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La cuarentena

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Blog de Inda Jaus

Dioses, diosas y odiosas (I)

Reconozco que tenía muchas ganas de empezar esta serie. Vamos a pasar un poquito de calor hablando sin tapujos de esos guapos indiscutibles del mundo de la farándula. Que nadie se eche las manos a la cabeza: no voy a contar aquí nada que la mayoría haya pensado alguna vez. Esto es, simplemente, un ejercicio de desinhibida honestidad. Y para empezar como Dios manda, ahí va una confesión: me ponen los australianos.

No sé de qué está hecha su genética, pero me parecen los tíos más viriles del planeta. Supongo que tiene que ver con los colonos británicos que se establecieron en aquellas tierras entre los siglos XVIII y XIX: convictos, marginados, la escoria social británica€Ś O, dicho de otra manera, supervivientes, luchadores€Ś individuos que habían superado una crudelísima selección natural de la especie. El resultado, un par de siglos después, son estos dioses de cuerpazos bien formados, facciones angulosas y masculinas, pieles curtidas al sol de Queensland... Tienen un puntito rudo, de pastores de las inmensas granjas del oeste, de hombres apegados a la tierra, algo primarios, de firmes convicciones€Ś Y sus mujeres son dulces pero fuertes, dignas hembras para estos titanes de las antípodas. Sirvan como ejemplo Nicole Kidman, Kylie Minogue, Olivia Newton-John o Naomi Watts.

Pero, por si alguien no ha caído todavía, vamos a repasar algunos de los mejores ejemplares de este Panteón del hemisferio sur.

No puedo empezar por otro. Es el €œone&only€ de millones de corazones€Ś y de otros órganos menos nobles€Ś Es Hugh Jackman. Un Dios con mayúsculas. Es imposible escapar a esa mirada magnética, a esa sonrisa irresistible€Ś mirar esos brazos y no estar dispuesta a dar un riñón a cambio de que rodeen tus hombros, aunque sólo sea un microsegundo€Ś Puesta a soñar, creo que lo dejaría todo (incluido mi recalcitrante carácter urbanita) para establecerme con él en cualquier páramo de los Territorios del Sur y dedicarme a criar ovejas, canguros o niños€Ś lo que él me pida. Me veo en el porche de la casa, armada con un rifle para defender nuestro santuario del ataque de los dingos, los forajidos y, sobre todo, de las vecinas. Ufff€Ś voy a darme una ducha fría y seguimos el repaso.


Salgo de la ducha y empiezo a necesitar otra cuando pienso en Mark Webber. Reconozco que sigo a pies juntillas las carreras de Fórmula 1 sólo para disfrutar del momentazo en el que se baja del coche y se quita el sotocasco para aparecer cubierto de sudor, despeinado, serio y pensativo. Tremendo del todo. Y un dato que dice mucho, aunque me resulte algo frustrante: su afortunada señora es una mujer muy normal, bastante mayor que él y discretísima. Seguramente una mujer de bandera, a años luz de las petardillas monísimas, requeteoperadas y ambiciosas como tiburones de Wall Street que suelen acompañar a otros pilotos.


Y voy a terminar con otro australiano menos conocido pero igual de totémico: Eric Bana. El valiente Héctor en €œTroya€ a cuyo lado Brad Pitt parecía un guaperas de instituto; el soberbio Enrique VIII de €œLas hermanas Bolena€, que nos convenció de que seis esposas y mil amantes eran pocas mujeres para tanto hombre; y el malo malísimo con corazoncito de la última €œStar Trek€ en cuya nave interestelar me embarcaría sin pensármelo dos veces€Ś
Sigo pensando en australianos y aparecen algunos que, pese a su atractivo, tienen un lado oscuro con demasiado peso específico como para estar en mi Olimpo personal: Mel Gibson, Russell Crowe€Ś Pasan por mi cabeza también el malogrado Heath Ledger o Chris Hemsworth, el flamante marido de Elsa Pataky, al que le seguiremos la pista pero le falta un poco de €œcarretera€ para ser atractivo de verdad€Ś
En fin, que si algún día me decido a ir de vacaciones a Australia, no prometo volver€Ś pero tampoco me busquéis, que seguro que soy muy feliz.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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