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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

LAS PEÑAS ¿ A QUÉ EDAD?

¡Ay, las peñas!,  algo muy nuestro que puede aportar buenos momentos y colorido a nuestras fiestas. Pero todo a su edad,  y con su medida.

Hoy, este tema se nos está yendo de las manos. Miren, a los 11, 12, 13 años no son edades de peñas, al menos no con la dinámica de adultos.  No podemos acelerar a los niños; que después de los 13, vendrán los 14, los 15, los 16…, no les adelantemos experiencias, pues más tarde  buscarán otras más fuertes.

 

No podemos adelantar ni la edad  ni los meses de peña. Cada cosa a su momento y en su medida.  Vamos a ver,  si las fiestas comienzan en junio, no puedo empezar la peña en abril,  para  ello hay que implicar a todos: por supuesto la responsabilidad de los padres y los Ayuntamientos que deben regular al respecto sobre el alquiler de locales y sus condiciones de uso. Y la ley se debe cumplir también dentro de las peñas, y si un niño de 12 años no puede consumir alcohol en un bar en una peña tampoco (Es muy triste ver a niños de menos de 16 años vomitando la borrachera durante y antes de las fiestas).

 

Hay algunos aspectos de civismo que deberían respetarse: Ni pueden estar molestando con ruido a deshora durante dos meses, ni  los Ayuntamientos pueden programar lo más atractivo para los niños jóvenes, a horas intempestivas. No sólo debe haber diversión durante la noche.

 

Otro aspecto a destacar, es el dinero del que disponen los niños en estos días, debe estar en consonancia con la edad, la situación familiar, y el merecimiento de nuestros hijos: No podemos pagar 80 euros por un traje de peña, otros 100 de alquiler  del local y luego otros 100 euros para las fiestas, con 13 años.  Ni pueden gastarse un dinero, cuando sus padres se han de apretar el cinturón en el día a día; ni un niño que ha suspendido cinco asignaturas, puede tener el premio de gastarse los citados 300 euros en las fiestas. ¿Entonces para que se va a esforzar?.

 

Y por último: los padres, los tíos, los hermanos mayores… deben cuidarse de “mitificar y contar bravuconadas en torno a este tema”: “Menuda  borrachera descomunal”, “Vaya pelea fantástica”, “¡Qué broma pesada le hice a uno!”…, ya que nuestros hijos intentarán imitarlo. ¡Ah! Y los padres, a cierta edad, ya no estamos para borracheras graciosas, la responsabilidad que nos exige la paternidad nos empuja a otros modelos de ocio más saludables.

 

Tampoco podemos dejarnos convencer por los argumentos que dicen los hijos de “Todos van”, “Sois los únicos que lo prohibís”, “Me van a dejar fuera del grupo”. En nuestra casa las normas las ponen los padres, hay que tener personalidad para ser padres, si queremos que la tengan nuestros hijos. Remar contracorriente no es fácil, pero fortalece.

 

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