Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Pedagogía del refuerzo versus pedagogía del esfuerzo

Aunque la expresión “pedagogía del esfuerzo” no se haya usado tanto para respaldar los cambios de la LOMCE como para la LOE, los motivos de fondo son idénticos. Véase si no el artículo de Esperanza Aguirre La educación y la izquierda del lunes pasado en ABC. La verdad es que siempre quise saber qué novedosas teorías pedagógicas o de psicología de la educación apoyaban esta concepción educativa denominada “pedagogía del esfuerzo”. En fin, algo tan elemental como saber que la LOGSE se apoyaba en el constructivismo y el aprendizaje significativo, o la LGE en la enseñanza programada, pero no he sido capaz de encontrar ninguna respuesta, e invito a los lectores a buscarla, porque mucho me temo que no exista.

Lo que me sigue sorprendiendo es el “idealismo” de la política educativa de este país, que pretende cambiar la educación a golpe de ley, sin atender a las “condiciones materiales” que diría el marxismo clásico, es decir,  sin tener en cuenta las resistencias y contexto del propio sistema escolar y la financiación necesaria para ponerla en práctica.

 

Pero el diagnóstico liberal es rotundo y ha encontrado un único culpable: La LOGSE rebajó “hasta extremos inimaginables el nivel académico”, lo que ha llevado a que “los alumnos no se esfuercen, a que los profesores se desmoralicen y a que los resultados académicos sean cada vez más pobres”.  De esta forma, pretender retener en el aula a todos los alumnos hasta los 16 años ha “acabado por ser el mayor enemigo de la igualdad de oportunidades… Porque un sistema que no es exigente con los alumnos impide que los que provienen de las familias más desfavorecidas económicamente puedan acceder a las oportunidades que siempre tendrán los de familias más pudientes”. ¡Cuánta certeza incuestionable para un dogma tan simplista!

 

Han definido un alumno “típico” de la ESO, que no se esfuerza, que es disruptivo, etc. y que, pese a todo, el sistema lo “promociona automáticamente” de curso en curso hasta conseguir la titulación. Pero, frente a la demagogia fácil de lo “típico”, se enfrenta siempre la contundencia de la sociología y de los datos. Porque los alumnos que “promocionan automáticamente” no son los que titulan, no son los beneficiados de un sistema perverso que recompensa a los que no trabajan, sino, al contrario, son ellos justamente los grandes damnificados y los que engrosan las cifras del abandono y el fracaso escolar. Promocionar automáticamente con más de dos materias, lejos de ser una ventaja educativa, es una losa, porque ya no tendrán que enfrentarse a un curso con 9 materias, sino que a esas 9 tendrán que añadir todas las no superadas. Ya tenemos al muerto, solo falta cavar la tumba.

 

Y también es radicalmente falso que la escuela española haya tenido alguna vez celo pedagogista.

 

Si algo hay que echarle en cara es justamente aquello de que “la letra con sangre entra” y la deriva instruccionalista de la educación actual (centrada solo en los contenidos conceptuales, frente a otros más educativos o trasversales) no es una casualidad. No. En la escuela española nunca se ha primado a quien no se esfuerza. Lo de la “pedagogía del esfuerzo” no es más que una culpabilización de las víctimas: Fracasas porque no te has esforzado lo suficiente. Y culpabiliza también las políticas de igualdad en todos los ámbitos con un razonamiento perverso. Si quieres conseguir la igualdad, siembra la desigualdad; si la cooperación, la competencia; si la promoción de los que se esfuerzan, la selección de los mejores, etc. ¡Que todo esto tenemos que aguantar como evidente!

 

Cuando lo que resulta indudable es que si no se refuerza y apoya (lo que requiere medios personales y económicos) a quien no alcanza los contenidos (y en esto sí que Finlandia puede servirnos de ejemplo) y no dispone tampoco del apoyo familiar del que siempre disponen las familias más pudientes, serán los de las familias más desfavorecidas quienes estén condenados al fracaso y al abandono.

 

No es cuestión de más esfuerzo, es cuestión de ofrecer refuerzos a quienes los necesitan. Y aquí la LOMCE los deja otra vez solos, pero ahora cumplabilizados. En realidad, la pedagogía del esfuerzo expresa los principios morales del protestantismo que Weber supo ver en el origen del capitalismo. Más que pedagogía del esfuerzo, es moral religiosa del esfuerzo, por eso, no obedece a teorías pedagógicas. Y más que oponerse a la cultura del placer (que también) se opone al estado del bienestar. Un estado que garantiza los bienes y servicios indispensables para llevar una vida digna por derecho a todos, piensan, convierte a los ciudadanos en vagos, incapaces de esforzarse por nada, ni por el trabajo, ni por la salud, ni por la educación ni por nada. ¡Menos mal que la crisis nos ha hecho ver claramente la molicie y la indolencia de la mayoría social, que pretende conseguir sin esfuerzo lo que la minoría social desde siempre les ha arrebatado!

 

lanomalia.blog@gmail.com

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