Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Así no, y con los tijeretazos presupuestarios, menos

A veces, las palabras tienen vida propia. Les ocurre que, de tanto abusar de ellas, de tanto retorcer su significado llegan al límite, estallan en la cara y devuelven explícito el sentido latente que pretendía ocultarse. Así, invariablemente, aun cuando se empeñen en seguir utilizando “ajuste” todos leemos sin más “recortes”, y la rectitud moral que implica el uso y abuso de “austeridad” se ha vuelto sin matices simplemente “empobrecimiento”, etc. Parece que la crisis ha afectado también a la semántica y las palabras se quedan mudas, huecas de significado o se declaran en rebeldía.
Si los recortes previos a las a los presupuestos generales del estado se justificaban o trataban de legitimarse en el sostenimiento del estado del bienestar, el tijeretazo de los presupuestos, sin la coartada ya de las elecciones andaluzas, se ha quedado mudo, sin legitimación posible en valores, derechos o proyectos de futuro. Los recortes se presentan sin más: ¿Por qué? Porque son necesarios. ¿Para qué? No hay respuesta, no se habla ya del estado del bienestar. Nada. Silencio.

Es importante resaltar este enorme vacío al que nos abocan estos presupuestos. No es seguro nada, ni nada está garantizado o pretende garantizarse. El futuro, con estos presupuestos que nos llevan por el camino de la recesión creciente, es tan incierto como oscuro.

Los presupuestos, en este sentido, en el sentido de proporcionar medios para salir de la crisis o, por lo menos, vislumbrarla, son tan malos que no le gustan ni al gobierno que los presenta, ni al mismo Rajoy, que ha dicho que son muy malos.

De ahí, que no se salven en estos presupuestos ni los objetivos, ni la tramitación, ni los medios ni las consecuencias.

El objetivo fundamental y prácticamente único como sabemos es la reducción del déficit hasta el 5,3% para este año 2012. Pero el problema de la crisis no es la deuda (ver) ni los gastos (ver), sino los ingresos (ver). Por tanto, lo que expresan de forma palmaria estos presupuestos es el interés del gobierno, no por salvaguardar el débil estado del bienestar español, sino reducir de forma drástica el gasto público, sencillamente porque es gasto público y les parece excesivo o innecesario, aunque estemos a más de 7 puntos de la media europea (32,9% frente al 40,2% de la Europa de los 17). El objetivo presupuestario viene dictado, por tanto, por una fe inquebrantable en la más pura ortodoxia neoliberal que se asume como dogma único y no atiende ni responde a las necesidades de los ciudadanos.

Que esto es así, resulta más claro si analizamos el propio proceso de tramitación. Mientras el gobierno discutía los presupuestos en Consejo de Ministros, el señor De Guindos, Ministro de Economía, estaba en Bruselas rindiendo cuentas a la Comisión Europea. Así, no es de extrañar que las únicas enmiendas que haya aceptado este gobierno de Rajoy, un gobierno que dispone de mayoría absoluta, no lo olvidemos, son las que le han presentado el FMI y los “mercados financieros” en la subasta de la deuda. Ni Rajoy ni De Guindos tienen previsto explicar los nuevos recortes exigidos a los diputados, ni a los ciudadanos.

La legitimidad de los presupuestos no viene del respaldo social, sino de los mercados financieros y sus agentes. Cualquier parecido con procedimientos mínimamente democráticos es pura coincidencia.

Con todo, lo más grave, aparte de la regularización o amnistía fiscal prevista de la que ya hemos hablado, son los destinatarios de los recortes previstos. Sin entrar en educación y sanidad de los que hablaremos otro día, resulta especialmente sangrante que se reduzca la partida destinada a servicios sociales básicos. Mientras el colectivo que depende vitalmente de estas ayudas ha crecido el 39% en los últimos años, el recorte en esta partida que antes atendía a 6,7 millones de personas significa que solo se podrán atender a 3,4 millones, con lo que la mitad prácticamente de los posibles destinatarios se quedará sin protección del estado; se reducirá también drásticamente el número de centros sociales, comedores, pisos tutelados, la ayuda a domicilio, etc.

Y las consecuencias son claras: Resulta indudable que estos presupuestos nos conducen invariablemente a una recesión que significará el empobrecimiento de amplios grupos de población en una espiral difícil de romper.

Rajoy insiste: los presupuestos son malos, pero necesarios, hay que tener fe en este nuevo credo neoliberal y habrá que esperar al 2013 o al 2014 para que se noten sus efectos y la economía remonte. Lo que denunciamos es que a muchos esta recuperación les llegará demasiado tarde.

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