Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

La indignidad

Debemos a Pico de la Mirandola y a su célebre Oración sobre la dignidad del hombre, la primera reflexión moderna sobre este concepto. Pico nos presenta la dignidad como una cualidad exclusiva del hombre consistente en no disponer de un puesto fijo ni de una naturaleza propia, condición de precariedad, pero que también se expresa como capacidad, necesidad, preocupación (que diría también Heidegger), exigencia, misión e incluso urgencia por lograr un lugar en el mundo, una posición propia dentro de la naturaleza. Pico define este lugar en una escala vertical que va desde lo terrenal a lo celeste y que sitúa al hombre entre la bestia y lo divino. Una condición intermedia que ya exigía de forma natural en Aristóteles para el hombre la constitución de la polis (la comunidad política) como espacio propio de convivencia humana.

No queda claro en Pico si por dignidad hemos de entender esa condición indigente del hombre, pero también de privilegio, de falta de límites naturales y, en definitiva, de libertad, o bien el grado alcanzado en esa escala de dignidad, lo que pondría en el punto de mira no una condición común, cuanto la capacidad de superación, de remontarse sobre las convenciones establecidas, de no elegir lo conveniente ni lo útil, ni lo que toda la gente espera sino de inventar valores propios e inventarse a sí mismo.

 

(Algo semejante a lo expresado por Sartre al afirmar que en el hombre “la existencia precede a la esencia”, o incluso, con la afirmación nietzscheana de que “el hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre”).

 

Lo cierto es que en política ya no vale el dicho de que “no se puede caer más bajo”, porque se puede, ni tampoco es válido el grito del 15M “no hay pan para tanto chorizo”, porque ¡vaya que si lo había! (y lo sigue habiendo- que es más terrible). Estamos en un nivel tan bajo en esa escala de dignidad que, si fuera un termómetro, estaríamos bajo cero, pero en una escala que parece no tener fondo ni cero absoluto.

 

En política, hemos “reestructurado” tanto nuestra deuda en dignidad, y tantas veces, que el cielo está cada vez más alto y la superficie terrestre la hemos situado en un pozo profundo. Nos hemos acostumbrado tanto a esta oscuridad del pozo que nos contentamos con no seguir bajando.

 

Por eso, reservamos el término de indignidad solo para los nuevos perforadores que nos hunden más en esta escala. Ya no hablo solo de corrupción, ni de las mil formas de asumirlas, negarlas, echar balones fuera o dilatar los procesos (más de 10 años ha tardado en sentarse en el banquillo el inefable Carlos Fabra) a la que nos han acostumbrado los partidos mayoritarios, porque el “caso Evo Morales” de este fin de semana constituye un ejemplo paradigmático (por ahora) que no deberíamos echar en el olvido.

 

No solo se le ha negado repostar, sino incluso cruzar es espacio aéreo de algunos países europeos, incluida España, pero no por una certeza, sino tan solo por el rumor de que transportase al “pérfido” Snowden a territorio seguro. Snowden que es el mismo agente “arrepentido” de los servicios secretos norteamericanos por el que hemos sabido, a riesgo de su seguridad y de su vida, como estamos viendo, que los servicios secretos de EEUU no nos trataban a los ciudadanos europeos como aliados, sino como “sospechosos habituales”. Revelar este secreto, esta práctica criminal de los servicios secretos, es lo que lo ha convertido en este mundo al revés en el criminal más indeseable y más perseguido. Sin derecho a asilo, ni a nada.

 

Y las propias víctimas del espionaje, lejos de indignarse con quien ordenó y espió, se someten incondicionalmente a colaborar con el imperio.

 

El caso resulta todavía más sorprendente si lo comparamos con las “violaciones del espacio aéreo” consentidas por los gobiernos europeos con los “vuelos secretos” con que trasladaban a los “presuntos terroristas” (o simplemente “combatientes enemigos”) a ese limbo infame que sigue siendo Guantánamo.

 

Consentimiento que también hemos tenido que conocer por otras revelaciones de secretos oficiales que le están costando la libertad al soldado Manning y a Julian Assange, responsable de Wikileaks.

 

Y frente a eso: ¡cuánta dignidad en cambio en el ofrecimiento de asilo a Snowden de Bolivia, Venezuela y Nicaragua! No me sorprende el enfado de Evo Morales por el trato recibido, pero me sorprende todavía más que no haya recibido, especialmente del gobierno español, ni la más mínima disculpa. A cambio, hemos recibido en otra perforación del suelo de dignidad un trabalenguas de declaraciones del ministro de exteriores, que solo por venir de donde estamos, pueden parecernos “disculpables”.

 

lanomalia.blog@gmail.com

 

 

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