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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Matrimonios estables, sociedad viable

El matrimonio, la vida y el derecho de los padres a educar a sus hijos en libertad son los problemas actuales que afectan no sólo a la familia sino también a la sociedad en su conjunto. Esta semana he recibido diversos artículos y estudios cuya tesis es muy clara: el principal problema de España es estructural y de fondo porque, en las últimas décadas, se ha demolido la base segura de toda sociedad: la familia cimentada en el matrimonio.

Esas reflexiones coinciden en tres aspectos: Un matrimonio estable tiene menor coste al sistema sanitario, es más saludable (Coleman y Gleen, 2009); unos padres implicados en la educación de sus hijos y en colaboración con la escuela avalan su éxito académico (Redding 2000); una familia numerosa es la mejor fuente de riqueza de un país (Blanco Rodríguez, 2010).

Sin embargo, estas verdades de Perogrullo y tan obvias como que un mendrugo de pan sacia el hambre, en ciertos sectores ideológicos españoles no se quieren mentar. No hay peor ciego que el que no desea ver. No obstante, parece que se atisba una voluntad de cambio y que se están tomando decisiones administrativas o iniciando nuevas medidas legislativas que traen un aire fresco. Ello permite un cierto optimismo. Aún así, esa voluntad de cambiar algunas cosas no me parece suficiente, se necesita abordar el problema desde la raíz.

Ese problema esencial, que parece asumido como algo insalvable y que afecta de forma decisiva a la familia, a las personas y a la sociedad en su conjunto, es la falta de apoyos de todo tipo en ayuda a la estabilidad del compromiso matrimonial. La sociedad ha aceptado, como axioma básico, que el fracaso del matrimonio, que la ruptura del compromiso, es una opción normal frente a las dificultades que puedan surgir en el ámbito de la vida matrimonial. Es más, es la primera solución ante las dificultades familiares.

Cuando una empresa tiene problemas económicos, antes de su disolución, la ley prevé múltiples opciones para darle viabilidad: concurso de acreedores, regulación de empleo, venta de activos, inyección de dinero mediante una recapitalización en bolsa, las absorciones o asociaciones empresariales, la diversificación de productos, el cambio en la gestión de los recursos€Ś En cambio, cuando un matrimonio acude a un servicio de €œmediación familiar€, en general, lo primero que se le ofrece es la gestión administrativa de los trámites de disolución matrimonial. Además, el marco legal español facilita esta disolución inmediata, sin motivo alguno y sin un tiempo adecuado para la reflexión que permita evaluar las posibles consecuencias.

Asimismo, da la impresión que se olvida que las empresas más rentables y productivas de un país son todas y cada una de las familias cuyos cónyuges, varón y mujer, están comprometidos con la educación de sus hijos. Esta alianza entre un varón y una mujer se formaliza, desde el punto de vista del derecho civil, en el compromiso matrimonial que lleva implícito un proyecto de vida compartida y proyectada en los hijos.

Por ello, es preciso y urgente que los futuros cónyuges que lo deseen, puedan contar con un marco legal que les proteja a ellos y a sus hijos. Así, a la hora de decidir establecer una familia sus hijos cuenten con la garantía legal y la firme decisión de sus padres de que no les abandonarán a la primera de cambio. En la mayoría de los casos, cuando una mujer o un varón se acercan con ilusión al juzgado, a un ayuntamiento o a un notario para contraer matrimonio, no son conscientes de que el marco legal actualmente existente no protege esa voluntad y deseo de entrega mutua. Son muchas las parejas de jóvenes que, al platearse como proyecto de vida formar una nueva familia, lo hacen con la convicción de que esa mutua entrega sea el origen de una unión comprometida y estable en la que puedan nacer y desarrollarse unos hijos y en la que ellos, los esposos, puedan avanzar en la búsqueda de una felicidad mutua.

Como indica Blanco Rodríguez (2010) al demandar €œla protección del matrimonio y de la familia no se pide una ley que haga una injerencia en lo afectivo-sexual, sino todo lo contrario, que proteja precisamente la relación que produce ese efecto de altísimo interés general: el nacimiento de los hijos. La atracción entre un hombre y una mujer es la puerta de entrada al matrimonio, pero no es lo que lo constitutivo del matrimonio.€ Lo esencial del matrimonio es la alianza y el compromiso mutuo entre un varón y una mujer que se proyecta hacia el futuro y con la firme intención de permanecer estable. El fruto de esa alianza será la felicidad de los cónyuges y la certeza transmitida a los hijos de una vida segura bajo la protección paternal.

Un dato. En los últimos años el matrimonio civil, contraído entre un varón y una mujer, ha sido sometido a referéndum en 32 estados americanos. En los 32 se rechazó otro tipo de unión matrimonial que no fuera la heterosexual. En algunos de estos estados, además, existe un matrimonio voluntario de carácter civil que exige mayor compromiso: el matrimonio alianza.

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