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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Los pollos y los hijos

El domingo pasado mi hijo estaba esperando fila en una tienda de pollos asados. Había mucha gente y el sol imperaba en ese mediodía del mes de julio salmantino. Tenía el encargo de comprar dos pollos y una ración de patatas. Mientras esperaba, prestó atención a las conversaciones que estaba manteniendo la gente que junto él guardaba su turno.

Al llegar a casa, ya sentados a la mesa, me preguntó: "¿sabes lo que estaban hablando dos personas en la fila?" -No, dime- le dejé tiempo para que hablara. "Uno de los señores le comentaba a otro que los hijos son un estorbo, por más que estés con ellos, nunca te ayudan ni te corresponden".

 

Y luego, dirigiéndose a él, le dijo: "chico, sabes, nunca tengas hijos, te harán un desgraciado."

 

Mi hijo hizo una pausa y añadió esta sabia reflexión: "Todo depende de cómo sean los hijos y como sean los padres".

 

El valor de un hijo depende del valor que demos a la paternidad. En la sociedad individualista del estado de bienestar se valora más la satisfacción personal que la felicidad de nuestros seres queridos. Cada vez que puedo, a tiempo y a destiempo, hablo de la necesidad de que haya muchas familias numerosas. La mayoría me contestan "yo ya he cumplido, tengo la parejita". La experiencia de la hermandad en el seno de una familia numerosa marca la diferencia. Se comparte lo que es personal y se pone al servicio de todos. Se dedica tiempo a los demás quitándolo del propio tiempo de descanso y de juego. Se ayuda los hermanos y se resuelven disputas, se aprende de manera sabia el valor de la vida y del respeto. Se reparte lo que hay en la mesa aunque sea escaso. Se vive la alegría, la risa, la felicidad, la entrega, el tiempo personal es tiempo para todos y la alegría de uno es alegría de todos.

 

El tercer hijo rompe los vértices del cuadrado y los suaviza; ya no es uno para papá y otro para mamá; cuantos más hijos más se aproximará el polígono al círculo, allí las relaciones fluyen con más espontaneidad y son más sanas.

 

Sí, hijo, todo depende de cómo sean los padres, pero mucho me temo que también de cómo sean los hijos, ellos siempre pueden inspirar a los padres.

 

En la escena del hecho que describo en este post se vislumbra perfectamente dónde está el hijo y dónde se sitúa el pollo. ¡Ojalá todos seamos el hijo!

José Javier Rodríguez

Blog Perspectiva de Familia en Tribuna de Salamanca

www.forofamilia.org
@jjrs_sa

Comentarios

Niño 12/01/2015 00:55 #3
Ahora en las familias,según los valores veo que la mitad unos tiran hacia fuera sin responsabilidad, otros hacia adentro ayudando con cariño. Es la balanza de la comprensión y la formación, son los deberes de los padres que orientan los futuros.
José Luis Amat 02/08/2014 15:04 #2
Desgraciadamente, muchas personas opinan que los hijos son un estorbo. Es lo que tiene una visión de la vida sin Trascendencia y egoísta. Es el momento de arreglarlo.,.
Vicente 01/08/2014 00:19 #1
¡Qué tristeza de vida! Si le estorban hasta sus propios hijos, seguramente a aquel hombre le molestará todo en la vida. Quizá el problema no esté en los hijos y en el entorno, sino en él mismo. De nuevo interesantes reflexiones, José Javier. La familia como solución, no como problema. La familia, especialmente la numerosa, como lugar de convivencia y de humanidad. La familia, escuela doméstica, donde todos enseñamos y todos aprendemos: cuantos más somos, más aprendemos.

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