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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Las compensaciones internas del brazo político de los mercados

El PP ha sido y sigue siendo el instrumento necesario para que los poderes económicos y financieros implementen sus políticas económicas neoliberales con la cobertura legal necesaria. 

Ha sido durante estos años su “brazo político” y lo ha hecho con gusto, de forma aplicada y solícita, para ganarse su confianza y dejar claro de forma manifiesta y sin equívocos, ser un servidor fiel, uno “de los suyos”, incondicionalmente. Todos las llamadas “reformas estructurales” necesarias (desde los recortes sociales a quienes más necesitaban la sanidad, la educación, la dependencia; la reforma laboral, el rescate bancario, etc.) se han ejecutado sin parpadear. Por eso, está impaciente, deseoso de apuntarse los tantos convenidos, en este intercambio de favores en que se ha convertido la “alta política europea”. Todo resulta tan “democrático” que, bien mirado, lo sorprendente no es la alta abstención, sino que todavía se siga acudiendo a votar.

 

Claro que el PP se ha visto obligado-compensado a “vender” todos estos sacrificios, en clave externa, como esfuerzos necesarios y transitorios que pronto serían revertidos y tendrían su compensación, y, en clave interna, para los suyos, con el “rearme ideológico” consentido de las contrarreformas educativas y del aborto y con proclamas enfervorecidas, aunque nunca suficientes, de la lucha sin condiciones contra el terrorismo y la sacrosanta unidad inquebrantable de la España imperial, que suelen confundir con la constitucional.

 

En cualquier caso, en el argumentario oficial siempre se recordó que todos los recortes exigidos por la llamada política de austeridad y de ajuste duro, indeseados pero necesarios, más rigurosos de lo que hubiesen deseado por culpa, claro está, de la “herencia recibida”, y  que había que agradecer al “pueblo español”, se verían pronto compensados con creces, cuando las cifras macroeconómicas empezasen a mejorar.

 

Así, tras pregonar hasta el aburrimiento la recuperación desde el segundo trimestre del año, todos esperábamos que Rajoy anunciase en el importante discurso de inicio del curso político en el castillo de Soutomaior en Pontevedra la reversión parcial, si no total, de los recortes. Queda para otra ocasión comentar esta preferencia del PP de empezar su actividad política en Castillos o Monasterios, que no deja de ser significativa.

 

Pero no. Es difícil sacar a este señor, ya sea en plasma o en castillo, de esa tendencia suya (o de sus asesores) a elaborar discursos vacíos de tanto abusar del principio de identidad y proposiciones tautológicas. Así que, nada de acabar con el repago sanitario, incrementar el gasto en sanidad y educación, revertir el parón y profundizar en la ley de dependencia, acabar con la limitación del 10% en la tasa de reposición de funcionarios, acabar de verdad con los desahucios con una nueva política de vivienda, reducir la jornada laboral, proteger a los trabajadores despedidos modificando la reforma laboral, etc. Nada de lo esperable. Nada de lo que realmente nos permitiría creer que estamos en la senda de la recuperación, que podemos volver a vivir con la dignidad propia de seres humanos, que los poderes públicos y las instituciones del estado están para garantizar los derechos y prestar los servicios públicos que necesitamos, que los recortes tienen vuelta atrás, que no vamos hacia un “estado mínimo” que solo facilite la obtención de beneficios a las grandes empresas y el garantice el orden público, es decir, que nadie pueda impedírselo. Se contentó con anunciar para los suyos que “cumpliría su palabra” de hace un año “bajando” los impuestos y abriendo un debate para reformar la ley electoral para “regenerar” la democracia.

 

A estas alturas, resulta más que evidente que la reforma fiscal anunciada no tendrá como objetivo la suficiencia fiscal (que permita recaudar lo necesario para prestar los servicios públicos y garantizar nuestros derechos) ni la progresividad y justicia fiscal (que aporte más quien más tiene), pero tampoco resiste un examen básico si aplicamos una perspectiva de clase o género. En este sentido, por ejemplo, “Reforma fiscal, mujeres y familias” de María Pazos es concluyente, además de muy recomendable.  Y eso que vienen llamando “elección directa de los alcaldes”, que no es otra cosa que la vieja y antidemocrática aspiración del PP de que gobierne la lista más votada, como medida estrella de la regeneración democrática, resulta otro pufo.

 

Sin duda, el PP sufre una confusión interesada y partidista. Está tan convencido que sólo su partido representa los intereses de España, que vuelve a confundir el partido con el estado y cree que solo beneficia a su partido, beneficia también al conjunto de los ciudadanos y contribuye a mejorar la democracia. Y está seguro que esta patraña, difundida masivamente por los medios de comunicación afines, que son casi todos, puede resultar al final convincente y sin fisuras. Como hasta ahora. ¿O ya no?

lanomalia.blog@gmail.com  

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