Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Cuando pasado, presente y futuro no son equidistantes

El hombre necesita de un golpe de timón, cuando la situación requiere un cambio de rumbo. La Historia de la Unanimidad está llena de acontecimientos en los que la sociedad articuló mecanismos de autodefensa para revertir situaciones que atentaban contra el principio de conservación o para preservar los derechos colectivos e individuales. 

Uno de esos derechos recogidos por los grandes ordenamientos jurídicos es el derecho y el deber al trabajo, y con ello la posibilidad de poder llevar una vida digna satisfaciendo sus necesidades y las de su familia. Las consecuencias de no poder acceder o perder el trabajo dejan a muchos en la cuneta de la sociedad, de esa carretera por la que todos circulamos y por las que cualquier circunstancia, que hoy nos pueda parecer insospechada e improbable, nos pueda echar de la vía, que se llama del “bienestar”.

 

La emigración es de esos temas que permite abordar cuestiones sobre la geografía humana, económica y social de cada tiempo. Las tragedias sobre la emigración ocupan con demasiada frecuencia la sección cada más frecuente y extensa de las malas noticias, como han sido los últimos ahogados a orilla de España o los más de mil rescatados rumbo a la isla de Lampedusa, otras veces contados inertes sobre la arena de la playa con porcentajes muy significativos de niños, jóvenes y mujeres que ponen rumbo a nuevas tierras, muchas veces viajes hacia lo desconocido, buscando una legitima oportunidad, para escapar de la miseria, el hambre, la violencia y la injusticia, guiados y en la mayoría de los casos engañados por los que han hecho negocio del tráfico de la carne humana.

 

El fenómeno de la emigración es un concepto y una experiencia del pasado, el presente y lo será del futuro, que camina con paso firme en cada momento de la historia. No está tan lejos y aunque no hayamos participado en él directamente nos afecta, por las consecuencias que provoca en la sociedad y en la economía, la marcha o llegada de gentes. Uno de los fenómenos migratorios más importantes que afectaron a España, Castilla y León y también a Salamanca fueron los impactos de una economía de penuria de los años 50 y de los años de crisis de los 70 que llevaron a muchos  españoles a escapar de un paro endémico, una gangrena por toda España, que impulsó y en muchos casos obligó a buscar otras tierras, casi siempre desconocidas, para ir al encuentro de horizontes más favorables. Hemos sido, somos y, me temo, seremos una tierra de emigrantes.

 

Algunas de las conclusiones extraídas del estudio “La sombra de las crisis. La sociedad española en el horizonte de 2018” realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, no dibujan un escenario muy esperanzador, sobre todo para los jóvenes que necesitarán formarse y especializarse más a la espera de encontrar  mejores oportunidades de empleo en España o la de emigrar para acceder a empleos de calidad, dejando el mercado de trabajo español escapar la rentabilidad de la formación a la que se han dedicado esfuerzos individuales y colectivos. El estudio señala que el empleo juvenil es la gran cuestión pendiente frustrando su transición a la vida adulta, por la precariedad, caracterizada por salarios bajos e intermitentes y escasas perspectivas profesionales.

 

También llama la atención de este trabajo promovido por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que las familias seguirán siendo el “principal colchón” para hacer frente a la crisis, pese a que su poder adquisitivo cada vez es menor, y que los hogares se han transformado por la crisis económica al coincidir abuelos, padres, hijos y hasta los nietos “familias sándwich”, con todo lo que conlleva, y que nos recuerdan también a ese modelo de familia de mediados del siglo pasado, que con los nuevos roles sociales creíamos haber superado.

 

Se me antoja una nota positiva que se advierte en el estudio de estos expertos en Ciencias Sociales y es que nuestros  jóvenes pasarán de ser “pasotas” a comprometidos, como lo fueron otros, por ejemplo, durante la transición española,  cambiando su actitud en la búsqueda de nuevas fórmulas de participación y compromiso comunitario, para empujar a sindicatos y partidos políticos a atender las demandas de las nuevas generaciones. Si los jóvenes esperan que las respuestas se las den otros, difícilmente encontrarán solución a sus problemas de presente y futuro. La pelota está en su tejado.

Comentarios

AVILE 10/02/2014 20:38 #1
Trabajadores en activo con edades avanzadas hasta su jubilación. Jóvenes con edades avanzadas, preparación máxima, esperando un puesto de trabajo. CRUDA REALIDAD.

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