Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Tarjetas de presentación

Los lunes son el día en el que muchos trabajadores encuentran sobre su mesa los nuevos objetivos, en algunos casos hoy se llaman presupuestos,  para toda la semana o para una campaña, siempre exigentes e inalcanzables por definición, además de tener que sortear con todo lo que a priori es lo que caracteriza a diario a cada actividad. 

Hoy, no puedo por menos de acordarme de muchos trabajadores de los de a pie, los de las sucursales de lo que antes se llamaba Caja Madrid y me pregunto si tirarán de manual, también llamado argumentario, aunque apuesto  que optarán por morderse la lengua, cuando la clientela les comente muy cabreada acerca del uso que le dieron a las tarjetas “opacas” los directivos y consejeros de su entidad, que la sienten como suya como lo fue de sus padres o abuelos y que en su barrio o ciudad apoyaron proyectos culturales, deportivos y sociales.

 

Ríos de tinta y horas de tertulia se lleva “cobrado” el asunto, y lo que te rondaré morena, por eso del caso ya no me interesa ni la lista del amplio espectro de los implicados, ni la de los cesados o dimitidos, sino lo que ha supuesto un desengaño más, otra traición para la ciudadanía y del daño irreparable que le han causado a estas instituciones. La búsqueda y la denuncia de las complicidades ayudarán, como en otros casos, a que podamos acabar con estos comportamientos antes de lamentar no haberlos evitado.

 

No creo que una dimisión más o la devolución “de forma inmediata” de los euros utilizados a través de la tarjeta opaca,  ayude a recuperar al cliente espantado de una marca por el comportamiento de estos que además de dejar la “banda de la tarjeta” tiritando, ahora son los sorprendidos por la “alarma social” provocada por este asunto. Mientras se tiraba de tarjeta ajena se dejaba la verdadera tarjeta de presentación de forma diáfana.

 

Se seguirá analizando durante años las muchas aristas que tienen implícitas esta larga crisis y no solo en las consecuencias económicas, financieras o sociales, sino en la manifestación, como es en este caso, de la profunda crisis de valores que al generalizarse a todos los ámbitos, sea el origen, la raíz, y la demostración de la desafección política de la gente y del caladero de votos que se está poniendo en bandeja a las nuevas formaciones y a la cuantía de los resultados.

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