Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Demagogia o despotismo

Después de varias semanas con el consabido mantra “¿nos han rescatado ya?”, “¿nos han rescatado ya?”, “¿nos han rescatado ya?”, como en una profecía autocumplida, este pasado sábado se solicitó el rescate a través del FROB de la banca privada española.
He estado buscando entre las medidas del programa del Partido Popular dónde decía esto de que en junio solicitaría el rescate de los bancos y no lo he encontrado por ningún sitio. Incluso pone en entredicho las tres fórmulas más utilizadas por Rajoy para responder a todas las preguntas: “es mejor hacer algo que no hacer nada”, “el gobierno hará lo que tiene que hacer” o “tenemos un gobierno que gobierna”. Tengo serías dudas respecto a si solicitar el rescate (que no “línea de crédito”) es mejor que no hacerlo; si esto es lo que el gobierno tenía que hacer en el sentido de cumplir con sus obligaciones con los ciudadanos o lo que tenía hacer en el sentido de que lo quedaba otra (con lo que no necesitaríamos gobierno), y, desde luego, ya no resulta tampoco claro que tengamos un gobierno que gobierne o un gobierno que deja que le gobiernen.

Lo que sí es evidente es que este tipo de decisiones requerirían más legitimidad que la mayoría absoluta parlamentaria, que Rajoy debería entender que esta decisión excede, por su gravedad y repercusiones, el marco de sus competencias y de la capacidad de decisión delegada que le confirió la soberanía popular en las últimas elecciones. El viejo Kant también soñaba con esto: Soñaba con que las decisiones importantes, como una declaración unilateral de guerra, en una constitución republicana, es decir, democrática, excedían las competencias de la soberanía delegada, que es el gobierno, y que deberían tomarse de forma soberana a través de una consulta popular. Así, pensaba que, si esas decisiones tuviera que tomarlas el pueblo y no las élites gobernantes, las guerras serían cosa del pasado.

De ahí, que sea tan importante evitar siquiera esta posibilidad, tildarla de demagógica y asumir despóticamente que el pueblo soberano no está capacitado para entender estos problemas y menos aún para poder decidir lo que le conviene. La sola posibilidad de consulta le costó el cargo a Papandreu en Grecia y ahora mismo están en un amaño electoral repitiendo las elecciones hasta que por fin el pueblo entienda lo que tiene que votar y salga el sí, al modo del diálogo de una película americana que recordaba Zizek en Bienvenidos al desierto de lo real, en el que una “chica le pregunta a su novio: “¿Quieres casarte conmigo?” “¡No!”. “¡Deja de evitar el tema! ¡Dame una respuesta directa!”. En cierto sentido, la lógica subyacente es correcta: la única respuesta directa aceptable es “¡Sí!”, de modo que cualquier otra incluida un “¡No!” rotundo, constituye una evasión”.

Si los ciudadanos que han perdido su empleo o su vivienda preguntaran dónde estaba el estado cuando lo necesitaron, la respuesta sería hoy la misma que entonces, del lado de la banca y de los poderosos. De forma que no solo va a haber todo el dinero que se necesite para Bankia (que al fin al cabo son amigos), sino para todos los que lo necesiten. Y como ni el gobierno ni el estado, que somos todos, tienen dinero para cubrir semejante agujero negro generado por la burbuja inmobiliaria, la misma burbuja en la que los bancos asentaron durante años sus multimillonarios beneficios, y tampoco pondrían solicitarlo ni se lo concederían en los mercados financieros es por lo que pide rescate a Europa. Y así, de paso, el gobierno elude la responsabilidad de los nuevos recortes, porque ahora sí que estarán en el memorándum que exija Bruselas o estarán exigidos para ajustar de nuevo el déficit que significará hacer frente a un préstamo del 10% del PIB.

Y esto solo el primer peldaño en el descenso hacia el abismo. No hay nada en este asunto de solidaridad, ni de reforzamiento del euro ni, por supuesto, nada que resulte beneficioso para Europa, ni menos aún para España, como nos pretendió convencer un optimista Rajoy. Y todo se hará, no ya sin consulta popular, sino sin haya una sola respuesta a las preguntas fundamentales “¿por culpa de quiénes hemos llegado a esta situación?”, “¿por qué vamos a asumir todos el rescate de los bancos?” y “¿cuánto y qué consecuencias sociales llevan aparejadas y cuánto más sufrimiento van a provocar?”.

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