Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Tres declaraciones preocupantes y un ruego

Una. Por fin,  se fue Don Carlos Dívar, tan serio, tras anunciar su retirada de la presidencia del órgano de gobierno de los jueces y solo tras vivir una escalada de denuncias públicas que se hacían cada vez más insostenibles desde lo institucional y desde lo personal. Y lo ha hecho, un poco por la puerta de atrás, aceptando la €œsalida honrosa€ que le ofrecían sus compañeros, con unas declaraciones que no han dejado traslucir un resquicio de €œduda razonable€. Se va, pero sin €œtener conciencia de haber hecho nada malo€, ni legal ni moralmente. Y hay que decir que no nos extraña. Eso es quizás lo sorprendente: la normalidad con que asumimos lo intolerable. Porque el señor Dívar no ha hecho, según parece, nada ilegal, porque la legalidad amparaba y permitía cargar gastos (tanto públicos como privados) sin necesidad de tener que justificarlos ni dar cuentas. Y eso es lo que a la opinión pública le ha repugnado más, no tanto la falta de justificación, como el marco legal que lo amparaba. Así que se va, para que todo siga igual.

Sin embargo, que el presidente del CGPJ no considere su conducta reprochable es sencillamente escandaloso, porque, si quien preside a los jueces desconoce o cree desconocer lo que es de justicia, estamos ante una situación tan preocupante que exigiría izar la bandera del revés como hace Tommy Lee Jones al final de En el valle de Elah, para indicar a quienes puedan vernos que estamos perdidos y que necesitamos ayuda.

Dos. €œA lo mejor hay que empezar a pensar que no tiene que haber un Tribunal Constitucional€, ha declarado Doña Esperanza Aguirre. Ahí es nada. Como el TC dicta una sentencia que no le  gusta, en vez de acatarla pide su disolución. No es un mal procedimiento. Porque siempre han existido razones para cuestionar la existencia, la designación, la composición y el funcionamiento del TC. Pero todas parecen diluirse con la coyuntura de la legalización de Sortu que es lo que Doña Esperanza no acepta. Y la petición resulta más preocupante todavía cuando advertimos que proviene de la representante de un partido que ha abusado de los recursos ante este Tribunal hasta conducirnos a graves contradicciones institucionales o hasta llevar a la parálisis política. Y la verdad es que, si lo analizamos en perspectiva, en la mayoría de los recursos ante el Constitucional interpuestos por el PP se percibe el sesgo de la patrimonialización de la Constitución y su utilización únicamente como instrumento de exclusión y de limitación de derechos: Desde los recursos contra  el aborto o contra el matrimonio de personas del mismo sexo, todos los recursos del PP parecen inspirados por la idea de que la Constitución es algo que les pertenece por derecho propio para imponer una forma de vida como Dios manda. Nunca, ni la Constitución ni la ética pública, las han entendido en clave de liberación, como un marco de ampliación de derechos y libertades que permita la convivencia pacífica de todos.

Así que, Doña Esperanza debería recomendar a su partido que, antes de suprimir el Tribunal Constitucional, retirase todos los recursos que tiene presentados. Aunque solo sea para volver al consenso constitucional, que no es el consenso degradado  que generan las sentencias del Tribunal Constitucional, como mantenía su no compañero y actual Ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, sino el consenso que se da para abrir un nuevo proceso constituyente que permita una constitución en la que de verdad quepamos todos.

Tres. Escuchando el otro día unas declaraciones de Alfonso Fernández Mañueco sobre la pesquera de Tejares, diciendo que están dispuestos a rehacerla ahora que la CHD no considera necesario su derribo, como si esa hubiese sido siempre su posición o la de la propia CHD y no ocultase otros intereses, no pude menos que preguntarme por lo que se le pasaría por la cabeza mientras decía esto. Porque resulta patente que con ello, tanto Mañueco como Rajoy, inauguran un nuevo tipo de mentira. No es que sean solo conscientes de que lo que dicen no es verdad, pero es políticamente rentable, es que están convencidos que esa mentira no tendrá ningún precio político. Y eso les proporciona esa sensación de seguridad y certeza en sus afirmaciones que tanto nos confunde. De ahí que, cuando oigamos que no tienen previsto una bajada de sueldo de los funcionarios, lejos de tranquilizarnos, nos genere la indudable seguridad de un anuncio inminente.

Y el ruego. Me adhiero a la propuesta y deseo de Maruja Torres en su columna de EPS €œGobernar con la mentira€ de que, si algún día salimos de esta, hemos de solicitar un rescate también de la verdad y que €œse legisle contra el engaño€. Pero no sé si podremos esperar a salir de esta situación o tendrá que ser ese el camino para salir de ella.

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