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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Matrimonio, ¿algo más que la unión de un hombre y una mujer? (Parte II)

La cohabitación, la unión de hecho o el €œmatrimonio€ a prueba son las opciones habituales por las que optan los jóvenes españoles, retrasando el matrimonio civil para una etapa posterior. Si bien, se desconoce que los últimos datos revelan que 3 de cada 4 parejas, que se casan y han convivido previamente al matrimonio, se divorcian antes de cumplir cinco años de casados. Conozco alguna que, después de pasar por el juzgado, no duró más de un mes después y llevaban siete años viviendo juntos. Por ello, me vuelvo a preguntar Âżsatisface la ley 13/2005 a todas las parejas que acuden a un juzgado a registrar su amor?
Querido lector, te pido licencia para realizar una arriesgada comparación. Los expertos en temas de educación hablan de tres modelos de enseñanza: la €œformal€, la €œno formal€ y la €œinformal€. Creo, sin ningún riesgo a equivocarme, que esa misma tipología la se puede encontrar en las relaciones de pareja. El primer caso, la educación reglada o formal, se podría relacionar con el matrimonio €œformal€. El tipo de enseñanza formal conduce a un título académico reconocido, establece unos requisitos mínimos y marca unos plazos a seguir. De esta misma forma, el matrimonio civil conlleva una acreditación que cambia el estado civil, requiere una edad mínima e implica compromisos, deberes, obligaciones y derechos, así como un tiempo y términos jurídicamente establecidos.

Por otro lado está la enseñanza €œno formal€, aquella que no conduce a títulos académicos y, aunque no exista escrito legal alguno que obligue, se asumen voluntariamente una serie de compromisos. A veces esta educación se denomina €œextra-escolar€ y suele desarrollarse al margen de la reglada. No obstante, posee una cierta estructuración y organización. Tal es el caso de la formación que se recibe en los partidos políticos, los sindicatos, la catequesis de las iglesias, las conferencias abiertas€Ś Este sería el caso de las relaciones €œno formales€, las parejas de hecho, la cohabitación o el €œmatrimonio€ a prueba. No existe acreditación formal por escrito ante juez, notario o concejal y, aunque se carece de compromiso público, se asume voluntariamente y de forma privada una serie de obligaciones: compartir casa y tareas, regular la convivencia diaria en común, respeto del otro€Ś

Finalmente los pedagogos hablamos de la enseñanza o la educación informal, aquella que se recibe por ósmosis, a través del entorno, sin intención inicial de aprender. Se adquiere a través de los medios de comunicación, de la pandilla o los amigos. Este nivel educativo lo podríamos asemejar a las €œrelaciones de pareja informales€. No quiero confundirte, querido lector, con el noviazgo, tiempo en el que antes del compromiso y de la entrega, se procura un conocimiento recíproco que lleva a una decisión de donación en compromiso. No, más bien me refiero, como diría alguno, al €œllámalo simplemente sexo€, hoy aquí, mañana allí. Esta noche con uno, mañana con otro€Ś El €œcarpe diem€, el aprovechar el momento si la circunstancia se presenta proclive. Es el caso de las relaciones esporádicas de intercambio sexual, como si de un juego se tratara, en una noche de fiesta: amoríos informales y sin compromiso alguno.

He de reconocer, que como toda comparación tiene sus deficiencias. El paralelismo que he realizado tiene el único fin de explicar, aclarar y poner de relieve el valor del compromiso del matrimonio. Es cierto, las formas educativas, por un lado, y el matrimonio, por otro, son realidades humanas muy distintas, diversas y sumamente complejas.

Sin embargo, a la luz de esta tipología, se puede concluir que el buen gobernante deberá preocuparse y ocuparse por propiciar, fomentar y proteger aquellos estilos de vida que aporten más al bien común y que generen menor coste social. Si algo le interesar a nuestra sociedad civil es que haya muchos matrimonios €œformales€ y €œreglados€ porque, según aclaran todos los estudios de investigación, son los que menos acuden a los servicios sanitarios, los que más apoyan a las personas dependientes, los que proporcionan afectos y seguridad estable en el desarrollo evolutivo de la persona, los que más consumen en necesidades básicas y fortalecen la economía productiva, los que tienen más hijos y éstos, además, poseen un menor índice de fracaso escolar€Ś De todo esto ya he escrito en varios post de este blog.

Ahora bien, Âżbasta formalizar un matrimonio civil para conseguir que este sea un bien para la sociedad? Es cierto que los cónyuges, cuando se comprometen en el vínculo del matrimonio mediante un rito civil o religioso, se manifiestan públicamente su intención de amarse, respetarse, ayudarse y cuidar de la prole€Ś ÂżEs suficiente esta intención inicial? ÂżEl matrimonio es un simple contrato escrito en el que se intercambian objetos, compromisos e intenciones€Ś entre dos personas? ÂżQué es lo que los cónyuges ponen en juego al formalizar públicamente su alianza?

La semana que viene trataré de seguir dando respuestas a estos interrogantes.

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