Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Frente a la lógica del poder

La lógica, no sé si toda la lógica posible, pero la lógica que empleamos y con la que argumentamos, es la lógica del poder. La semántica es también la semántica del poder.

Es el poder el que modifica a su gusto el significado de las palabras, lo retuerce, lo invierte y lo santifica. En mis clases no me canso de decirlo. Resulta fácil explicarlo en el caso de “sofista”, que de sabio pasa a significar mentiroso o embaucador; más complicado resulta en el caso de “cínico”, porque no hay manera de dignificar esta corriente que agrupó a moralistas a contracorriente, pero de una integridad moral incuestionable.

 

Y resulta imposible redimir a Diógenes el cínico, quien hacía gala de sabiduría por haberse desprendido de todo lo innecesario, para que ahora dé nombre a un síndrome de incontinencia indiscriminada en la acumulación de lo accesorio y desprendible. No hay manera.

 

Y entre los más terribles de esos retorcimientos imposibles de significado no cabe duda que está el de la “tranquilidad del alma” o la “tranquilidad de conciencia”, el último logro, el más difícil y frágil en el camino hacia la sabiduría, la “ataraxia”, ahora convertido en moneda corriente.

 

Si no, repasen las últimas declaraciones de este personaje que es Rafael Blasco ante los juzgados donde se le juzga, nada más y nada menos, que por desvío y apropiación de fondos de programas de cooperación.

 

Desafiante, como corresponde a la “certeza” que le acompaña, no duda en afirmar su inocencia, no haberse enriquecido en sus más de 30 años como cargo público y, por supuesto, de tener la “conciencia totalmente tranquila”.

 

A Hannah Arendt le corresponde el mérito no solo de haber descubierto la cara más terrible del mal, que es su banalidad, también que esa banalidad no pueda darse sin la necesaria “tranquilidad de conciencia”. Así que, no se engañen y cuando alguien proclame orgulloso su “plena tranquilidad de conciencia”, échense a temblar y salgan huyendo, mientras les quede tiempo.

 

“Tener la conciencia tranquila” lo hemos desenmascarado ahora como uno de los más preocupantes síntomas de los males que asolan nuestra vida pública. Pero no deja de ser un contrasentido, una argumentación imposible, algo que no puede mantenerse por mucho tiempo sin caer en contradicciones. Así que, no debe ser verdad, o simplemente, no es verdad. No hay quien pueda contra esta lógica ni esta semántica dominante.

 

Incluso la gramática es también la gramática del poder. Nos lo advertía Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos diciendo “Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática.” Lo que no deja de ser una confesión desesperanzada para un filósofo proveniente del campo de la filología, que se creía causante de la mayor revolución de pensamiento, dinamita, como le gustaba pensarse, sin más arma que las palabras.

 

No sé, digo, qué tipo de lógica les cabe a los perdedores. Ése era también el problema que preocupó a Walter Benjamin. Porque no les queda otra que pensar su derrota con la lógica de los ganadores, incapaces de dar significado duradero a su sufrimiento, que la semántica implacable enterrará definitivamente como falso. Sufrir sin decirlo, avergonzarse en la “mala conciencia” de un sufrimiento autoinfligido y culpable. Y el silenciamiento. Por eso, hay que tener buen oído para oír lo que no se deja oír.

 

Así, ha podido ser devorado por la actualidad más verdadera el contundente informe de Intermon Oxfam, “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”, sin que haya sido apenas perceptible. Y eso que no lo ha elaborado una peligrosa organización revolucionaria, comunista o anarquista, antisistema, violenta o itinerante, sino una ONG de inspiración cristiana.

 

En el informe se denuncia claramente cómo la excusa de la crisis está sirviendo para aumentar la desigualdad (especialmente en España), cómo 95% de los beneficios obtenidos en esto que llaman “recuperación” han ido a parar al 1% de la población y cómo los sistemas democráticos están secuestrados por los poderes económicos que se sirven de los gobernantes para aprobar la leyes que les beneficien.

 

Hay datos, reflexiones y análisis que confirman que esta es “la otra” realidad y la denuncian sin paliativos como escandalosa. Como es escandaloso el uso “legal” de paraísos fiscales por las 35 empresas del IBEX, o la evasión fiscal consentida a los siete grandes de internet, o la sentencia ganada por EQUO en Salamanca contra el convenio de El Corte Inglés.  Pero nadie puede oírlos ya con el mantra, verdadero por repetido, de la recuperación.

 

Mejor, sin duda, seguir oyendo las no-palabras repletas de significado de quien-no-quiere-decir-nada, porque “no vamos a adelantar acontecimientos”. ¿Quién puede dudar de esta lógica aplastante? Pero, ¿es acaso “aplastante” el adjetivo que mejor le cabe a la lógica?

 

lanomalia.blog@gmail.com

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