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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Entre hermanos

Las relaciones entre hermanos son muy especiales. Los primeros lazos son los que formamos con nuestros hermanos y hermanas. Nadie más comparte nuestra misma historia familiar.

Uno de los mayores deseos de todos los padres es que sus hijos se lleven bien. Uno de los mayores regalos que podemos hacer los hijos a los padres es llevarnos bien. Al ayudar a sus hijos a apreciar y respetar a sus hermanos, les está dando un gran regalo—tener un amigo de por vida. A veces, por vicios adquiridos, por posturas egocéntricas o egoístas, por problemas de inmadurez o por asuntos no superados o enquistados en la infancia hace que la relación entre hermanos no sea fácil.

 

Muchos de los problemas entre hermanos en edad adulta se generan en la infancia. Los padres se pueden convertir en cuñas o en puentes: cuñas que abren grietas  y separan a los hermanos o puentes que los unen. Dentro de las dificultades de ser padres,  el ser justos en el trato de los hijos es una de las misiones más difíciles. Partiendo de que cada hijo es distinto, y que necesita un trato diferenciado, debemos esforzarnos en ello. Divida los quehaceres de manera justa, si tiene que intervenir en las discusiones de los niños, escuche todos los puntos de vista, dé a los niños privilegios apropiados para su edad.

 

A menudo, si nos paramos a pensar, siempre sale el mismo hijo mal parado. Suele ser el mayor “el que paga el pato”, ya que los padres tenemos la tendencia a proteger al menor, o al que más grita o el que más llora.

 

Qué podemos hacer  o cosas que ayudan:

 

En primer lugar los padres debemos tener un tiempo en especial y exclusivo para cada hijo, un tiempo de bis a bis, un  tiempo de escucha atenta.

 

Cada uno debe ser respetado y querido tal y como es, diferenciado del otro y valorado. Los celos no son sino el intento por parte de los hijos de buscar esa aceptación. La educación debe ser un traje a medida. Los padres nunca debemos comparar a los hijos, y mucho menos si uno de ellos sale perjudicado. El tener un hermano listo puede ser una puñalada para el hermano menos aventajado, se le comparará en la escuela, con los amigos, e incluso en casa, intente ver lo mejor de cada uno que seguro que lo hay (¿qué culpa tiene un niño de ser más torpe que su hermano?, a lo mejor tienen algo de culpa los padres). Esto puede resultar frustrante para el hijo. “Mi hermano siempre hace las cosas bien y yo...” También pude ocurrir las hazañas del más “pequeñín”, machaconamente repetidas una y otra vez por los padres, pueden resultar insufribles para el más mayor.

 

Cada niño necesita su propio espacio vital, su rincón donde pueda estar solo, sin que su hermano le estorbe o le moleste, pero en casas con un espacio limitado y esto no siempre es posible, por eso se hace necesario que se impongan una serie de reglas para que no interfieran. Por ejemplo, si uno está durmiendo debe respetarse su sueño, igual que si uno quiere estudiar, no debe alborotarse a su alrededor,  si uno está viendo su programa de televisión, hay que respetarle, o se pueden repartir los días de la semana para que cada día elija uno el programa que quiere ver .

 

“Ser el mayor siendo aún pequeño” es una verdadera faena, y mucho más si es el mayor de tres hermanos, ¿se imaginan a un niño con cuatro años siendo el mayor de los hermanos, y que encima le digan “bueno, tú que eres el mayor les tienes que cuidar”?, “Yo, el mayor con 4 años, cuidar, ¿a quién? ¿a ese que me ha quitado el protagonismo y me ha robado el cariño que tenía en exclusiva de mi padre?, ¡anda allá! ¡Qué le cuide su abuela..! Bueno no, que si no tampoco me cuida a mí.” Yo dimitiría de ser el hermano mayor.

 

Nunca debemos decir a un hermano que vaya a pedirle algo negativo al otro: di a tu hermano que tire la basura, o que ponga la mesa, o pregúntale que si ha hecho los deberes, (se convertirá en la excusa perfecta para comenzar la pelea) Cuidado también con pedir a un hermano que le explique algo a otro, eso es asumir que sabe más que yo, y aunque haya diferencia de edad no siempre se acepta. Hágales transmisores de buenas noticias: “pregunta a tu hermano si quiere una galleta”, “dile que si quiere venir al cine”.

 

Los padres podemos buscar juegos no competitivos donde todos se diviertan, o si lo son hacer que los niños vayan juntos contra los padres.

 

Tampoco debemos olvidar al “hermano sándwich”, el del medio, que ni tiene los privilegios de ser el mayor, ni los de ser el pequeño, y es el gran olvidado.

 

Para poder fomentar el vínculo afectivo entre hermanos es imprescindible no castigar sólo a uno, ya que cuando hay una pelea tan culpable es el que provoca como el que salta. Y borremos la coletilla de “¿qué le has hecho a tu hermana?” pues muchos hermanos pequeños saben sacar partido de esta condición de “inferioridad”. Se programa un espacio de "tiempo- muerto" como en el baloncesto, en el que los hermanos se van cada uno a su "rincón de pensar". Cuando sea posible, no se mezcle en las peleas de sus hijos. Elogie a los niños cuando resuelvan sus discusiones.

 

Respete la privacidad de su hijo. Cuando tenga que castigarlo, hágalo a solas usted con el niño en un lugar tranquilo y privado. Nunca castigue a un hermano delante del otro, puede provocar una risa interna.

 

Cuando los hijos crecen aparecen nuevas “cuñas”, como pueden ser las familias políticas que pueden hacer que se resquebrajen las relaciones por culpa de interferencias emocionales entre los hermanos. Madurez y diálogo en la pareja suelen ser las mejores recetas

 

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