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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Toca hacer balance

Con apenas tiempo para digerir los resultados de las Elecciones al Parlamento Europeo de este domingo 25 de mayo, es obligado hacer una valoración, aunque con más preguntas y dudas que análisis detallado.

Podemos decir que tenemos los resultados, pero falta saber lo más importante que es cómo los interpreten los partidos políticos, que lo irán haciendo desde hoy a lo largo de toda la semana, y, no tanto las consignas pactadas en los distintos argumentarios que es lo que conviene decir hacia fuera, como las posiciones que adopten hacia dentro y las decisiones que sobre ellas vayan a adoptar. Como en muchas ocasiones, más que la realidad, que es la que proporcionan los datos, lo que importa es la percepción que se haga de ella. Así que, habrá que estar atento, a los discursos próximos y a los hechos que se vayan produciendo en el medio plazo.

 

Lo primero, sería hacer una reflexión sobre la altísima abstención (54,16%) y también las elevadas cifras de votos en blanco y nulos (2,29 y 1,82%, respectivamente) que suman un 58,27% de la población española que no participa, que no le interesan o que expresa su descontento con estas elecciones. Y a esta cifra, que ya es para hacérselo mirar, habría que sumar la de quienes votan más por obligación que por convicción, a quienes les puede el compromiso democrático de votar, aunque tengan que tragarse sapos y culebras al hacerlo, como señala Javier Marías, en “El gesto más suicida”. Y, especialmente, en España habría que preguntarse muy especialmente sobre la diferencia de recursos destinados por los medios de comunicación para cubrir la final de la Champions y el proceso electoral. Como también habría que preguntarse si, por imperativo legal, estos mismos medios se hubieran visto obligados a asignar al segundo el tiempo de sus espacios deportivos a un equipo u otro en función de los resultados anteriores, qué habría pasado. Pero, sobre todo, la enorme diferencia de recursos en emociones y sentimientos. Es verdad, que entre el fútbol  y el deporte en general y la política siempre ha habido un abismo, pero, para la mayor parte de quienes fuimos a votar este domingo y de quienes no fueron, lo preocupante es que los sentimientos que despertaban estos comicios estaban por debajo del umbral de lo perceptible y muy pocos serían capaces de poder identificarlos, incluso, de darse cuenta siquiera si habían experimentado alguna emoción. Y eso que estas elecciones, nos repetían todos, eran transcendentales para nuestro futuro, porque ahora todo se juega en Europa. Me niego a escuchar a nadie que no empiece por ofrecer una explicación de este hecho.

 

Así que, en medio de estas tribulaciones, me encuentro la mañana del lunes escuchando a un “iluminado” Joaquín Almunia que insiste que, más allá de las interpretaciones que puedan hacerse “en clave nacional” a los resultados “tan preocupantes” de Francia y Gran Bretaña, de la debacle del bipartidismo en España, donde los dos grandes partidos apenas suman más que el 49% de los votos, lo fundamental es que en Europa no va a cambiar nada, que ahora se inicia un proceso de negociación que terminará con las elecciones de los distintos presidentes del Parlamento y Comisión Europea, los Comisarios, etc., pero que todo va a seguir igual, que no va a haber cambios significativos en las políticas europeas, porque estas se pactan entre las dos grandes fuerzas políticas (conservadores y socialdemócratas) que en su mayoría votan y han votado hasta ahora conjuntamente. ¿Cómo puede afirmar esto un Comisario europeo y “socialista” después de unas elecciones al parlamento europeo? ¿Cómo podemos siquiera soportarlo?

 

Así que, ¿estas elecciones, que nos habían vendido como tan importantes, solo servían para eso? Porque en España, ya habíamos decidido que las elecciones sirvieran solo en clave interna para “trazar un mapa”, para “situar a cada uno en el lugar que le corresponde” (o que le asignan los ciudadanos) para desde ahí planificar las estrategias de cara a las municipales y generales, que son las “verdaderamente importantes”. Y en esa estamos. Los interrogantes no están en qué pasará en Europa, sino en qué hará en PSOE a los que los resultados abocan a realizar cambios o adelantar procesos; cómo gestionará la izquierda alternativa tradicional la eclosión de Podemos; pero, sobre todo, cómo gestionará esta “victoria pírrica” el PP, porque ha sido una victoria.

 

Los buenos resultados de la izquierda alternativa en Grecia, España y Portugal no son suficientes. Pero lo más descorazonador es que el sufrimiento seguirá siendo la norma para la mayoría social, que Europa seguirá siendo más una pesadilla de la que salir que un sueño por construir políticamente entre todos, que seguiremos “viviendo troikados”, que, para acabar con eso era para lo que pedíamos el voto para IU en estas elecciones, y, encima, para colmo, no podremos largar a personajes tan infames como Almunia. Hemos hecho un gran esfuerzo, pero por ahora “no hemos podido”.

lanomalia.blog@gmail.com  

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