Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Nunca es demasiado tarde para nada

Como todavía sigue viva la extraordinaria atención que se ha prestado en todo el mundo a la muerte de Gabriel García Márquez, y como lector de algunas de sus obras, me atrevo, en unas pocas líneas, a rendir homenaje al Premio Nobel colombiano por lo que para este lector supuso la lectura de unas sus obras más memorables El coronel no tiene quien le escriba.

Obra en la que está, desde luego, el tema de la soledad, donde el protagonista lleva veinticinco años confiando vanamente la confirmación de una pensión que le correspondía como veterano de la última “guerra civil” para proclamar sentenciosamente “Nunca es demasiado tarde para nada”.

 

Y así, junto a la soledad, sobresalen la insolidaridad, el abandono, la miseria, la enfermedad, la dignidad, y los sacrificios imposibles, encarnadas en historias de personas reales, nada de cuentos de hadas,  con profundas raíces en lo real que adquieren vida propia cada vez que recorremos las calles para, como hizo Gabo en el Macondo, usar su imaginación para enriquecer la realidad y no huir de ella. Como en las páginas de sus obras más laureadas, podrás encontrar una realidad que había y hay, la diferencia entre la ciudad y el pueblo, los ricos y los pobres, lo grande y lo pequeño, los poderosos y los débiles, para así poder acercarte a lo cotidiano y no perder de vista los hechos del día a día. Y así encontrarás muchos ejemplos.

 

Es verdad, es real  y no es un sueño, que parece que se empieza a tomar conciencia que la pérdida ininterrumpida de población en el conjunto de la Comunidad de Castilla y León, exige que se tomen medidas efectivas, dejando a un lado la demagogia, para después de analizar las razones, proponer y materializar cambios estructurales para frenar estas cifras que unidas al propio envejecimiento de la población, el descenso de los nacimientos y el éxodo a otras comunidades, pintan un panorama en el que cada vez seamos menos, con lo que todo esto supone de retroceso y de falta de oportunidades para los que no se han ido a probar suerte a otros lugares. Te imaginas que tuviéramos que decir: ”Nunca es demasiado tarde para nada”.

 

Es verdad, es real y no es un sueño, que parece que una vez, pasito a pasito, la economía española se mueve y se apunta la salida del agujero negro que nos dejó en la orilla de la intervención. Si este tiempo de larga crisis económica no hubiera servido para cambiar todos aquellos modelos y excesos, y no sólo económicos, que nos han llevado a sacrificar a tantas y tantas personas, descolgando a millones de personas hacia una clase con menos posibilidades y oportunidades, lo que está suponiendo, no lo olvidemos, un empobrecimiento colectivo, entonces y después de tantos sacrificios, y los que faltan como también se nos apunta, en esta dramática tesitura vital para muchos de los nuestros, te imaginas que tuviéramos que decir como el coronel: “Nunca es demasiado tarde para nada”.

 

Es verdad, es real y no es un sueño, que, tal y como apuntan las encuestas y esos estudios sociológicos promovidos por diversas fundaciones,  las preocupaciones de los españoles, son junto a la crisis económica, la corrupción, la justicia, la clase política y en menor medida el Periodismo. Cada vez que se reúnen los profesionales de la comunicación para hablar de lo suyo, y de que a los medios de comunicación y sus profesionales tampoco se han salvado de la crisis económica y de valores, junto a la transformación imparable que está suponiendo internet, me permito recordar  que Gabriel García Márquez, que también ejerció de periodista, decía de este oficio: ”Periodismo el decir exactamente y de mejor manera posible lo que sucedió”. ¿Se imaginan que un medio de comunicación no pudiera o quisiera contar la verdad de los hechos, por intereses, o porque existiesen verdades dictadas o tergiversadas, olvidando la ética y la honradez?  Quizás entonces tuviéramos que decir como el coronel. “Nunca es demasiado tarde para nada”.

 

Ya lo decía García Márquez “… los escritores no estaban en el mundo para ser coronados, que todo premio era peligroso, que toda subvención comprometía y que todo homenaje público era un principio e embalsamiento.”

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