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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

¿Catalanes no-independentistas? Haberlos, haylos

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Los no-independentistas catalanes callamos, no porque estemos de acuerdo con la situación actual o porque no nos atrevamos a hablar, sino porque no sirve de nada gritar ante unos gobiernos centrales y unos políticos que lo han tolerado todo

Tras varias décadas de  auténtica “omertá” en Cataluña, parece que al gobierno le empieza a preocupar lo que pueda pasar por estos lares. Durante larguísimos años los catalanes no independentistas –un 50% aproximadamente  en toda Cataluña y un 70 % en Barcelona-  no hemos existido ni para los gobiernos catalanes ni para los gobiernos centrales, y a veces, lo que es bien triste, ni para los demás ciudadanos españoles.

 

¿Vamos a creer ahora en las promesa del señor Rajoy de que él va a hacer cumplir la Ley, cuando la Ley se viene incumpliendo en Cataluña desde hace ya muchos años con el consentimiento de todos los gobiernos centrales? Si alguien protestaba, “tú eres un españolista, un nacionalista español”. Si recurrías ante el Parlamento Europeo o la Comisión Europea, “estas son cuestiones internas” respondían.

 

Después, el Parlamento Europeo votaría a favor de la inmersión lingüística en Cataluña, a pesar de que, según él, se trataba de una cuestión interna (con el único voto en contra del PP, honor a la verdad, de todos los europarlamentarios españoles). Si denunciabas ante esos organismos de la UE la competencia desleal que supone el que los periódicos nacionalistas estén recibiendo millones a manta de parte de la Generalitat en detrimento de los periódicos independientes, te daban la callada por respuesta, cuando al parecer el principio de la libre competencia es el único que rige en una Unión Europea que está perdiendo su carácter social y se está limitando a los intereses mercantilistas.

 

Si gritabas ante la opinión publica española que con dinero de todos los españoles se estaban fomentando las ideas independentistas y el odio a todo lo que suena a español, la reacción era nula. Podría continuar en esta línea toda una semana. No me meto en el terreno de la educación o de las denuncias a los comerciantes que en Cataluña rotulan o hablan en español, porque eso ya lo he vivido en el Berlín comunista.

 

Solamente quiero decir, como colofón, que ha habido un partido político muy pequeño, cuyo nombre no quiero decir, que ha pedido al Rey Juan Carlos y también a Felipe VI que retirara el título de “Grande de España” al presidente de un periódico que estaba y está haciendo apología del independentismo. ¿Sabéis cuál ha sido la  respuesta? Simplemente no ha habido respuesta. ¡Grandes de España luchando por una España pequeña y dividida!

 

¿Vamos a creer en una España asimétrica federal que nos propone Pedro Sánchez, cuando ni el mismo nos sabe explicar  en qué consiste esto y después de que el partido socialista ha sido uno de los principales culpables de la deriva democrática de Cataluña?

 

Los no-independentistas catalanes callamos, no porque estemos de acuerdo con la situación actual o porque no nos atrevamos a hablar, sino porque no sirve de nada gritar ante unos gobiernos centrales y unos políticos que lo han tolerado todo. Simplemente no creemos en ellos, a pesar de que los tengamos que votar, porque votar a independentistas sería aún peor.

 

¿Un asunto puramente catalán? Que nadie se haga ilusiones. Este asunto es tan vuestro como nuestro. Vuestro, porque también vosotros lo estáis creando y también vosotros lo estáis sufriendo.  Sois vosotros los que también habéis votado a unos partidos nacionales que conscientemente nos han estado ignorando.

 

No, la baja calidad democrática que tenemos en España nos afecta a todos. La división de la sociedad catalana es reflejo y producto de la división y enfrentamiento de los partidos políticos españoles. Los partidos de la oposición no tienen por misión hacer de “verduleras”  en el Parlamento (que disculpen las vendedoras de verduras), y los partidos en el gobierno deberían  responder ante todos los ciudadanos, antes que ante las respectivas cúpulas de  sus partidos.

 

¿Vamos a esperar mucho de otros partidos que pretenden cambiar la sociedad sin que ellos cambien nada? ¿De unos partidos que van a fomentar la democracia sin que ellos tengan democracia interna? “Nadie da lo que no tiene”, dice el proverbio latino. ¿Podemos esperar mucho de otros partidos políticos que toleran y consienten que muchas familias se vean privadas de lo más elemental mientras las subvenciones a los partidos políticos han aumentado este año en un 70%?

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