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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Violencia estructural de género

La libertad del hombre no es un absoluto. En nombre de la libertadno se puede hacer todo lo que uno desee. Un ciudadano, en uso de su libertad, no puede insultar y calumniar a otro, ello atentaría contra la dignidad de la persona. Un individuo no puede, en el ejercicio de su libertad personal, entrar en un domicilio y robar. Tampoco podrá conducir sin respetar las normas de circulación. La libertad ha de ir siempre de la mano del respeto a los derechos humanos y, el primero de todos ellos, de donde emanan el resto, es el derecho a la vida. Pero hoy existe una estructura social y legal que impide el respeto a este primer derecho inherente a cualquier persona sea judío, serbio, musulmán, negro, rubio, disminuido, nacido o no nacido. Prueba de ello podrían ser estos relatos ficticios que acontecen cada día en cualquier lugar de nuestra geografía.

!No te vayas, mamá!

Salió de casa sintiendo que su corazón se desgarraba.Eran las seis de la mañana ysabía que tenía, que debía seguir trabajando. Suescasa nómina apenas les permitía vivir con lo justo. Cerró la puertacon cuidado. Su pequeñín y su marido, Juan, que acababa de terminar el turno de noche, dormían. También estaba su madre que leía una revistamientras esperaba que amaneciera.€œ!Cómo le vas a llevar a la guardería, yo todavía puedo echarte una mano!!Faltaría más!€ El ofrecimiento de su madre alivió las cuentas de la familia; cada pago era un reajuste del saldo mensual. Ese día se cumplieron las dieciséis semanas de la baja por maternidad y Sara cerró la puerta sigilosamente, llevaba su corazón y su vida en un puño.Un sinfín de afectos y sentimientos golpearon su cuerpo y su alma. Quiso volver atrás, desandar sus pasos€Ś

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Sala blanca de hospital

Llegó sola, asustada, temblorosa. Nadie sabía dónde iba ni qué estaba maquinando. Dudó, pero al final abrió la puerta de cristal de la clínica. Las paredes blancas y el mobiliario de última generación vestían la sala de espera. Entró sola y sola seguía. Sentía una desprotección absoluta, negra, mortal. Pasaron cinco minutos y nadie entraba. Desolada salió a la calle y sacó un cigarrillo. €œÂżFuego?€ le ofreció un desconocido al tiempo que dibujaba una sonrisa en su rostro. Lo encendió€Ś el extrañopermaneció quieto a su lado, mirándola. €œ!No quiero hablar con nadie!€,tiró el cigarro y lo pisó con rabia. €œÂżCómo le vas a llamar?€ le preguntó al tiempo que ofrecíaa la chica una mirada compresiva y paciente. Ella la eludió de forma instintiva. €œNosotros podemos ayudarte; no estás sola€. Silencio. Duda. Ruido de coches que vienen y van€Ś

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Screening

Sentados y con sus manos unidas esperaban angustiados la explicación del informe del facultativo. Los diplomas, títulos y reconocimientos no dejaban hueco en la pareddel despacho. El ginecólogo miró a los ojos de la mujer y ella, sin más, rompió a llorar; lo intuía. €œEl screening €“confirma el doctor€“ indica una probabilidad del 99% de una anomalía cromosómica numérica, una aneuploidía. Disponemos de una sala privada para que, antes de tomar una decisión, puedan hablarlo entre ustedes. Si lo desean, conozco una clínica que puede ayudarles en estos momentos€Ś€

El matrimonio sale del despacho, dando la espalda al médico y sin despedirse. Se deja oír un grito de rabia contenida: €œ!Vámonos! Yo quiero tener a mi beb逝.

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En la oficina del marido

La pequeña corretea por el pasillo de la casa,al tiempo que esparce sus juguetes sin orden y descuidadamente. Su padre la observa y contempla sus rizos dorados mientras recuerda aquel día, ese día que siempre tendrá impreso en su memoria.

€œVen, estoy en urgencias, me ingresan por deshidratación y parece que estoy manchando.€ Silencio. Ninguno se atreve a hablar.€œNo te preocupes €“continuó su mujer€“ el bebé está bien, lo han monitorizado y su corazón late con normalidad€. Estas últimas palabras le tranquilizaron. Antes de salir, pasa por el despacho de su jefa para comunicarle que debe irse con su mujer. Esta  matiza: €œYa sabe usted, lo primero es la salud de la madre y ahora es muy fácil. Además, lo cubre la seguridad social€. Salió nervioso y lleno de ira; no se despidió. Le costó, pero pudo, al cabo de un rato, dejar de pensar en la macabra sugerencia€Ś Elevó una súplica y se concentró en su mujer y en su hija.

Tres años después, la chiquitina seguía utilizando el pasillo como un circuito de obstáculos.Sin pensarlo dos veces salió corriendo detrás de la inquieta criatura, la abrazó con fuerza y le dio un cariñoso beso en la frente. A pesar de las dificultades, hoy es la alegría revoltosa de la casa.

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Conclusión

Las complicaciones para la conciliación de la vida familiar y laboral, los embarazos imprevistos, la presión de la €œperfección sanitaria€ o el ambiente social proclive al aborto son una muestra palpable de que existe una violencia estructural de género impregnada en nuestra cultura social.

En una €œsociedad democrática€la ley reconoce el derecho al aborto pero, aunque las mayorías parlamentarias lo legalicen, siempre será un mal, un fracaso, un error.Así, una mayoría social convenientemente adoctrinada puede apoyar algo que objetivamente es un mal. La €œsociedad democrática€, lo constatamos a diario, ejerce de esta forma una violencia estructural de género que presiona a la mujer cuando está embarazada. De ahí que, se ha de superar el concepto de €œsociedad democrática€ydejar paso a un nuevo estilo de sociedad cuyo centro sea el hombre, varón y mujer. Así, una €œsociedad humanista€ aceptará a todas las personas sin importar condición, situación o procedencia.Una €œsociedad humanista€ será realmente libre, porque después del derecho a la vida le sigue, de hecho y de derecho, la libertad.Esta €œsociedad humanista€ reconocerá que el derecho a ser madre fortalece a la mujer en cuanto que es mujer y facilitará todo tipo de apoyos que llegue a ser lo más bello que puede ser: madre.

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