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La Glorieta

Tribuna de Salamanca

Señales

Es la mejor de las españolas, lo siento, para mí es así. Y ya no hablo solo de lo que hace dentro de una cancha, sino de lo que genera fuera. Pero hasta el 12 de octubre creía que Valdemoro era eterna. Y ahora rezo porque lo sea.
No me digáis que no es mala suerte. Vemos mil veces caídas en una cancha de baloncesto y acto seguido levantarse a las jugadoras como si fueran de goma. Como mucho algún gestito de dolor para la galería si el partido requiere un pequeño parón (son muy listas...) y poco más. Dos minutos al banquillo y están preparadas de nuevo.

Pero la cara desencajada de Valdemoro este 12 de octubre decía mucho más. En la muñeca derecha sufre una fractura limpia del radio y en la izquierda sufre otra con leve desplazamiento de la que tendrá que ser operada el martes.

Para la gente que ha seguido el baloncesto femenino desde que empezó a despuntar a lo grande, Amaya lo es todo: nuestra abanderada, nuestra referencia ante los que desconocen que una chica puede jugar al basket, nuestra forma de sacar pecho cuando hablamos de anillos de la WNBA, nuestro coraje sin fin en la selección, nuestro odio más ferviente cuando la tienes de rival... y nuestra rendición más incondicional cuando eres objetivo y no te pueden los colores.

Amaya ha tenido épocas buenas y algo peores, no soy de esos incapaces de reconocer el error en su ídolo. Pero lo que genera esta madrileña fuera de las canchas no lo hace nadie más. Es la única jugadora que conozco que le viene a la mente a cualquier persona que no sepa nada de baloncesto (y, es más, de deporte en general) si le hablas de deporte femenino. Y eso es impagable. La imagen que Valdemoro exporta del baloncesto femenino no tiene 'relevo generacional' porque no es algo que se entregue como un testigo por más que nos empeñemos, sino algo que te corre por las venas o no. Y a ella le corre, vaya que si le corre, más bien le galopa.

Por eso hasta el 12 de octubre siempre pensé que Amaya era eterna. Tenemos prácticamente la misma edad, por lo que no imagino el baloncesto sin ella. Cuando días después de la lesión vi como ella misma reconocía que estas últimas lesiones que la amordazan podrían ser 'señales' de su cuerpo para dejar el baloncesto, se me encogió el corazón. Eso, y las lagrimillas que se asomaban sin atreverse a salir de sus ojos durante la entrevista.

Sin embargo, creo que Valdemoro no va a tirar la toalla y menos desde el salón de su casa. Amaya dirá adiós desde un podio y mordiendo una medalla... seguro.

P.D. Tras el aluvión de comentarios agradecidos y emocionantes que me habéis mandado tras el último post en el que escribí sobre mi hermano solo puedo decir, con nudo en la garganta incluido: GRACIAS. De mi parte y de la suya, porque también él ha recibido con emoción mil palmadas en la espalda. Ah! y para que todo eso sirva de algo puntualizo: Se llama Pedro, lleva el 11 a la espalda y esta noche a las 20.30 horas juega en Würzburg. Animaros!! :)

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