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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Matrimonio, ¿algo más que la unión de un hombre y una mujer? (Parte I)

El Foro de la Familia pondrá en marcha en el próximo otoño una nueva Iniciativa Legislativa Popular, ILP, con el fin de fortalecer el matrimonio entre personas de diferente sexo. ÂżEs necesario reabrir el debate sobre el matrimonio y la familia? ÂżLa sociedad necesita jóvenes que se comprometan y funden nuevas familias? ÂżEs posible en época de crisis tomar la decisión de casarse? ÂżQué es mejor, una unión de hecho o un matrimonio civil?
Hablar sobre la importancia y la contribución que los matrimonios ecológicos, estables y naturales aportan a nuestra sociedad es algo no sólo necesario, se constituye como algo imprescindible en estos momentos en que sólo la familia resiste en embate de la crisis. Por ello, Âżqué significa el €œcontrato€ matrimonial para un chico o una chica? ÂżQué repercusiones sociales tiene? ÂżEs sólo un contrato de dos ciudadanos sin transcendencia social, humana y económica? ÂżSería posible que se prescribiera un curso civil de preparación al matrimonio?

Vamos por pasos. Viene siendo una costumbre en las últimas décadas €œprobar el matrimonio€ antes de celebrarlo, es decir, empezar por una unión de hecho y luego, si funciona, se acude al juzgado o al ayuntamiento para €œdar el salto€ al matrimonio.

Se podría decir que, desde el punto de vista jurídico, la unión de hecho, la cohabitación o el €œmatrimonio a prueba€ consisten en un intercambio de consentimientos mediante un acuerdo verbal o escrito. Este tipo de uniones tienen generalmente un carácter privado y no formal, dependiendo de si se decide pasar por el registro o no. Por otro lado, si se analiza estos €œacuerdos€ desde una perspectiva fenomenológica, se descubre que, entre los jóvenes que optan por esta opción, su compromiso es parcial en el tiempo, no es un para siempre, ni tampoco en todo momento. Además, el hijo, si llega a venir, se convierte en un serio problema, ya que supone un incremento del vínculo de forma imprevista y merma la €œlibertad€ inicial de la pareja. Así, cabe pensar que se está utilizando a la otra persona como un objeto mientras cubra las necesidades, satisfaga los deseos y esté a la altura de las expectativas. De ahí que, cuando la cosa se complique, €œapaga y vámonos€: uno con la casa y los muebles, el otro con el ordenador y el coche€Ś y el hijo, si es que se presentó sin llamarlo, Âżcon qué tipo protección social y jurídica quedará? Los que han pasado por este tipo de uniones son conscientes de la continua tensión que les supone. Viven en la perenne sospecha de que el otro incumpla algún término del acuerdo y cada día se convierte en un incesante maratón de obstáculos o en un examen de méritos a validar al final de la jornada.

Ahora bien, existe una segunda opción, el matrimonio civil regulado en la Ley 13/2005. No obstante, si analizamos detalladamente los artículos relativos al matrimonio y en comparación con la unión de hecho, lo establecido por el legislador no va más allá del gasto económico derivado por la celebración social de la €œboda€. Esto es así porque tal y como ha quedado configurado el Código Civil, los cónyuges pueden disolver su contrato a los tres meses y de forma unilateral. Basta la subscripción de un acuerdo regulador que determine la custodia de los hijos, si los hubiere, el uso de la vivienda y la pensión compensatoria en su caso.

Por ello, parece y es razonable que quien quiera casarse con voluntad sostenible en el tiempo, tenga otras opciones de compromiso para su alianza o pacto matrimonial. Así, muchos hombres y mujeres, que se casan por lo civil, tienen la firme intención de entregarse y compartir su tiempo en plenitud. Desean escribir, con su bagaje histórico-cultural y sus expectativas de futuro, unas páginas de un presente vivido en €œcomún unión€. Además, su intención es entregar al otro todo lo que son, su ser, su cuerpo y alma, su toda su persona, como don mutuo y recíproco. Fruto de este amor abierto y total nacerán sus hijos, signo de su unidad indivisible y significado del misterio de su amor.

Por ello, la promesa de entrega y donación personal que el hombre (varón) y la mujer se hacen en el €œcontrato matrimonial€ ha de ser elevada a un pacto de alianza que no pueda ser disuelto unilateralmente. El €œyo€ y el €œtú€ se convierten en un €œnosotros€ para siempre. €œAmans amato bonum velit€, expresión latina que el profesor Livio Melina traduce como: €œel amor consiste principalmente en el hecho de que el que ama quiere el bien para el amado€.

Querido lector sopesa y valora estas reflexiones. En ellas se pone de relieve que existen diversas realidades y varios niveles en el compromiso matrimonial, y esta es una cuestión de diferencia que el código civil ha de reconocer y formular. Así, los jóvenes que deseen fundar una nueva familia y un nuevo hogar tendrán la oportunidad, que ahora carecen, de elegir libremente y conscientemente aquello que sea lo mejor para ellos.

Esta visión del matrimonio supone algo más que un simple contrato civil a dos partes. Además, existen terceras personas físicas implicadas en esa unión que no están presentes en el acto público del contrato. Y por si fuera poco, el futuro de nuestra sociedad está en juego y pasa por jóvenes valientes y generosos que tengan la intención de ser padres responsables€Ś Por ello, la sociedad civil ha de ayudarles en esta tarea.

!Nos vemos la semana que viene!

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