Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Nicolás salió y Pablo se escondió

El “pequeño Nicolás” salió de su retiro cartujo para sentarse en un plató de televisión y utilizar esa vieja técnica de defensa de dejar recaditos en forma de amenazas silenciosas que más le vale, como le advirtió algún entrevistador, pueda demostrar al menos un poquito,  porque de lo contrario lo van a crujir, por los siglos de los siglos, amén. Las líneas rojas son siempre más peligrosas cuando resultan molestas, le debieron de anticipar.

No puedo asegurar si Fran, nombre más acorde a su edad, es un impostor o un imprudente, más conforme esto último a sus veinte añitos, o ambas cosas a la vez. Más bien pudiera ser un jovencito, habilidoso y resuelto cuando menos, que empeñó buena parte de su tiempo para ir acercándose, de lo que se puede dar fe, a los círculos de poder, y simpático el niño, fue acumulando instantáneas con los unos que propició encuentros con los otros, para un día poder “utilizarlas”, le dijeron, para por ejemplo, pensaría el, que le quitaran una multa de tráfico, le facilitara una entradita para un partidito de fútbol, o una tarjeta con recomendación firmada de puño y gemelos, por eso de que “el que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”, o simplemente para impresionar a los colegas o a la chavalita que le quitaba el sueño. ¡Anda tú, vas a comparar un selfie con Moratinos a una con el Ronaldo! Pudiera ser también que la sombra del ciprés fuera alargada. O no. El levantamiento del secreto del sumario nos sacará de algunas dudas.

 

A la espera de las cifras de este programa, que será sin duda uno de los más vistos de los últimos meses, la cadena se lo tendrá que agradecer a la “espantá” que el líder de Podemos les dio, proponiendo intervenir en conexión remota para contestar a una única pregunta de la presentadora. El partido de Pablo Iglesias promete todavía “hilar más fino” en su política de comunicación. Quizá se refieran, en línea con otros populismos, a la fórmula de poner presentadora y colaboradores. O quizá nos ahorró otro tostón más de mensajes y eslogan sin concreción, aunque no quisiera yo, quizá con la inestimable ayuda de los silentes por incomparecencia que dejan todo en manos del “periodista” amigo tan cansino como el “Encarna de noche, Encarna de día, digame…”, quitar merito a las audiencias que genera su presencia en los programas en los que participa.  Quizá Pablo se esconda para no sobreexponerse en los medios y no perder todo lo que le atribuyen esas encuestas que amenazan a casi todos por igual.

 

                  En todo caso, mi intención era hoy reclamar un tiempo nuevo a la política, porque no todo está perdido para dejarlo en manos de fórmulas rupturistas, de ideologías viejas, demagógicas y ruinosas. Pero para ello hay que cambiar formas y fórmulas, analizar los nuevos signos de los tiempos y dar paso a una verdadera renovación y regeneración. La sociedad necesita nuevos impulsos, ilusionar de nuevo después de un castigo feroz en los rostros de la crisis que como las antiguas plagas Bíblicas arrasaba los campos y las almas. La mejoría económica hará su camino. Hay que cambiar la mentalidad, quitar la morriña y el victimismo. Somos un gran país que funciona, aunque necesita algunos ajustes.

 

                  La gente está cansada del “y tú más” porque lleva implícito un reconocimiento del propio pecado pero no aporta voluntad de enmienda sin no va acompañada de medidas sinceras, eficaces y sin recovecos. Que la “vara de medir” a la corrupción y a los delitos la ponga una justicia con medios y sin interferencias.  A pesar de tener políticos en la cárcel, un presidente y un expresidente de clubes de fútbol, un expresidente de la patronal, gentes del espectáculo, y hasta una Infanta en serios problemas, la gente tiene la sensación que también hay ciudadanos de primera y de segunda para la justicia, que no están todos los que son y que hay condiciones muy diferentes dependiendo quién sea el reo a la hora de cumplir la pena.

 

                  Se necesita un ejercicio añadido de transparencia a los políticos y del ejercicio de la política. Que las tarjetas negras, los viajes a costa del contribuyente, las mejores condiciones de cara a la jubilación, las asignaciones de por vida ligadas al desempeño de un puesto al que se opta de manera voluntaria, provocan un desencanto y un distanciamiento con los políticos y la política de los que los populismos sacarán tajada del espinazo maltrecho del pueblo. Que el ejercicio de la política tiene que ser un tiempo extra y no todo el tiempo del partido.

 

                  Mientras llega el tiempo de las listas y para algunos el de los “listos”, hay quien espera más reacción, más empuje político, menos inmovilismo y reacciones tardías ante los escándalos de corrupción, más presencia pública, también con las nuevas formas de comunicación, y como una familia amiga que el pasado sábado se manifestó por las calles de Madrid para pedir el cumplimiento de una promesa electoral, que no es el cambio de sentido de un vial o la construcción de un parking, que se unen a la decepción, y a la falta de referencias sino a una cuestión moral junto a la ausencia de explicaciones. “No existe ni medicina, ni terapia que me quite esa pena de por vida al  no haber podido tener a mi hijo por la falta de ayudas”, decía una participante en el acto.

 

En las próximas elecciones generales está mucho más en juego que el reparto del poder y del BOE. Qué poco tiempo parece para lo mucho que hay que hacer. 

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