Silueta original

Palabras de becaria

Alicia Presencio
Aprendiendo rápido entre letras que forman palabras...

Galicia. In memoriam

De pronto, el tren en el que viajas para encontrarte con alguien, descarrilla. Y todo se vuelve oscuro. Y tu vida, también.

Cuando lea el lector estas líneas, seguramente la cifra de muertos tras el accidente de tren ocurrido el padado miércoles en las inmediaciones de Santiago de Compostela, ronde  los 80.

 

80 fallecidos. Informe usted de ese suceso. Con rigor, inmediatez y objetividad. Sin caer en el fácil sensacionalismo. Y si hace falta, se seca las lágrimas mientras escribe. Pero hoy no voy a hablar de la actuación de los medios de comunicación con respecto al suceso. Ya lo haré, que hay de todo.

 

Hoy quiero centrarme en el hecho en sí. En las imágenes del accidente. Un día, el caballero de pantalón vaquero y deportivas, se levanta, se pone dicha ropa, prosigue con su rutina y se apresura a terminar las maletas. A una hora prudencial, se despide de su familia, llega a la estación, pasa el control de acceso, coloca sus pertenencias y se sienta en su plaza. Durante el viaje, escucha música, ve la película elegida por la compañía, almuerza algo y se comunica con aquellos seres queridos que le esperan en su lugar de destino. Habla de sus planes, organizados días atrás, y quedan en ver quién le irá a recibir. Un viaje en tren suele ser motivo de disfrute.

 

De pronto, una vibración del tren, un golpe, un vuelco. Y nada más. El caballero de pantalón vaquero y deportivas que cuidadosamente había elegido esa mañana como ropa para el viaje, yace, al lado de las vías, con la cara tapada. La vida se ha quedado en su plaza.

 

Esta descripción, nacida de mi imaginación, bien puede asemejarse con la realidad de muchos de los viajeros que cargaban con un pasajero invisble a su lado: la muerte.  La mayor pérdida en este accidente la tienen aquellos que han dejado de vivir. 

 

LÁGRIMAS

 

Creo que toda persona conocedora del suceso, se ha debido de emocionar a medida que pasaban las horas y que conocía la dimensión de la tragedia. Hoy, y en los días sucesivos, nuestras lágrimas por el sufrimiento ajeno, que lo sentimos en parte como propio, tienen un origen y un destino común, como el tren.

 

Si de algo sirven estas tragedias es para hacernos reflexionar al día siguiente. Para ver a nuestros seres queridos con otros ojos, decirles que les queremos, hacer aquellas cosas sin dejarlas ''para mañana'' e incluso pensar acerca del rumbo llevamos en la vida. Porquen la muerte te lleva sin preguntarte, sin darte tiempo de nada, le da igual que hayas hecho los deberes o no.  Aquí quién tuvo la culpa del descarrilamiento, pasa a segundo plano.

 

SOLIDARIDAD

 

Vecinos de las casas aldeañas que llevan mantas y agua hasta las vías, servicio sanitario que se encontraba en descanso y que se incorporan voluntariamente para ayudar, bomberos que desconvocan una huelga para acudir al lugar de los hechos, ciudadanos que acuden a donar  ante la petición de ayuda de los Bancos de Sangre, policías forenses que viajan hasta Santiago para proceder a la identificación de los cadáveres, hoteles que  acuerdan ofrecer alojamiento gratis a los familiares de las víctimas... todo el mundo ayuda.

 

Y de nuevo se nos empañan los ojos, pero esta vez de orgullo por tanta gente solidaria. Tal vez no todo fue oscuro. Tal vez estas personas proporcionaron una luz diferente, no solo a las  víctimas del accidente, sino al resto de la sociedad.

 

24/07/2013. In memoriam

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