Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Resistencia contra la sinrazón

Contando y volviendo a recontar los exámenes pendientes de corrección, en la esperanza de que no aumenten, agotando las últimas fuerzas que nos quedan en estos últimos días de trimestre, así me imagino a la mayor parte de mis compañeros y compañeras de profesión en estos días previos a las sesiones de la 2ª evaluación. Se nota el peso de los días, pero también se nota y mucho el peso del aumento de la jornada lectiva que ha supuesto entre uno y tres grupos más de alumnos, con lo que esto implica de mayor esfuerzo.

Habíamos conseguido a través de un acuerdo sindical (que para eso sirven también los sindicatos) arrancar una mejora de las condiciones laborales de los trabajadores de la enseñanza. En general, pasar de 37 horas y media a 35 horas semanales, reducir en secundaria de 18 horas lectivas a 17, mantener unas condiciones ventajosas para lograr la jubilación a los 60 años e, incluso, se estaba negociando una reducción de la jornada a los mayores de 55, como ocurría ya en otras comunidades autónomas. Nadie dude que una jornada laboral así permitía una mejor atención de las necesidades educativas de los alumnos y alumnas y que constituía un consenso generalizado de por dónde tenía que ir la educación. Eran medidas razonables y como tal se aceptaron.

 

Todo esto ha saltado por los aires en nombre de la austeridad y de la racionalización de recursos, que es como se llaman los recortes, lo que ha significado no sólo un empeoramiento palpable de las condiciones laborales y de la salud de los trabajadores de la enseñanza, una reducción de recursos y de medios (algunos tan elementales como la calefacción o las ayudas a programas como madrugadores, actividades extraescolares, comedores y libros) y, en consecuencia, un deterioro de la calidad educativa (si añadimos al aumento de jornada, el aumento de alumnos), pero también, y lo empezamos a saber ahora, del empleo. Según datos de las CCOO, el recorte de personal en Castilla y León entre 2009 y 2013 ha sido de 5.159 profesores, que en el conjunto del país suman 61.782.

 

Contra esta sinrazón, se constituyó (principalmente en Madrid, pero también en casi todas las provincias españolas) la marea verde en defensa de la escuela pública (de todos y para todos) y de una educación pública de calidad. Porque, lejos de expresar únicamente una reclamación laboral, era sobre todo la defensa de un modelo de escuela pública, laica y gratuita como garantía de equidad, de igualación de oportunidades y de convivencia democrática. Algo a lo que no contribuye de la misma manera la escuela privada, mayoritariamente religiosa, incluso aunque sea concertada o subvencionada. Pues tuvimos que aguantar que se nos vendieran estos recortes y los que se prevén hasta 2015 como una apuesta por la calidad.

 

Y ahora tenemos ante nosotros otra nueva ley educativa, que ya va por el tercer borrador, y que recoge en su título “para la mejora de la calidad educativa”. Todo un contrasentido. Se necesita combinar tres de las cualidades más prescindibles en un ministro de educación como son la ignorancia, la prepotencia y la soberbia, (pero también contar con el respaldo muy firme de un partido) para pretender sacar adelante ese engendro. A cualquier profesor con experiencia que se pregunte, reconocerá el despropósito de algunas de sus medidas y la inoportunidad de su presentación. La mayoría estamos perplejos, palpándonos la ropa, sin dar crédito a tal desatino y sinrazón. Cuando parecía que ya habíamos llegado a un consenso básico (que la educación debía sacarse de la disputa partidista, la comprensividad hasta los 16 años, la inclusión de todo tipo de alumnos, pero también la necesidad de disponer recursos y adecuar las ayudas a sus necesidades y su diversidad, es decir, los necesarios recursos que se “ahorró” la LOGSE), ahora el PP, con este ministro por bandera, pretende imponer una nueva ley educativa (como si todos los problemas se resolviesen cambiando las leyes) con el único argumento de que “ahora le toca a la derecha”. Más nos valdría mirar hacia Finlandia y aprender de ellos, que querer dejar sello político. Pues nada.

 

Así que, en medio de toda esta perplejidad, cansancio, desánimo e indignación, tenemos que destacar las dos iniciativas educativas del próximo fin de semana en Salamanca: La celebración en el IES Fray Luis de León del día de la escuela pública el próximo día 23 de marzo y la de la Olimpiada Filosófica de Castilla y León en los días 22 y 23 de marzo en la Hospedería Fonseca. Dos espacios pequeños, pero esperanzados de resistencia contra la sinrazón.

 

lanomalia.blog@gmail.com

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