Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Ucronía, ensañamiento e inmovilismo

Llevo cierto tiempo rebuscando entre los días de la semana pasada y no me salen las cuentas: Me falta al menos un día. Pero cuando vuelvo a recontarlos siguen estando todos. Y no lo entiendo. Porque si tengo que hacer caso de las declaraciones que los responsables de turno del Partido Popular han ido dando cuando se les preguntaba por Bárcenas, es decir, que “ese es un asunto sobre el que se ha dado ya una explicación y que está ya suficientemente explicado”, y trato de buscar el día en cuestión no me aparece por ningún lado. Pero Carlos Floriano y Soraya Sáenz de Santa María no van a mentir en un asunto tan obvio: Si ya han dado explicaciones suficientes deben estar por algún lado, en algún medio, deben haberlas hecho algún día… pero ese día no aparece.

Y luego escucho el discurso de Mariano Rajoy en el debate sobre el estado de la nación y mi perplejidad va en aumento. Sin que ninguno de los indicadores económicos testifique que estamos mejor que el año pasado y que su gestión no haya hecho otra cosa que agravar la crisis y perjudicar la situación económica a la mayoría de los españoles, su diagnóstico es claro: Lo peor ya ha pasado, sin los enormes sacrificios, recortes y privaciones que hemos sufrido no hubiera sido posible, pero ahora ya tenemos un futuro. Resulta sorprendente los efectos de embelesamiento paralizante que sigue provocando este mito moderno del progreso, aunque esté en contradicción flagrante con las zozobras persistentes que vivimos y, sobre todo, con el cuadro macroeconómico de las previsiones que dio después la Unión Europea para España.

 

Así que, no cabe otra hipótesis, el gobierno y el partido popular padecen una ucronía patológica, están fuera del tiempo, solo ellos ven con claridad que ya han dado en el pasado reciente aclaraciones sobradas sobre el innombrado Bárcenas y solo ellos otean un futuro que no sea negro. Así que, disipada la ilusión inicial que concedió la ventaja a Rajoy en el debate, vueltos a nuestro tiempo, ¿qué nos queda ahora?

 

Nos queda el silencio. Mejor dicho, la mordaza. De otra forma es imposible entender en ensañamiento del gobierno y su cla mediática (que son cosas distintas, aunque muchos no lleguen a ver diferencias entre Montoro y Jiménez Losantos) con algunas intervenciones críticas en la gala de los Goya. Ya se lo habían advertido previamente: Nada de discursos políticos. No hay espacio para expresar la solidaridad, la denuncia o la indignación en una gala festiva. ¡Y pobre de quien osase salirse del guion marcado! Les han dicho de todo: Desde “falta de respeto institucional”, como las calificado Wert, en otra confusión frecuente entre políticos entre la institución y su persona, hasta la descuartización, pasando por la desautorización profesional y moral. Por supuesto, el ataque solo podría ir dirigido contra quien expresó su discrepancia política o contra el escenario, lo que atestigua una vez más lo acertado de sus palabras: lo desafortunado y ruinoso que significa el IVA cultural frente a otros países europeos, la falta de medios y el deterioro de los servicios que los recortes están suponiendo tanto en sanidad como educación y servicios sociales, y, por supuesto, el enorme drama del paro y los desahucios. Pero, de verdad, ¿hubiéramos preferido una gala con comentarios frívolos y una serie inacabable de agradecimientos previsibles?

 

Otra cosa distinta es ya el ninguneo mediático que solo puede explicarse desde una estrategia pactada. ¿De verdad, a ningún medio escrito le pareció digna de llevar a portada las manifestaciones de protesta de las mareas ciudadanas el 23 F? Esto más que mordaza es ya silenciamiento.

 

Pero el ataque sufrido por el primer secretario de los socialistas catalanes Pere Navarro por sugerir que, a lo mejor, era el momento de que el rey pensase en abdicar, que no puede resultar una declaración dura ni extremista ni está pidiendo la  III República, con el escándalo Urdangarin en explosión controlada, el ataque, digo, de entre las filas de los populares, pero más duro todavía de entre los socialistas, resulta también paradigmático. Cuando son muchas las voces que piden que la regeneración democrática solo puede pasar por una nueva transición, la reforma constitucional o, como he dicho también aquí, por la apertura de un nuevo proceso constituyente, el cierre de filas ante el cambio más simple, expresa el inmovilismo en el que están instalados los dos grandes partidos. Ya no es siquiera cambiar algo para que todo siga igual, sino no cambiar nada para seguir nosotros. Aunque todo hunda.

 

lanomalia.blog@gmail.com

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