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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

De reformas y chantajes

En estos días de mayo se cumple el 2º aniversario de los acontecimientos que hicieron girar la política de Zapatero ante la presión de los mercados financieros y los rumores de una posible intervención. La decisión del entonces presidente de gobierno, que iniciaba la senda de los recortes y le costaría las elecciones al PSOE, ha sido analizada esta semana en varios medios de comunicación. Y, para mi sorpresa, ese giro es interpretado ahora positivamente y se ensalza a Zapatero por haber sabido rectificar su política para evitar la quiebra.

Sin salir de mi asombro, escucho también a Bernardino León explicar cómo Zapatero, sin embargo, sufrió el acoso de los especuladores financieros y que fueron ellos quienes le hicieron doblegar por la fuerza e imponernos acometer las reformas y recortes que los mercados exigían. En este mismo sentido escribía Juan José Millás su columna Chantajes el pasado viernes. De ser así, la alternativa no sería reformas o quiebra, sino reformas o democracia. Por eso, creo que Zapatero habría mostrado más valor si hubiese dimitido entonces y hubiese convocado elecciones, trasladando así la decisión a los ciudadanos. Eso sí hubiese sido estar a la altura de los tiempos.

Quien sin duda no parece estar a esa altura es Juan Ignacio Wert con sus últimas declaraciones. Había demostrado dominar con soltura los registros de la demagogia, el desconocimiento y la ignorancia y ahora los amplia con los de la frivolidad y falta de respeto. Presentar unos recortes que minan la línea de flotación del sistema escolar como ajustes que mejorarán su eficacia y que no representan un retroceso es mentir. Porque, si de verdad se cree lo que dice, entonces sí que se me habrían acabado los adjetivos con este hombre.

Es posible que tengamos más políticos y más cargos de confianza de los que podemos pagar, más universidades, aeropuertos y trenes de alta velocidad de los que necesitamos, pero no tenemos el sistema sanitario ni el sistema educativo que necesitamos y, menos aún, al que aspiramos y queremos. Los problemas de uno y otro se habían hecho crónicos, y necesitaban soluciones urgentes. Y esos problemas, tanto los sanitarios como los educativos, están en la cabeza de todos, aunque ahora queramos mirar para otro lado. Y es ahí donde debería volcarse la inversión, no recortarla, donde debemos contratar a profesionales cualificados y bien remunerados, es ahí donde debemos concentrar nuestra investigación y nuestros esfuerzos colectivos como país. Es ahí donde se fragua la verdadera inversión productiva, la que reducirá el desempleo, mejorará la capacidad recaudatoria, nos abrirá una expectativa de progreso, desarrollo y bienestar social y mayores cotas de justicia social.

Así que, el ministro Wert insulta nuestra inteligencia al decir que el rechazo a los recortes en educación obedece a un juicio de valor equivocado e incompresible, o mejor,  a un prejuicio, y que somos incapaces de entender la necesidad de las reformas. Porque nosotros sí que entendemos la necesidad de las reformas en sanidad y en educación, pero no de éstas que ahora se nos imponen, que no solo no resuelven los problemas, sino que directamente van en sentido contrario. Y precisamente porque, a diferencia del señor Wert sí que conocemos bien la educación, sabemos que las medidas propuestas, si llevan a cabo, harán imposible conseguir los objetivos educativos que nos habíamos marcado como país, que será imposible una educación comprensiva de calidad si aumenta el número de alumnos por aula, las horas lectivas de los profesores y no se cubren las bajas. Que si teníamos la tasa de abandono escolar temprano más elevada de Europa y nuestros alumnos no llegaban a los niveles de los países más desarrollados, nada de eso podrá mejorarse, sino que empeorará y retrocederemos a niveles ya superados hace décadas. Por tanto, que las reformas que hay que hacer en educación y en sanidad son radicalmente distintas de las que se están proponiendo, lo sabemos todos, menos el señor Wert. Eso sí que es algo que todos los ciudadanos podemos entender.

Y esto es lo que los ciudadanos expresan (más allá de la radicalización antidemocrática) en cada uno de lo comicios electorales que se suceden desde el inicio de la crisis: Que no estamos de acuerdo con estas reformas-chantaje. No es tanto que los procesos electorales tumben a los partidos en el gobierno, es que apoyan y apoyamos las opciones que no vayan en la línea de recortar y disminuir los servicios y los derechos, sino de reformas que los profundicen y los amplíen. Y en esta clave hay que entender los recientes resultados electorales en Grecia y Francia.

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