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La cuarentena

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Blog de Inda Jaus

Vientos cálidos

Llegan los mejores meses del año. Sí, ya sé que vienen cargaditos de tensión, pesimismo y desconcierto. Pero tendremos que hacer una tregua o nos perderemos el inmenso placer de ver cómo se acercan julio y agosto. Os invito. Parémonos un instante, cerremos ojos y orejas, y disfrutemos de este viento cálido que nos enreda el pelo y huele a tormenta.

El verano es esa estación generosa en la que todo vive. Los gaticos de las camadas de primavera corretean aquí y allá por los solares y tejados del barrio. Los niños juegan en la calle casi hasta la medianoche. Saludamos a vecinos a los que no veíamos desde hace meses. Los recibos del gas y la electricidad nos dan un respiro€Ś Nos relajamos un poco.

AguaHay que cumplir con ese ritual que es sacar la ropa de verano y guardar la de invierno. Hay que probarse prendas al azar ante el espejo y repasarse de arriba abajo para comprobar que tenemos que prestar más atención a nuestra depilación porque !oh sí, tenemos piernas! Y en estos pantalones ya pensabas tú que no ibas a entrar, pero, vaya, te quedan de lujo y te hacen un culo perfecto. ÂżY esa blusa? Ya ni te acordabas, no te la habrás puesto ni tres veces, pero en cuanto pilles colorcito, ya verás, vas a parar el tráfico.

Es el tiempo de apagar la tele y salir a pasear al anochecer siguiendo el rastro del camión que riega las calles y deja ese olor a asfalto aliviado, que es puro verano de ciudad.

Calle MojadaTambién es tiempo de gotas. De esas minúsculas que sueltan los aspersores y que forman un arcoiris de andar por casa, pero arcoiris, al fin y al cabo. De esas otras de agua de piscina en las pieles de adolescentes que tontean y lucen sus bañadores nuevos. Y también gotas de sudor que resbalan desde la nuca hasta el escote, bien en la oficina, bien en un lecho afortunado.

Parece mentira, pero sólo has vivido €œcuarentaypocos€ veranos. De esos, apenas podrías recordar la mitad. Y esos recuerdos están enmarañados y confusos, y parece como si no les hubieras prestado la atención que merecen. Así que paremos un poquito. Dejemos de perseguir la zanahoria que cuelga del palo. Llegará octubre y la zanahoria seguirá ahí. Ahora sentémonos a la fresca, o salgamos al balcón, o subamos a la azotea. Y respiremos. Llenémonos los pulmones de planeta Tierra como si no hubiese un invierno en el horizonte.

Sonríe. Es verano.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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