Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Nuestros sufrimientos y su recuperación

Un efecto colateral de la crisis, de consecuencias imprevisibles sin duda, es que nos ha obligado a acercarnos a las páginas económicas de los diarios en busca de “respuestas”. Y esta semana, tras la inauguración oficial en el Congreso de 2014 como año oficial de la recuperación, está dedicada a explicar los beneficios de las grandes empresas del IBEX. La “recuperación”, por cierto, se ha coronado también con el beneplácito del rey, que el lunes 3 de marzo ha inaugurado en Bilbao el “Foro Global España 2014: De la estabilidad al crecimiento”. Ha tenido que ir el rey con muletas, pero, imagino, que el Papa habrá mandado también su bendición. De forma que, a estas alturas, reconozco estar tan perplejo que confundo las páginas de negocios con el suplemento religioso del ABC de los jueves. 

Así las cosas, paso a resumir los grandes datos: Las empresas cotizadas ganaron 18.872 millones de euros en 2013. Los mejores resultados los obtuvieron los bancos y los peores, el sector energético. En su estrategia de saneamiento, han logrado reducir en un 10,9% su deuda, es decir, 20.553 millones de euros y “ajustar”, es decir, reducir su plantilla en 110.583 trabajadores (el 7,5%). Lo “preocupante”, aunque ellos puedan venderlo como internacionalización, es que el 62,3% de los beneficios fueron obtenidos fuera de España, porcentaje que sigue creciendo. No obstante, sí que pudieron seguir subiendo el sueldo de los directivos en una media del 3,57% respecto a 2012; incluso, en el caso de algunas empresas como Jazztel, llegaron a duplicarse las retribuciones, porque no me atrevo a llamar a esas cantidades salarios.

 

Ante tan claras “respuestas”, solo caben hacerse más y más preguntas. ¿Cómo es posible que con cerca de 5.900.000 parados, una tasa de desempleo del 26,03% y con el 40% de ellos que no reciben prestación alguna puedan las grandes empresas del IBEX lograr esos beneficios? ¿Cómo es posible mantener que se está iniciando una recuperación que deja fuera a más de uno de cada 4 españoles, condena también a la pobreza a quienes solo pueden obtener un trabajo precario y se mantienen unos recortes en educación, sanidad, dependencia y servicios sociales que están costando el futuro, la salud y la vida a muchas personas?

 

La respuesta oficial es clara: los buenos datos de la macroeconomía se empezarán a percibir pronto en la microeconomía. Quien no acepte esa versión es un “aguafiestas radical” o no puede leer los “buenos datos” por sus “prejuicios ideológicos”.

 

Pero más allá de la macro y la microeconomía, de las servidumbres ideológicas, que siempre son como la paja en el ojo ajeno, el asunto es cuestión de intereses. Y no viene de ahora. Basta mirar la foto que acompaña la reflexión ingenua y extrañada de Juan José Millás en “¿Usted dónde se ve?” para darse cuenta de que no tenemos ni podemos tener los mismos intereses. Que esta diferencia de intereses se traduce en diferencias ideológicas, es decir, en distintas formas de entender la sociedad y actuar sobre ella, que estas diferencias ideológicas se expresan o deberían expresarse, por simplificar mucho la reflexión, en opciones y partidos políticos.

 

Vicenç Navarro lo detalla claramente en “Lo que no se dice sobre el crecimiento de las desigualdades sociales”, que invito desde aquí a leer, compartir y difundir, porque sus análisis no se van a poder leer en los grandes periódicos. La crisis ha aumentado las desigualdades, pero las ha disparado porque nunca como en estos momentos la influencia de los grandes propietarios y gestores del capital ha sido tan grande sobre los Estados y sus gobernantes. Porque la concentración de riqueza no habría sido posible sin la intervención de los gobernantes, con políticas fiscales insolidarias y recorte de gastos. El 10% de la población que controla cerca del 80% de la riqueza está ganando la batalla al 90% restante. Los intereses son diferentes, pero los del 90%  de la población no encuentran quien los represente en el parlamento, donde, por ejemplo, más del 90%  aprobó con nocturnidad la modificación del artículo 135 de la Constitución que perjudicaba claramente a la mayoría. Hay intereses diferentes, hay ideologías diferentes y hay alternativas, pero nuestro parlamento parece secuestrado o vive en convivencia con los intereses de esa poderosa minoría, que luego sabrá recompensarlos. Hasta Joseph E. Siglitz llega en “Estancamiento diseñado deliberadamente” a una misma conclusión: “Existen alternativas. Pero no las vamos a encontrar en la complacencia autosatisfecha de las élites, cuyos ingresos y carteras de acciones una vez más se disparan al alza. Aparentemente, solo algunas personas deberán ajustarse a un estándar de vida más bajo de forma permanente. Desafortunadamente, lo que ocurre es que dichas personas conforman la gran mayoría de la población”.

lanomalia.blog@gmail.com

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