Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Contra la amnesia y la ilusión

En estos tiempos difíciles que vivimos, donde la torpeza de nuestros dirigentes es tal que ninguno llega al aprobado, donde la entrevista a un presidente de gobierno no tiene una audiencia más que discreta, se impone como obligación moral mantener viva la memoria y denunciar las falsas quimeras.

Y debe hacerse como ejercicio diario: Leer y releer sin descanso los obscenos correos y sms de los “amiguitos del alma” de la Gürtel en Valencia agradeciendo sus regalos, los subidos de tono y crecidos por la espuma del éxito de Urdangarin, los minuciosos apuntes contables en b de Bárcenas en justa recompensa a la indemnización por su despido en diferido con retención simulada, el intercambio de favores por cuenta ajena del cortijero Blesa en CajaMadrid, etc. He aquí un plan de lectura para escolares y extraescolares que haría subir sin duda no solo la competencia lectora, sino democrática. No se nos debe olvidar la catadura moral de estos individuos, la seguridad y complicidad de quienes se sienten superiores e impunes y la caprichosa y obscena utilización de lo público en su beneficio.

 

Pero tampoco debemos caer en engaños. Resulta más fácil y llena de esperanza y consuelo los oídos decir que “estamos saliendo de la crisis” que enfrentarnos a la cruda realidad que imponen las cifras del paro o los nuevos de recortes exigidos por Bruselas para pasar del 5,8% del déficit al 4,2. Lo cierto es que se ha impuesto la “ilusión” de concebir la crisis como un paréntesis. Han bastado los “sacrificios humanos” que han supuesto los recortes en sanidad, educación, dependencia, derechos y regulación laboral, etc. ante el todopoderoso dios que son los Mercados, para conseguir mágicamente atraer a los fondos buitre internacionales. “La crisis pasará y todo volverá a ser como antes”, se nos dice.

 

Pero nada volverá a ser como antes, que nadie se engañe, porque ya no puede ser como antes. Porque los recortes no son ni serán temporales. Nadie espere recuperar lo perdido: la paga extra, el poder adquisitivo, la jornada laboral, la categoría profesional, las condiciones laborales, el trabajo, la vivienda, la familia o la vida. Se fue para siempre. De hecho, esos “sacrificios” los ha vendido la derecha como necesarios para mantener el “estado de bienestar posible”. Porque el “estado de bienestar” anterior era imposible. Los recortes a la mayoría son y serán permanentes porque son la condición necesaria para aumentar la tasa de beneficio de la minoría.

 

Pero conviene enfocar bien el problema. Porque en la quimera de la “crisis paréntesis” también ha sucumbido buena parte de la izquierda. De ahí, que no remonte ni pueda remontar cabeza. Porque hasta ahora nos ha vendido la resistencia a los recortes como una lucha por recuperar el “estado del bienestar conseguido”. Y este tenue matiz aparente entre lo posible y lo conseguido, que es grande, no obstante, en calidad y condiciones de vida, ha ocultado e impedido un análisis de la crisis que acertase a comprender su profundidad y extensión, pero también las posibilidades de transformación de un “sistema injusto y criminal”, según palabras del propio Papa Francisco.

 

Pero, si resulta obvio para todos que nada volverá a ser como antes, no tiene sentido mantener la quimera de la “crisis paréntesis”. Pero lo obvio como lo diáfano es muchas veces difícil de reconocer. Incluso Zubiri llegó a caracterizar la filosofía como “visión violenta de lo diáfano”. De ahí que, junto a mantener fresca la memoria, haya también que desmontar la ilusión. La cuestión está en saber si, una vez reconocido que nada volverá a ser como antes, queremos que todo vuelva a ser  como antes o no. Si fuese así, como mantiene la izquierda alternativa, ha llegado el momento de sumar fuerzas para renunciar definitivamente a la conservación de los restos del estado de bienestar, en una guerra que ya tenemos perdida, de reagrupar efectivos y hacernos fuertes en Kamchatka para volver a conquistar el mundo con objetivos más ambiciosos que conservar lo que nos queda. De lo contrario, habremos perdido la brújula y seguiremos celebrando como victorias (que lo son, pero pírricas) la huelga de basuras de Madrid o la retirada del proyecto de privatización de hospitales públicos, lo que no es más que una retirada temporal de la ofensiva.

 

Y, como ya es 11 de febrero, que es una fecha importante para mí, sobre todo, después de la declaración como imputada de un miembro de la casa real, termino recordando las palabras que pronunció Castelar otro 11 de febrero de 1873: “Nadie ha acabado con ella [la monarquía parlamentaria], ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria.”

lanomalia.blog@gmail.com

Comentarios

chico 11/02/2014 20:19 #1
aburres querido Antonio, pero mucho mucho

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