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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Esto ya no resiste más, I

Decía Imre Kertézsz en una reciente entrevista que “una crisis como la actual dio pie a la llegada de Hitler al poder. Deberían sonar todas las alarmas, pero no suenan”.

No es solo una crisis financiera o económica,  con todas sus repercusiones ecológicas, se trata también y especialmente en España de una crisis política, institucional y territorial a la que solo ofrecemos un programa de reformas-parches que, hasta ahora no han servido más que para agravar más la situación.

 

Los últimos casos resultan más escandalosos, porque se perpetran a plena luz del día, con luz y taquígrafos, “sin complejos” ni ocultaciones, con un desparpajo inaudito, y sin que pase nada: Rato, imputado por Bankia y responsable de su hundimiento, es contratado como consejero de Telefónica.

 

Un acuerdo extrajudicial permite librar de prisión a altos cargos de Unió Democrática de Catalunya a cambio de devolver los más de 350 mil euros procedentes de subvenciones europeas para parados que “desviaron” a su partido, y de las que privaron a sus legítimos destinatarios, a los que no mataron directamente, pero les hundieron la vida, como si nada. Y Durán i Lleida, curiosamente el político mejor valorado por la opinión pública española, no sólo no piensa dimitir, a pesar de que así lo mantuviese públicamente, sino que ni siquiera reconoce que lo blanco es blanco, es decir, que su partido se financió irregularmente.  

 

Javier Fernández Lasquetty, Consejero de Sanidad de Madrid, e Ignacio González, su Presidente, insisten en privatizar la sanidad de Madrid y pasan por encima de una de las movilizaciones más impresionantes, con paros, huelga indefinida y la dimisión de nada más y nada menos que 322 cargos públicos de 137 centros de salud de la comunidad, sin atender a razones, a sabiendas de las vinculaciones de altos cargos del PP en el Grupo Capio que opta a hacerse con la gestión de la sanidad madrileña. Así que, cuando conocemos que Juan José Güemes, ex Consejero de Sanidad de Madrid y principal impulsor con Esperanza Aguirre de la privatización, es directivo de Unilab, la empresa que se hará cargo a partir de ahora de los análisis clínicos en Madrid, es decir, trabaja para la gran beneficiada del proceso privatizador que él inició, no nos sorprende.

 

Y, por último, la diligencia con la que Ángel Carromero logra su traslado de Cuba y salir de prisión para hacerse cargo de su puesto de “libre designación” como asesor de una concejala del PP para seguir cobrando más de 50 mil euros, frente a los 2450 españoles presos en cárceles extranjeras, en un caso de favoritismo que sonroja. Pero nada.

 

Vivimos en un sistema democrático fallido, que ha propiciado, permitido y amparado bajo su sistema de partidos una corrupción que ya no puede esconderse debajo de la alfombra. El caso Gürtel en Valencia, pero con implicaciones en otras comunidades, incluida, como no, Castilla y León, los ERE irregulares y escandalosos de Andalucía, el “nuevo” caciquismo a la vieja usanza del Presidente a perpetuidad de la Diputación de Orense, la sorprendente “buena fortuna” en repetidos sorteos de lotería con la que blanqueaba sus negocios el también Presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, la denuncia de la Asociación de Inspectores del Banco de España por presuntas “irregularidades” en sus tareas de supervisión de las operaciones de los bancos, de las que Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO para los amigos, era responsable a cambio de un “sueldazo” que le permitía la arrogancia de pedir “trabajar más por menos” a los demás, pero en la que también se llevaba un pellizco de más de 160 mil euros al año el ex Ministro Ángel Acebes, la complicada trama de responsabilidades e incompetencias del Madrid Arena, etc. etc. Es para aturdir.

 

No es de extrañar que, según la última encuesta de El País, el 96% de los españoles considere que existe mucha o bastante corrupción en España y el 95% asegure que los partidos protegen y amparan la corrupción. Aunque la clase política mire para otro lado, “tenemos un problema” de corrupción y muy importante.

 

Y lo mismo ocurre con el modelo territorial, y no solo por Cataluña, las administraciones locales y las provinciales, pero especialmente el propio modelo de construcción europea, que lejos de servirnos para afrontar la crisis, nos asfixia todavía más. Todo parece indicar que esto ya no aguanta mucho tiempo. Seguiremos con ello la próxima semana.

 

lanomalia.blog@gmail.com

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