Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

El espejo del ébola

He tenido la suerte de conocer a algunos de ellos. Hombres y mujeres. Maduros y jóvenes. Después de conocerles nadie les pregunta ¿eres feliz? Nunca dan su tarea por terminada y aunque siempre es mucho lo poco que pueden dar, son ellos los que siempre agradecen lo que han recibido de esos pueblos a los que les llevó su vocación por hacerse uno de ellos

Conocimos la misión del sacerdote Miguel Pajares el día que la televisión, en directo, nos trasmitía su repatriación, postrado sobre una especie de urna transparente para ser tratado en el hospital Carlos III de Madrid de la infección por ese virus llamado ébola. También conocimos que una compañera de Pajares, la hermana Chantal Pascaline, infectada como él, fallecía y que no pudo ser repatriada al no tener pasaporte español. Ahora la hemos conocido, tenemos su imagen repartiendo medicinas en el Hospital de San José de Monrovía, el que sus compañeros quieren reabrir para seguir atendiendo a más de 100.000 pacientes al año.

 

A la par, los platós de televisión se han llenado de personas que han visto un trato de favor hacia el misionero Miguel Pajares, también algunos políticos y sindicatos se han puesto ahora la bata blanca junto a los tertulianos sabelotodo para alertar sobre el peligro del traslado de esos “apestados” por el virus, e incluso, algunos, han llegado a plantear que la orden de San Juan de Dios, a la que pertenece el religioso, pagara parte del traslado a España.

 

Merecemos una reflexión colectiva, sólo por el hecho de que sean capaces de insinuar el repercutir esos gastos a quien lleva tanto tiempo dando su vida por los demás, en un país donde la corrupción y la mentira se han democratizado hasta extremos insospechados, esperando a que escampe  cada nueva tormenta y donde la prensa contribuye con el lenguaje, y según convenga, a que las mentiras de los suyos no permitan abrirle a la gente los ojos hacia fuera y hacia dentro.

 

Quizá esta sea también una oportunidad para hacer una visión frente al espejo de lo que ha supuesto el ébola. Y así poner en valor a los hombres y mujeres que como Miguel o Chantal llevan años regalando su vida y consuelo a los más necesitados, a los que en ocasiones solo pueden sostener sus manos, sin cláusulas de riesgo, invirtiendo en “fondos vida”.

 

Hoy, el foco está puesto en Liberia y Sierra Leona, pero siempre están en esos lugares donde se sufre el sida, la hambruna o las luchas, machete en mano, de las tribus, con los desplazados por la guerra. Misioneros anunciando el Evangelio, que estaban, están y estarán aunque no les enfoquen los que hoy les fotografiaron.

 

En un país lleno de gentes que nos han deshonrado a todos manchándose las manos con el dinero ajeno, prefiramos alertar, como se hacía en la Edad Medía, que en esa habitación del hospital, a la que marcaríamos con una cruz, hay un hombre con peste, un apestado, es para hacérselo mirar, cuando lo que hay es un héroe.

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