Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Nosotros y los otros

Los acontecimientos vividos en los últimos días en Francia desde la matanza de 'Charlie Hebdo' hasta las masivas manifestaciones de ayer domingo, han despertado conductas sociales de vinculación afectivas a las cosas y, muy especialmente, a las personas para resaltar lo que nos une a nosotros frente a los otros.

Paris sangró, como antes Nueva York, Madrid, Boston o Londres, por los ataques fanáticos  y criminales lanzados por Al Qaida y El Estado Islámico, que rivalizan por el liderato de la yihad, y que amenazan con seguir extendiendo su campo de batalla por todo el planeta, como está ocurriendo  con miles de cristianos en Irak, por eso, y no siempre ha ocurrido así, las victimas deben percibir a los demás en situación de compartir sus emociones y actitudes para que se sientan vinculadas a ellos.

 

Los asesinos, siempre escogen víctimas inocentes,  esta vez eligieron periodistas. Dicen que para atentar contra la libertad de expresión, aunque yo creo que la libertad es indivisible. Por eso las pancartas de solidaridad con la revista satírica “Charlie Hebdo” dicen “Je suis Charlie” y los asesinos dicen actuar en nombre del islam para vengar la agresión occidental contra sus países, su civilización o contra su religión con algunas de sus portadas.

 

Estos atentados me han recordado los días en torno al asesinato de Miguel Ángel Blanco. París y Ermua  explotaron en movilizaciones contra los terroristas. Francia y España con las víctimas. Todos nosotros fuimos Miguel Ángel y los otros ETA los que atentaban contra la libertad. Pero no siempre reaccionados así: con los otros periodistas decapitados, con las matanzas de cristianos en Siria o con los centenares de víctimas asesinadas por los etarras. Por eso la libertad es responsabilidad para con nosotros y para con los otros.

 

La libertad señala nuestra conciencia a la hora de atrevernos a decir lo que pensamos y a la hora de luchar por la justicia social. Nos quema la responsabilidad. Por eso andamos a medias, ponderando los riesgos y las dificultades, con el freno de mano echado. En el fondo no queremos problemas. No se está tan mal en las cavernas, a tientas entre las sombras. Nos movemos como los niños de la película Los Otros de Alejando Amenábar entre las tinieblas, en una penumbra tan criticada como consentida, para cumplir una máxima vital: “nunca se abrirá una puerta  sino se ha cerrado la anterior”, como les decía Nicole Kidman.

 

Nuestros derechos no deben ser a costa de los derechos de los otros. Nuestros bienes no deben ser las carencias de los otros.  El bienestar de unos pocos no se le puede cobrar a otros muchos. Y la sociedad en la que vivimos, con nosotros y con los otros dentro, lo va separando todo en lo social, en la cultural, en la económico, en lo ideológico, en la histórico, o en lo religioso, olvidando que todos debemos coexistir y convivir pacíficamente para superar a los que quieren someternos con el terror.

 

Cuando alguien mata, se supera la violencia física, es el mal contra la libertad, aunque algunos la utilicen mal para blasfemar de Mahoma o de Jesucristo, se mata a la palabra que es la capacidad de ser y de soñar, porque nosotros también somos los otros.

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