Juan carlos lopez original

Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

'Palabras envenenadas'

Las “palabras envenenadas” son palabras que utilizamos los padres y educadores con nuestros hijos, muchas veces sin pensarlas y que causan un daño inmediato y otras veces un perjuicio futuro. Tienen relación con lo que los psicoterapeutas llaman “mandatos”, que no son más que ordenes inconscientes que van a condicionar la vida futura del niño o persona.

Muchas de estas palabras son heredadas de nuestros padres o abuelos. Siempre se han escuchado en casa y a veces han hecho hasta gracia.

 

Hagamos un repaso de ellas:

 

“Por esa tontería no se llora” Mamá, yo no lloro por tonterías, lloro por hambre, a veces por hambre de tu atención de tus caricias, por levantarme a las 8 y seguir en el cole a las tres con solo 3 años. Por miedo , o porque me ponen  triste cosas distintas a las de los adultos.


“La letra con sangre entra”, que no mamá, papá, que con sangre no entra nada, la sangre solo sale; con sangre uno se bloquea, aprende a ser sumiso, a complacer, incluso a obedecer cosas absurdas. Las cosas entran con cariño y comprensión.


“Ya no te quiero”. ¿Lo dices de verdad? O es chantaje, o es que no sabes cómo sacar tu rabia? Porque yo sí te quiero, y además necesito que me quieras, y que me lo digas y que sepas que, yo creo que los adultos decís la verdad, y si es verdad que no me quieres, es lo más terrible que puedo escuchar. ¡Jo , eso me duele!


“Tengo miedo”. No hijo no tienes miedo. ¡Anda ya, papá! lo que yo te diga, Tengo miedo, y agradecería tu comprensión y si encima me abrazases y me sintiese protegido, sería la leche, hasta se me podría quitar el miedo.


“Los hombres no lloran”, mirad adultos, aquí llora todo el mundo, y el que no lo haga que prepare la chequera para pagar el psicoterapeuta, porque estará creando enfermedades del alma y estará enquistando problemas internos.


“No pasa nada”, Papá, que sí pasa nada . Sería más correcto decir que no pasa nada malo. Pero, ¿cómo no va a pasar nada cuando me hago una herida, o cuando me enfado con una amiga? Recuerda que necesito comprensión, y si no la encuentro en casa la buscaré fuera, y cuando sea mayor, no me digas que por qué no te cuento las cosas, porque deberías recordar, lo que me decías de pequeño.


“Eso son tonterías”, que no, papis, que serán tonterías para vosotros, pero para mí es importante; de nuevo, ¡que te esfuerces por com-pren-der-me”.


“Quita que lo hago yo”, gracias papá, por hacerme ver con tu ayuda que no confías en mi y que me considera inútil. Recuerda que si me dejases hacer, aunque no lo hiciese tan perfecto como tú crees, subiría mi autoestima.


“Eres un desastre” Pues si eso piensas tú, que eres mi padre, ¿qué pensarán los demás, ¿No tendrás algo de culpa en que yo sea así? ¿Esto lo pagamos a medias, papi?

 

“Eres un cerdo”. Papi, que yo solo imito lo que veo. Y ¿sabes lo que es el efecto Pigmalión?, es la profecía fatal que siempre se cumple.

 

“No seas crio”, pero  ¿entonces qué tengo que ser si tengo 10 años…?


“Me amargas el día, con lo cansado que estoy”, Jo pues si que tengo poder papi, yo creía que cada uno se amargaba por si solo, dependiendo de la manera que se tiene de reaccionar ante lo que pasa a su alrededor.


“Estoy harto de ti” ¿Qué…”? ¿He oído bien?


“¿Qué va a ser de mí ahora que no tengo….?, ¡Jo, qué miedo me da eso mamá!, porque yo dependo de ti, y si tú no sabes lo que va a ser de ti…, ¿qué será de mí?


“Ese profesor no tiene ni idea”, gracias papá, eso era lo que necesitaba yo, para no volver a hacerle caso en clase.


“Las inyecciones no duelen” Papá, ¿tú te has puesto alguna?, o ¿es otra de las mentiras piadosas? ¿No sería mejor decirme que sí duelen, pero que tú estarás a mi lado y que me agarrarás la mano? Porque si mientes, me enseñas a mentir.


“¡Qué no grites!”. Mamá y… ¿por qué me lo dices gritando?


“Como no comas viene el hombre del saco”, sigue así, y luego no me digas que por qué tengo miedo.


“Eres igualito que tu padre”, ¿no te fastidias?, ¿si quieres me parezco al butanero? ¿y tan listo como mamá, verdad? Pero, cuidado que todos los defectos de mi padre, los llevaré también en el saco.


“Todo lo haces mal” ¿todo, todo? ¡Pues vaya futuro que me espera!, ¿por qué no me enseñas a hacer algo bien?


“Hijo, que tú eres el mayor” Sí mamá, soy el mayor pero solo tengo tres años. Y eso de ser el mayor ¿voy a cargar toda la vida con ello? Porque ¡vaya cruz! Porque yo no he elegido en qué lugar venir al mundo.


“Como sigas comiendo tanto te vas a poner como una foca” Gracias mami, ¿quién compra la comida poco saludable?, ¿quién me la pone a mi alcance? Porque yo a las tiendas solo voy de paquete y los fritos aceitosos los cocinas tú.


“Porque lo digo yo y basta” O sea papá cuando no hay argumentos, es así, y ¡a mi me funcionará también de mayor?


“Mira tu hermano, no hace eso” Claro papá no te has dado cuenta que somos diferentes.


“¡Qué bien hace las cosas tu hermano!, bueno y tú, “también” . ¡Cómo odiaba Antonio Gala la palabra “también” que tanto se la decían a él delante de su hermano! No te preocupes papá, que no necesito mucha ayuda para tener envidia de mi hermano, solo necesito que me ayudes a quererle.


“Si ya lo sabía yo…” Y si lo sabías ¡por qué no hiciste algo?


“De ti ¿qué se puede esperar?”, Jo como tú que eres mi madre no esperes nada…, ¿quién va a confiar en mi?


“Y tú ¿qué sabrás?” Jo ¡me encanta tu confianza en mi! Pues soy doctorado en mis propios sentimientos, y deseos, de eso nadie sabe más que yo, te lo garantizo, si me escuchas un día te lo demuestro.


“Lo hago por tu bien”, ¡Pues no lo parece! ¿No me podrías preguntar antes, al menos cuando se trate de asuntos de mi vida?


“El día menos pensado me voy y no vuelvo”  ¡Qué miedo!, o ¿lo apunto entre las cosas que son mentira?, o es ¿para que lo diga yo cuando sea mayor para chantajearte…?


“A este niño lo que le hace falta son dos tortas”, bueno, vale, pero a lo mejor con dos abrazos, y un ratito de escucha también me vale, y todos nos sentiríamos mejor después.


“Una torta a tiempo salva ciento”. ¿Y no podría ser una educación a tiempo salva ciento?, porque a lo mejor aprendo que las cosas se arreglan con tortas…

 

“Este niño no se entretiene con nada” ¿Y si probásemos a que me entretenga con alguien? Con algún amigo, o incluso algún día podrías jugar tú conmigo.


“Eres un mimoso”, Pues si, y ¡se está tan bien siéndolo! Si me dieses mimos, yo te los devolvería, ¿jugamos?

 

“El que no llora no mama”, ¿y no podríamos conseguir las cosas pidiéndolas?

 

“Quien bien te quiere te hará llorar”, pues ¡anda que no hay gente que me quiere! ¿No me lo podrían demostrar de otra forma?

 

 

 

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