Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Cuando lo público y los ciudadanos son el problema

Con el paso de los días, se va confirmando que el “descuido” del también llamado Antonio Moreno, responsable de la policía y de las cargas desproporcionadas contra estudiantes valencianos, se ha convertido en “metáfora”: Si un jefe de la policía puede considerar a los manifestantes como “enemigos” sin necesidad de rectificar, no es de extrañar después que el gobierno llegue a tratar a sus ciudadanos no solo como culpables de la situación económica, sino también como peligrosos enemigos a los que hay que derrotar plenamente para lograr “su” salida de la crisis.
No es una cuestión ya de si nos hemos vuelto locos; no se trata ya de mantener y no enmendar de manera incompresible medidas claramente erróneas; desde esta nueva perspectiva y tomadas en su conjunto, las medidas económicas adoptadas por el gobierno del PP van perfilando cada vez más claramente la silueta de una ideología neoliberal y neoconservadora que no sólo recela del estado, sino que lo considera poseído y tomado por peligrosas fuerzas izquierdistas. De ahí, que no se trate para el PP tanto de adelgazar el estado (siguiendo la receta liberal clásica) cuanto de derrotar y desalojar a las fuerzas ciudadanas (lo que en su lenguaje quiere decir simplemente izquierdista) que ahora lo ocupan.

De otra forma es imposible entender el desprecio y las descalificaciones a los profesionales de la RTVE: Se trata del recelo delirante e injustificado de todo lo público, si no está inscrito en una red clientelar o sujeto a una cadena de mando. Lo público y los ciudadanos son un problema y hay que acabar con ellos por su propio bien.

No bastaban ni cinco ni seis millones de parados, era necesaria una reforma laboral que pusiera negro sobre blanco la perversión intrínseca de todo parado. Por eso, las prestaciones por desempleo no son un derecho, sino una traba, un elemento nocivo que introduce rigidez en el mercado de trabajo al posibilitar que un parado pueda rechazar una oferta de empleo, cualquiera, aunque sea en Laponia. Solo la indefensión y desprotección plena del trabajador ofrece la deseada flexibilidad en el mercado. Convertido al trabajador en culpable de su situación de desempleo, en enemigo de sí mismo, desarmados los sindicatos como garantes de derechos laborales, puede entenderse la fórmula feliz con la que el PP ganó las elecciones: Lo primero, el empleo. Es decir, que ningún trabajador pueda rechazar ninguna oferta.

Y no creo que nadie tenga ya dudas tampoco al respecto de quienes son los culpables y los enemigos de la sostenibilidad de sistema público de salud, porque resulta notorio que son los enfermos, especialmente, los crónicos, los pensionistas y los inmigrantes. Por eso, es necesario recobrarles los servicios médicos o farmacéuticos o excluirlos para que no abusen ni se dediquen al turismo sanitario.

Que quienes se hayan cargado el cuarto pilar del estado del bienestar sean los propios dependientes queriendo anticipar su propia dependencia no creo que necesite tampoco mayores aclaraciones. Por no hablar de las mujeres, a las que nuevamente habrá que proteger contra sí mismas de esa “violencia estructural de género” que establecen los lobbies feministas para garantizarles el verdadero derecho, que es el “derecho a la maternidad”, como Dios y la Santa Madre Iglesia mandan.

Y así hemos llegado también a identificar los verdaderos enemigos del sistema educativo: unos profesores vagos que se niegan a completar un horario lectivo, que ya quisieran para sí muchos otros trabajadores, y unos alumnos que no se esfuerzan lo suficiente y que se creen con derecho a cursar estudios universitarios sin recursos. Suerte que la “pedagogía del esfuerzo” (esa de la que son ejemplo todos los dignos miembros de los distintos consejos de dirección de grandes empresas), una subida de tasas y una reducción de becas podrá corregir esta situación.

Y, para cerrar el círculo (por ahora), habrá que perseguir a los grandes defraudadores del estado que son, como de todos es bien sabido, los defraudadores en la prestación de desempleo y los funcionarios que, como su propio nombre indica, fingen bajas para no ir a trabajar.

Espero haber dejado bien claro que, para esta ideología neoliberal, la única que no está trasnochada y la única verdadera, según Esperanza Aguirre, son los ciudadanos los únicos responsables de esta crisis y es a ellos a los únicos que hay que perseguir y castigar. Y, encima, ni siquiera se dan cuenta que es por su propio bien ni lo agradecen. Lo siguiente, fijo, será prohibir la reunión, la manifestación y el voto. Si no, no hay manera.

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