber antes”, y por lo tanto ellos saben más.

 

Lo reconozco, son unos de mis preferidos, junto a los niños y ambos  son fuentes de aprendizaje.

 

Los necesitamos, son nuestra historia y de ellos podemos aprender, para que nuestra senda, aunque siga siendo nuestra, sea un escalón más elevado  en la evolución.

 

Cada uno tenemos un camino personal que recorrer, pero sí, podemos aprender de los errores ajenos. Tropezando se aprende pero escuchando también.

 

Nuestros mayores, tienen tiempo y sabiduría, y si les prestamos atención veremos que muchos de ellos “escupen pepitas de oro cuando hablan”. No nos podemos permitir desaprovechar la experiencia.

 

En ellos, la Administración ha invertido una gran cantidad de recursos para su formación y para que lleguen a ser lo que fueron, ¿es lógico que toda esta inversión se deje esfumar? ¿No se podría fomentar desde la Administración mecanismos de utilizar a estos docentes como “una reserva de formadores activos”?

 

Por otro lado, todos necesitamos alguien que nos acompañe, y si puede ser con afecto, mejor aún. ¡Qué fácil sería el camino, si nos acompañáramos mutuamente!

 

Decía Serrat que “separamos a nuestros mayores después de habernos servido bien”.  Y, creo que merecen un mejor trato, algo más que un simple homenaje el día de su jubilación, su último día de gloria, y ¡ya! ¡Que pase el siguiente!

 

Cómo les deberíamos tratar:

 

No pueden sentirse como intrusos en el lugar de trabajo, deben ser un referente para nuestros jóvenes, saber su nombre, tener un lugar  e incluso si lo desean,  un día de visita.  Según pasen por nuestros pasillos deberíamos, escuchar ¡Buenos días, Doña Sofía! ¿Qué tal está todo? ¿Qué le parece esto que estamos haciendo?

 

En todos los eventos especiales tendrían que tener su invitación personalizada.

 

Hay dos palabras muy  bonitas, una el nombre de cada persona y otra la palabra agradecimiento. A los jubilados deberíamos llamarles por su nombre y darles gracias. ¡Cuántos lugares son mejores gracias a la contribución de nuestros jubilados! ¡Cuántos patios de colegios son lo que son por la lucha de nuestros jubilados! ¡Cuántos departamentos tiene lo que tienen por el tiempo dedicado por nuestros jubilados!

 

 

Dice Anxo Pérez que cada noche deberíamos cenar con un genio,  y que hoy eso es muy fácil al disponer de internet. ¿Y si cada semana tomásemos café con un sabio?  ¿Y si ese sabio lo tuviésemos al lado?

 

La jubilación debe ser un regalo para el jubilado por todo lo entregado, pero no puede tener ni un solo momento de castigo y menos por sus ex compañeros.

 

Deben sentirse como que están en su casa, no como que les hemos echado de su casa.

 

Cómo nos podrían ayudar

 

De manera sistemática, como unos recursos humanos cercanos, a los que podamos preguntar nuestras dudas, nuestras inquietudes, son sabios en el trato con las personas, en habilidades sociales, en pedagogía practica. Y están deseando dar.

 

Acompañando, cuántos docentes noveles y en otros muchos trabajos se sienten inseguros, y tienen miedo de manifestar sus inseguridades ante sus compañeros, y les sería más fácil hacerlo ante alguien con el que no tienen una relación horizontal.

 

En está “visita sistemática” podrían dirigir “un círculo de sabios”, donde compartiese, y dinamizase a los compañeros, para poder hablar de los temas que más les inquietan.

 

 Hoy, que las distancias se han reducido con internet, podrían ayudarnos desde sus casas con internet y teléfono. Hace unos días, cuando mi hija tenía que aprenderse los afluentes del Duero, al decir por la derecha… me surgió la duda, de cuál era la derecha del río ¿mirando a la desembocadura, o al nacimiento del mismo? Me sobró con una llamada a una de mis sabias jubiladas para resolverlo. Sí, internet lo habría resulto también pero de una manera más fría e impersonal.

 

Mi madre mi  solía decir: “Lo que hagas te harán”. Lo dicho, a nuestros jubilados siempre con un Don/ Doña su nombre y gracias”.

 

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