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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

El matrimonio vale la pena

¡Hasta Pixar lo expresa de forma formidable en uno de sus cortos!

Me sorprendió una maravillosa historia de amor que recibí hace unos días en el resumen semanal de mercatornet.com. Un matrimonio nonagenario salió del pueblo para ir a la ciudad a festejar Thanksgiving con sus hijos. Gordon y Norma no llegaron a celebrarlo porque un accidente de coche truncó sus planes.

Sus hijos contaron el final de una vida plena y henchida de cariño y narraban como los médicos, cuando se dieron cuenta que ya no se podía hacer nada por salvar la vida, decidieron salvar el amor. Llevaron al matrimonio a una misma habitación del hospital y situaron las camas juntas, una al lado de la otra. La escena presuponía el desenlace y los hijos lo sabían. Gordon extendió la mano izquierda y Norma se la sostuvo con la derecha. ¡Cuánto amor y cuánto perdón había en esa escena!

A las 3.38 murió Gordon, había dejado de respirar, pero el monitor indicaba que su corazón seguía latiendo. La enfermera explicó a los hijos que el corazón de su padre recogía el latido de su mujer a través de la presión que esta ejercía sobre su mano. Norma murió una hora más tarde.

En otros post he procurado argumentar desde la razón, buscando razones razonadas entendibles y comunicables, sobre el valor del matrimonio, aportando diversos motivos sociales, humanos, económicos, antropológicos y biológicos de la importancia del matrimonio. En este, lo estarán observando los seguidores habituales del blog, hablo al corazón y desde el corazón.

Según escribía estas líneas, @imanuelnu, en respuesta a un tweet que yo acababa de lanzar a la red sobre un artículo de @Nuriapsi, me contestó: “para poder amar es necesaria la comunicación y la capacidad de perdonar”. Al rato, @Nuriapsi continuó la conversación: “si supiéramos la cantidad de distorsiones cognitivas que hacemos y reparáramos en ellas, se evitarían la mitad de los divorcios”. No tardé en hacer RT a los dos mensajes.

Cuando un matrimonio se olvida de lo que tiene por delante y se obceca en reinterpretar continuamente el pasado, no vive el amor. Cuando un matrimonio deja de ser un “nosotros” para convertirse en un “yo” y un “tú”, no vive el amor. Cuando un matrimonio olvida su origen, el sí incondicional de su alianza, los motivos de su unión, no vive el amor. Cuando unos amigos alientan a alguien a romper una unión matrimonial, no merecen el nombre de amigos…

El amor humano nace del corazón pero madura con la razón y con la voluntad. El amor a veces ciega, eso no es amor. El amor a veces hiere y maltrata, eso no es amor. El amor a veces se acaba, eso nunca fue amor.

En ocasiones, unos esposos se encuentran inmersos en un laberinto y no son capaces de atisbar su salida, pierden el horizonte. El problema les absorbe y les desborda de tal manera que deciden buscar la solución por separado. Mayor error aún, porque para que el matrimonio perdure, los cónyuges han de encontrar la salida a la encrucijada los dos al mismo tiempo, esperándose el uno al otro.

Cuando un explorador se pierde en un laberinto necesita la ayuda de alguien que, desde una atalaya, descubra el misterio y le oriente en la salida. Es ahí donde muchos profesionales de distintos ámbitos pueden ayudar: los Centros de Orientación Familiar, los gabinete de Psicólogos o los mismos abogados matrimonialistas… Un buen consejero no está implicado emocionalmente con ninguno de los cónyuges. Así, el entorno familiar y los amigos pueden apoyar, pero nunca implicarse en el problema, lo agravarían.

Muchos matrimonios se rompen, nos dice Nuria Costa, porque desconocen la cantidad de distorsiones cognitivas que se emplean como recursos en la comunicación diaria. Aconsejaría la lectura pausada de su artículo.

El matrimonio no tiene fecha de jubilación. El matrimonio no es un contrato que se pueda romper unilateralmente con 22 ó 45 días de indemnización. El matrimonio no es sólo un contrato sujeto a la ‘arbitrariedad’ de la norma del legislativo. Aunque no existiera la ley, el matrimonio concebido como la unión entre un hombre y una mujer para dar vida entregando vida, existiría.

Es anterior a la norma, todos lo llevamos impreso en nuestro corazón. Y, al igual que un hijo es indivisible, el matrimonio también lo es. El hijo es una de las pruebas materiales de la unidad de los cónyuges. Aunque estos se separen, el hombre y la mujer serán siempre uno en cada hijo.

Referencias utilizadas

Deformaciones cognitivas en la pareja por Nuria Costa

A touching story about marriage



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