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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Normas de urbanidad

Recuerdo siempre con cariño, los consejos de mi madre en la infancia, y cómo me contaba que cuando ella iba a la escuela tenían un tiempo en clase dedicado a “las  normas de urbanidad”. 

Tengo que reconocer que me molestan los carteles de “No romper las plantas” o “Prohibido orinar en las paredes” que encontramos en algunos pueblos y ciudades, me parece inconcebible que sean necesarios - y lo serán, ya que si los ponen es porque pasa, ¿Habría que añadir el de no robar, o prohibido matar?

 

Recordemos algunas  normas de urbanidad que deberíamos sembrar en casa para creará un hábito, y que se realicen espontáneamente en cualquier lugar.

 

- Si hay una persona mayor, o una embarazada o una persona con muletas, se le deja pasar delante y se le facilita el paso. Si vamos en el autobús a estas personas se le cede el asiento.

 

- Si  vamos por la acera con la abuela la dejamos la parte más cercana a la pared. Al subir o bajar una escalera deberemos ceder el balaustre a las personas mayores, ancianos, etc.; si no existiera o habiendo de los dos lados se cederá la derecha.

 

Se ayuda a las personas mayores a cruzar la carretera, a llevar la compra, o al menos, ofrecemos nuestra ayuda. 

 

- No se escupe al suelo, ni se tira papeles ni pipas al suelo.

 

- Si veo un cristal en la calle se recoge, porque nos podemos caer y cortar, o podría pasarle a algún amigo nuestro (si somos muy pequeños para recogerlo, se dice a nuestros padres que lo hagan). Si lo recogemos será más fácil que no lo tiremos de adultos.

 

- Cuando alguien habla se escucha, y nunca se interrumpe a un adulto.

 

Se obedece a los padres y otros adultos encargados a nuestro cuidado y no se les contesta ni grita en público.

 

- Se piden las cosas por favor, y se dan las gracias.

 

- El pueblo y la ciudad es de todos, debemos cuidarlo como una prolongación de nuestra casa. Se debe cuidar el mobiliario urbano (papeleras, farolas, contenedores,…). En los recintos cerrados y en los abiertos se utilizan las papeleras y los ceniceros.

 

- Para entrar en cualquier despacho, llamaremos con delicadeza a la puerta si estuviera cerrada y solicitaremos permiso para entrar.

 

Guarda silencio en la iglesia, en los hospitales, en museos.

 

- Por mucha confianza que tengamos en una casa ajena, no diremos ni haremos nada que pueda desagradar, incomodar, molestar a quien nos escuche o vea.

 

- Al entrar en los lugares se saluda y al ir nos  despedimos. Al cruzarnos con conocidos les saludaremos y siempre devolveremos el saludo, preferiblemente sonriendo. También por teléfono, se saluda y se sonríe.

 

- Cuando una persona esté leyendo, no debemos colocarnos cerca para leer el papel o libro que tiene en sus manos o mesa.

 

- Cuando nos nombremos en alguna conversación, nos nombraremos los últimos. (“Don José y yo”, nunca “yo y D. José”).

 

- No se molesta a la hora de la siesta, y si estamos en una casa y se acerca la hora de comer es el momento de irnos. Y nunca se pide nada en otras casas.

 

- Por supuesto nadie debe decir “palabrotas” pero nunca lo debería hacer un niño, es tan indecoroso como un niño fumando un puro en público.

 

- No se hablará nunca al oído.



 

 

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