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La Glorieta

Tribuna de Salamanca

Orgullo de camiseta, orgullo de selección

El post de hoy de este 'A piñón fijo' poco tenía que ver con lo que al final saldrá. Pero, tras ver anoche la final olímpica de baloncesto entre España y Estados Unidos, no he podido resistirme a escribir cuatro líneas sobre el equipo que nos levantó del sillón pidiendo !pasos!... casi cuatro años después.

Sentada en el sofĂĄ mientras en la calle hiela con furia decido no cambiar de canal cuando vuela el balĂłn al aire por primera vez sin que espaĂąoles o estadounidenses le hayan tocado aĂşn. Conozco con seguridad el resultado final, el momento mĂĄgico de la ilusiĂłn (104-108 a falta de dos minutos), recuerdo el mate de Rudy sobre Howard... y sin embargo vuelvo a 'tragarme' el partido de nuevo en la repeticiĂłn que anoche ofreciĂł Teledeporte.

Y justo entonces pensĂŠ que si un partido repetido casi cuatro aĂąos despuĂŠs me mantenĂ­a pegada al televisor, merecĂ­a al menos unas lĂ­neas en este blog.

El caso es que la segunda final olĂ­mpica de baloncesto para EspaĂąa resultĂł ser uno de los mejores partidos de baloncesto que yo jamĂĄs habĂ­a visto. Este hecho, unido a la calidad del rival, han hecho que los 40 minutos disputados en PekĂ­n sigan casi intactos en las retinas de los locos por el basket.

Sinceramente, volviendo ahora a ver con mĂĄs frialdad el encuentro, inclusos los mĂĄs forofos espaĂąoles reconocerĂĄn que el equipo estadounidense era, hombre a hombre, superior al espaĂąol. Por eso precisamente es aĂşn mĂĄs meritorio el papel que hicieron los de AĂ­to en la final.

EspaĂąa fue un equipo hasta para recoger la medalla de plata. Un grupo de amigos que subiĂł al mismo tiempo al podio mostrando que entre ellos no hubo egos que pudieran con el conjunto.

Cada uno de los doce tuvo un sitio para la gloria aunque no llevara a la espalda el nombre de Gasol, Navarro o FernĂĄndez. CĂłmo sino iba a firmar una final tan impecable un currante del parquĂŠ como Carlos JimĂŠnez, un siempre Ăştil y ejemplo de constancia como Felipe Reyes o un emergente Ricky Rubio.

Esta generaciĂłn ha acostumbrado a los espaĂąoles a la victoria, a luchar siempre en cada campeonato -europeo, mundial u olĂ­mpico como era el caso- por el metal. Ahora, a puertas de otros Juegos OlĂ­mpicos el grupo ha cambiado ligeramente pero el espĂ­ritu parece el mismo. QuizĂĄ con eso baste para repetir al menos la final y rezar... ÂĄpor que los ĂĄrbitros piten los pasos!

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