Silueta guisande original

Pues vale...

Manuel Guisande
Blog personal de Manuel Guisande, periodista gallego con amplia experiencia en medios tradicionales y desde hace unos años también a través de bitácoras personales y colaboraciones con medios digitales españoles.

Una buena fórmula para vender libros, aparte de morir

Estaba yo pensado que como no se lee, como nadie compra libros... ¿y si en vez de escribir y vender libros vendo litros/libros?. Sí, litros, litros de lo que sea con artículos diluidos, te lo bebes e igual te queda algo, por lo menos te tendrás que leer la etiqueta del envase, supongo.

 

No sé, a lo mejor así las editoriales salen adelante y nosotros no nos morimos de hambre o pasamos de la triste mortadela (el fiambre pobre del ultramarinos) y alcanzamos el éxtasis con una loncha de jamón; ya sabes, un pequeño paso para el hombre pero uno inmenso estomacal.

 

Yo creo que esta puede ser la solución mientras vas pagando el féretro a plazos. Vas a una litro/librería y dices: «Me pone un litro/libro de Guisande, cualquier litro/libro, que es para que no muera», y el vendedor que te aconseja: «Pero mire bien, que ese... ese se sube mucho, coloca una barbaridad, yo le aviso».

 

Y tú, que eres un buen tipo, contestas: «Ya, pero deme un litro/libro del Guisande ese, que ayer lo vi y está el pobre de delgado... no creo que pase de este invierno, no creo, no, no». Y entonces, pues te sirven en el mostrador un litro/libro y te pegas unos lingotazos a morro mientras lees la etiqueta.

 

Además (hombre sé que es jugar un poco con los sentimientos) cuando vayas a una librería no te encontrarías con las típicas cubiertas de libros/litros con los títulos, sino con toda una serie de fotografías de los autores en la pared, en fila, a cada cual más esquelético por orden de peso, y según quien veas más demacrado...  «deme un litro/libro de ese Fernández Ridueño, que pone que mide 1,80 y pesa 44 kilos». Y entonces el vendedor, que baja la cabeza y dice: «Perdone, acaba de morir, y cuando entró usted iba a retirar la fotografía, pero...».

 

Entonces, pues ya no pides por autores, sino por kilos: «Para una fiesta de diez... para una fiesta de diez.... póngame dos litros/libros de 44 kilos, otros tantos de 55 y cuarto y mitad de 67, que ese aún bien aguanta unos meses», y añades «Perdone, y este de 1,90 y 20 kilos, y ese otro de 1,94 y 25 kilos...», y el vendedor, que es un profesional, te dice: «Ah!!, es que esta usted en la sección de Clásicos, ya fallecidos, que son los de la temporada pasada».

 

Y oye, te llevas la litrada/libro esa, algún clásico para que reciban algo los herederos (lo digo porque se dan casos de escritores que pueden alimentar a sus hijos), lo pasas que ni Dios en la fiesta, y nosotros... pues nosotros comemos y pagamos el féretro en un plis plas ¿no?, que también morir y dejar deudas...

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