Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Amnistiar el fraude, castigar la honradez

Adela Cortina, por quien no me presenté a un examen para escuchar una conferencia sobre Kant hace ya unos años, reflexionaba este domingo en La leyenda del empresario excelente sobre dificultad y la necesidad de encontrar modelos de empresarios excelentes en estos tiempos en que parecen atribuirles, no sin desconfianza, un importante papel en la salida de la crisis. Y la desconfianza aumenta al crecer su peso en la contratación y la definición de las condiciones laborales y salariales en esta contrarreforma laboral elaborada al dictado de la más pura ortodoxia neoconservadora.

Si necesario es contar, según Adela Cortina, el relato del empresario excelente, no menos necesario es, desde mi punto de vista, contar este otro relato también verídico de Gerardo Díaz Ferrán, un empresario tan eminente que llegó a ser presidente de los empresarios y, en ese sentido, portavoz, espejo y modelo reconocido por sus propios compañeros, del buen hacer empresarial.

Según la Administración concursal de sus empresas, solo han podido encontrar 317 ‚Ź en sus cuentas y un salario de 736 ‚Ź brutos, que cobraría como administrador de la Sociedad de Estaciones de Servicio Díaz Álvarez. Indican que la falta de colaboración ha sido exagerada. Por eso, la acusación particular mantiene que Díaz Ferrán y su socio Gonzalo Pascual, han llevado a cabo €œun deliberado, sistemático, doloso y perfectamente planificado proceso de alzamiento y ocultación apresurada de sus bienes personales.€(Ver). Con modelos así, querida Adela, va a ser difícil rehabilitar la imagen del empresario en España.

Y el problema no es sólo Díaz Ferrán. Es que estamos ya acostumbrados a que ocurra esto. Todavía no se me ha olvidado que con Mario Conde, ese gran banquero otrora y ahora comentarista de prestigio de la caverna, una situación parecida. Así que, no me extrañaría ver a Díaz Ferrán tener que recurrir a las tertulias televisivas y compartir mesa con el banquero. Y tendremos que escuchar de viva voz y con el respaldo moral de sus ejemplos, cuál es su valoración de la actitud de los sindicalistas y los trabajadores en una Huelga General.

Ni siquiera unos administradores concursales bien capacitados serán capaces de descubrir más en las cuentas de este eminente empresario aunque dediquen años, como tampoco los inspectores de Hacienda lograron aclarar el entramado de las cuentas suizas del señor Botín. Así que, ya hemos dado por sentado que es imposible subir los impuestos a las grandes fortunas. Si alguien lo propone, inmediatamente es tachado de iluso. No podemos hacer que paguen más, no porque no tengan más, sino porque no podremos descubrirlo, se marcharán, lo trasladarán a otros países o lo ocultarán en paraísos fiscales. Así de simple.

Pero si esta forma de proceder nos parece a muchos (y nos debería parecer a todos) injustificable y perseguible (no sé si tanto como para elaborar una lista pública de estos sinvergĂźenzas, como en su día se propuso para los pederastas), lo que no podemos hacer es en ningún caso ponérselo fácil.

Y eso es lo que ha hecho el gobierno del PP al proponer una amnistía fiscal para los defraudadores de Hacienda, amnistía con la que pretenden recaudar 2.500 millones de euros haciendo aflorar 25 mil millones de dinero negro. Y no es que tengamos declaraciones de Rajoy y Cospedal rechazando este tipo de medidas por injustas o considerándolas como una ocurrencia (Ver en el blog de Ignacio Escolar), es que se presentan en unos presupuestos que contienen el mayor tijeretazo de la democracia, junto a recortes importantísimos en educación, en sanidad, en servicios sociales, en aplicación de la ley de dependencia, es decir, en servicios que son imprescindibles y vitales para tantos y tantos y ciudadanos, y que son los verdaderos ciudadanos de primera, los ciudadanos que deberían ser el objetivo prioritario de la acción de gobierno de cualquier gobierno democrático.

Pero, Âżpara quiénes gobiernan estos señores?, Âża quiénes tienen en su punto de mira? y Âża quiénes quieren complacer? Se castiga la honradez para beneficiar a los corruptos. Incomprensible. Sigo estando convencido de que había razones suficientes para la Huelga General, y así lo expresó la ciudadanía de forma masiva en las manifestaciones, que hay otra salida más justa y más social a esta que nos quieren imponer y hacernos ver cómo única, y que hay que continuar movilizados en la calle hasta conseguirlo.

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