Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

¡Hay que terminar con el festival!

Pasados unos días desde mi último post, resulta difícil o casi imposible sortear lo que ya parece el mono tema del serial que acapara portadas,  titulares, informativos al completo, debates, noticias, reflexiones, opiniones,  crónicas y tertulias, tanto que parece no haber más temas, llegando a invadir esos espacios como el rato del café, el del autobús, el descanso del partido de futbol, en la peluquería, en el mercado o en el portal mientras se espera a la segunda, que no es la vecina, convocatoria para empezar la reunión de la comunidad.

La cosa tiene ya un tamaño que necesita cirugía hospitalaria. Los últimos casos nos han familiarizado con palabras como hastío, hartazgo, empacho, repugnancia, bochorno,  disgusto, frustración, ruindad, vergüenza y sinvergüenza. Y con la ampliación del mapa de los casos, estos nos están ayudando a conocer y situar lugares de la geografía patria, tanto que algunos centros penitenciarios, merecedores ya de una ruta al menos gastronómica, pasarán a ser conocidos por sus ilustres moradores.

 

Dicho lo dicho por todos, junto a las variadas formas de escenificar la forma escogida para pedir perdón a los ciudadanos, son muchos los que piensan que ya no son suficientes las palabras, que hace falta algo más que gestos porque se han calado hasta los huesos, y porque la sociedad tiene la sensación que los culpables son tratados como de otra pasta, que no devuelven la pasta, y que luego disfrutan de la pasta. La gente no quiere más explicaciones, ni tan siquiera que se asuma la responsabilidad “in vigilando” de los responsables, quiere que le devuelvan lo que le han quitado, y quizá lo de menos sea la guita.

 

Por eso se han escalado puestos en los ranking de las encuesta de opinión, y ahora se ven fantasmas que cada vez hacen más ruido y meten más miedo en las vísperas del horizonte electoral y como ocurrió con la crisis esta puede ser más profunda, dolorosa y larga de lo que ni los más visionarios aventuraron y que de esta crisis, decían, se saldría como se sale de las épocas malas por mucho que duren, olvidando a los millones personas que se han quedado en la orilla de tantas y tantas cosas. El lobo ya se está comiendo a las ovejas.

 

Como empiezo a no ser original mejor será acudir a algunas de esas frases  que el más conocido de la literatura caballeresca, Sancho Panza, utilizaba como píldoras y que estaban basadas en la experiencia heredada y del sentido común. Refranes de cualquier época que traídos a colación pueden ser el meollo de las cosas que hoy nos pasan, porque no es nadie el que habla, sino todos; no es un saber de ahora, sino de siempre, como le gustaba definirlos a Gonzalo Torrente Ballester.

 

- Aunque salga de manos asquerosas, el dinero siempre huele a rosas.

 

- A gloria huele  el dinero, aunque se saque de un estercolero.

 

- Al dinero solo se le exige un requisito, tenerlo.

 

- Aunque de entre mierda salga, lavado el oro, no huele a nada.

 

- Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero.

 

- Unos tienen la fama, y otros cardan la lana.

 

- La ocasión hace al ladrón.

 

Si como decía Jorge de Esteban que la corrupción es democrática y que hay que ensancharla para que llegue a todos. Si la democracia sirve para algo es para que todos se beneficien del pastel, la acompañamos de otra cita de Joan Fuster “cómplice es el que te ayuda a ser como eres” la cosa se nos pone muy fea, porque sabemos que está quizá más que lo que han confirmado las sospechas y que los cómplices están mirando hacia otro lado mientras no se les señale también.  Por eso y a pesar de todo confío en encontrar al que pondrá el cascabel al gato de la cultura de la corrupción. Tú también necesitas ser optimista. ¿O prefieres la catarsis?

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