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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

¿Ingreso de Turquía en la UE?

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Hablar de Europa en estos momentos no es un tema que despierte curiosidad o atractivo. Cada vez es mayor el número de euroescépticos e incluso de antieuropeos. Nosotros mismos, los españoles, hemos pasado de ser uno de los pueblos más entusiastas del proyecto europeo a ser uno de los más antieuropeos. Pero conviene que nos preguntemos por qué.

 

En política casi nadie tiene la valentía de asumir responsabilidad. Cada uno de los estratos suele echar la culpa al estrato superior. Los alcaldes echan la culpa a las autoridades provinciales o autonómicas. El déficit de las autonomías –vulgarmente despilfarro autonómico- se debe a que el Estado no les da suficiente dinero. Y si nuestra industria o nuestra agricultura no es competitiva la culpa la tiene Bruselas.

 

No nos podíamos imaginar que ahora que ya están dentro de la UE casi todos los países es cuando más bajo está el barómetro del optimismo por una UE. Pero curiosamente esta falta de ilusión por un proyecto que nos ha propiciado a los europeos varias décadas de paz –que no es poco- coincide con ese pesimismo frente a la política y a los políticos nacionales.

 

Y es que la raíz del mal de Europa y de España es la misma. No, no son los refugiados, ni los emigrantes y ni siquiera las multinacionales, con todo el paro que han causado con sus deslocalizaciones, ni tampoco la corrupción. La raíz de todos los males de España y de Europa tiene un nombre “política despótica de los partidos políticos”.

 

Puede ser que unos políticos y unos partidos sean más corruptos que otros, pero ningún partido político  ha hecho lo más mínimo por que hubiera unas leyes y unos controles que hubieran hecho prácticamente imposible la corrupción. Ningún partido ha hecho lo más mínimo por que haya un funcionariado independiente y de calidad que sirva de control a la corrupción y al despilfarro. Ningún partido político ha hecho nada porque la UE en lugar de la ampliación hubiera luchado por una mayor Unión y una mayor democracia. Las últimas ampliaciones no han contribuido tampoco a un bienestar de los europeos, han ampliado el mercado, pero han reducido el sueldo, y la mayoría de los ciudadanos no han salido beneficiados. Ha primado lo económico sobre lo social.

 

No, Turquía no debe entrar en la Unión Europea. No, no son motivos religiosos, ni siquiera culturales en los que me baso. Es que desde hace ya 20 años no debería haber habido ninguna nueva adhesión. La UE se ha vuelto ingobernable. Pronto vamos a ser unas Naciones Unidas Europas, en las que estemos todos, pero que no sirvan para nada. Tenemos una UE en la que imposible entenderse y la que cada país busca sus propios intereses. No hemos sido capaces de integrar los países balcánicos, ¿cómo vamos a integrar a Turquía?

 

Es peligroso, por tanto, que se les ofrezcan falsas expectativas a los ciudadanos turcos. A cambio del trabajo  sucio que la UE le ha encargado a Turquía con los refugiados les estamos haciendo unas promesas imposibles de cumplir y que no beneficiarían ni a los europeos ni a los turcos. Hay otras formas de colaboración y de apoyo a Turquía más eficaces quizás que la adhesión. El ejemplo lo tenemos con Marruecos.

 

Prescindo del hecho de que solamente una parte muy pequeñita de Turquía pertenece a Europa, y este es uno de los requisitos para el ingreso, prescindo también de la presión que está haciendo Estados Unidos para que Turquía entre en la Unión Europea -y no precisamente por el bien de los europeos o de los ciudadanos turcos-, olvidémonos de que cualquier Estado miembro de la UE puede impedir la entrada de otro y de que la división de la isla de Chipre es un escollo prácticamente insuperable para Turquía, pero es que dudo muy mucho de que la Turquía actual cumpla uno solo de los requisitos para entrar en la UE: ideal democrático, deseo de participar en la obra común europea, cierto nivel económico y social y respeto de los  derechos humanos.

 

Claro que si hay países que con los refugiados se han atrevido saltarse alegremente todos los derechos habidos y por haber, claro que si hay tantos derechos que se están pisoteando en otros países miembros y en España ¿por qué habría de ser un impedimento para Turquía la violación de los derechos humanos?

 
¿Colaboración con Turquía? Sí y cuanto mayor, mejor y en todos los campos, pero falsas promesas no.

 

Félix de la Fuente Pascual, Presidente de CILUS, Ciudadanos Libres Unidos

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